Francisco Javier Acuña
Francisco Javier Acuña

Dicen los enterados que la influenza no es porcina o inhumana, sino humana, plenamente humana, empero lo que sí ha quedado fijo es que se trata de la “gripe mexicana”. El brote súbito derivó en pandemia –se propaga veloz– y ha desatado reacciones imprecisas y correcciones inútiles a los daños causados por el estigma adjudicado como origen a la nación azteca.

Como cuando la “gripe española”, que mató a millones, sembró pretextos para una nueva leyenda negra que –junto a otras y posteriores razones– mantuvo a España apestada de Europa hasta 1978, cuando llegó la democracia.

Lo que debemos temer –como país– es resultar apestados. Si los daños de la epidemia persisten y se vuelve una suerte de endemia (la cual equivale a que la peste se instale de modo indefinido), esta mala racha desmoronará el prestigio salubre del sitio (y vaya que somos un pueblo de baño diario, mas de hábitos alimentarios cuestionables). Eso dañará especialmente al turismo más que los estragos que nosotros mismos, por ignorancia, indolencia inculta e impunidad hemos causado al patrimonio universal que tenemos confiado (centros históricos como el de Zacatecas, ríos muertos, playas naturales con manantial de drenajes, vestigios de bosques y manglares).

Maldita la costumbre de acusar: la fiebre de Malta (brucelosis) fue descubierta en esa isla mediterránea; la fiebre del Nilo occidental y la encefalitis japonesa son lo mismo, pero se culpa a lugares distantes.

La atribución de enfermedades a grupos étnicos causó discriminación racial. Así, la infravaloración a los negros acentuada en la América hemisférica obedeció a los males que los africanos trajeron consigo y que eran insoportables para los blancos y los aborígenes prehispánicos. La malaria y el dengue se sumaron a las que llegaron en los barcos ultramarinos y que pronto diezmaron a los indios americanos. Acaso en Europa el desprecio a los negros estuvo más asociado a la incomprensión falaz que al color (al fin eran esclavos procedentes de Nubia o Abisinia); en cambio, el rencor hacia los bárbaros de Asia, los mongoles o los sarracenos y/o los turcos fue más un sentimiento de impotencia por las constantes guerras e invasiones.

Infames han sido las imputaciones nacionalistas al respecto: la sífilis fue para los italianos morbo francés, mientras que para los galos fue morbo italiano. Y más hoy en el siglo XXI, cuando vivimos en una era en la que la única raza es la humana, porque el mundo es mestizo y, aunque lo dudemos, global. Fatalmente global.

Mientras afuera nos huyen, el aislamiento se siente venir: nos niegan intercambios aéreos y nos desinvitan a eventos internacionales. Acá, los amargados de siempre ya inventaron que esto es una farsa, una vil estratagema del gobierno estadunidense para salvar a los laboratorios. Habráse oído tan criminal sandez. La única manera de reconducir el chahuistle que nos ha caído es demostrar rigor y cuidados para superar con orden y limpieza el paso del vendaval y las secuelas de la sarna internacional.

Sin embargo, hubo lecciones de diplomacia inteligente. China defendió la reputación de su país al respecto (se le atribuía la gracia de la influenza porcina), pero mandó un fuerte donativo al pueblo mexicano; otra muestra de afecto fue la que tuvo el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, y, a su modo, también míster Obama ha sido amable en cuanto reconoce que esto es un problema común y no sólo de los del otro lado.

En cambio, los del entorno latinoamericano exhibieron de qué están hechos los lazos de la utopía bolivariana. El primero en avisarnos que le teme a nuestra gripe fue el dictador cubano. Que retiren sus aviones. Ojalá que venga el viento y nos alivie a nosotros de la influenza y del desprestigio al que nos han confinado (inclusive los “cercanos”) y a los cubanos los libere de esos abominables hermanos, cada vez más viejos, más volubles y más insanos.

fjacuqa@hotmail.com


Nuestros lectores comentan

  1. PUES DE ESO SE TRATA DE EVITAR MILES DE MUERTES, Y ESO INDICA QUE LOS PROGRAMAS EPIDEMIOLOGICOS FUNCIONAN