La corriente estructuralista del desarrollo representa un gran esfuerzo teórico por responder a la incógnita de cómo se produce el desarrollo desde el punto de vista económico y social. Una parte importante de las ideas que soportan este pensamiento se encuentran en los trabajos de Paul Baran, Gunnar Myrdal y Fernando Henrique Cardoso, el primero con un enfoque marxista, el segundo con una vertiente más institucional y el tercero con un elemento capitalista.
El estructuralismo sostenía que las economías de los países de América Latina debían ser vistas desde una óptica de estructuras, como parte de un todo.
Las economías eran entes separados que, a su vez, estaban integrados sin orden alguno, sin cohesión, y debían ser analizadas como un conjunto de sectores separados, cada uno de los cuales tenía un papel particular en el sistema global legado por el dominio de las economías capitalistas dominantes. Para cambiar esto se debía pensar en una nueva solución política: seguir un programa nacional de industrialización que cambiara los patrones económicos vigentes.
Gunnar Myrdal, uno de los pensadores estructuralistas, sostenía que una diferencia crucial entre las naciones avanzadas y las naciones pobres era tener un Estado fuerte o un Estado débil. Con un Estado fuerte, las naciones más avanzadas tenían la posibilidad de desarrollar políticas nacionales de gran alcance, aprovechando las ventajas comparativas con un enfoque de disminución de desigualdades regionales al interior de los países.
Myrdal observó que una de las debilidades principales del Estado en la nación menos desarrollada es que es una institución de y para los estratos sociales superiores; en síntesis, parece que las clases políticas dominantes han sido la bisagra que ha permitido la cohesión entre capitales oligárquicos locales y capitales extranjeros que han perpetuado y desarrollado arreglos institucionales cuyo resultado más evidente son las asimetrías económicas y, en consecuencia, el mantenimiento de la sociedad en la mediocridad.
La clave en Myrdal es, sin duda, lo que él llama “actitudes e instituciones”. Las instituciones vigentes son, en gran medida, una explicación del atraso interno. Las instituciones disfuncionales no permiten el desarrollo económico, pues limitan que se disminuyan las asimetrías entre las clases altas y los pobres al no admitir, como se señaló arriba, una mayor equidad en el ingreso.
Con este antecedente es claro que Zacatecas tiene instituciones políticas que han perdurado a través del tiempo y que han logrado mantener el status quo de muchas generaciones políticas, pero también el advenimiento de nuevos actores con ideas retrógradas, llenos de ignorancia y con mira política corta.
Las instituciones, y particularmente lo que nosotros llamamos las instituciones políticas subyacentes en las ideas de Myrdal, son componentes fundamentales de los procesos de desarrollo que vivieron los países latinoamericanos. Las instituciones políticas, sin lugar a dudas, permitieron el alumbramiento y/o avance de bases para la praxis política. Traición, deslealtad, simulación, mercantilismo político y otras prácticas son el común denominador en Zacatecas.
En teoría, el gobierno en sí, no el Estado, tiene la capacidad de influir en la redefinición de marcos normativos (en el corto plazo) y de marcos institucionales políticos en el desarrollo (particularmente económico) de las naciones. En consecuencia de lo anterior, cada cambio que se promueve en el gobierno con miras al desarrollo requiere de una serie de condiciones institucionales para que pueda tener el efecto esperado, pues, de lo contrario, estaría destinado al fracaso.
Es por eso que Zacatecas no cambia: los partidos están estancados, muchas áreas de gobierno viven en el pasado y en la inoperancia, en la ineficacia; las organizaciones o asociaciones civiles no tienen capacidad de ser un puente positivo entre sociedad y autoridades, y se pierden en el marasmo de la inutilidad y el compromiso con las formas sociales y políticas que dominan. Ni modo, no podemos avanzar. Los vicios están muy consolidados.
“Actitudes e instituciones”. ¿Cuál es nuestra actitud política, social, de cara al próximo año? ¿Cómo podemos visualizar las posibilidades de participación para cambiar lo que nos constriñe, lo que nos frena, lo que nos inmoviliza, pero nos usa para reproducir el sistema caduco y estéril? Como dicen por ahí, “por eso estamos como estamos”. Pero las cosas pueden y van a cambiar.
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