¿Qué significa la palabra ciudadano?

Dice el diccionario Grijalbo: Un ciudadano es un miembro de una comunidad que, por los derechos que ésta le concede, está obligado a cumplir determinados deberes.

En años no muy lejanos, con razones plenamente válidas, se creó una imagen de parcialidad en los órganos electorales; esto hizo que amplias capas de la población cuestionaran la validez de las elecciones y la naturaleza de nuestra democracia.

Los partidos diferentes al PRI en ese tiempo eran sólo oposición, pues rara vez ganaban las elecciones en algún municipio y tenían representantes en los Congresos únicamente por la vía que ahora se llama plurinominal.

Desde los espacios en que podían participar, denunciaban sistemáticamente, a veces con razón, otras sin ella, abusos de los órganos electorales que eran apéndices de los Poderes Ejecutivos federal y estatales.

En el PRI siempre han existido los hombres sensatos, éstos hicieron eco de esa circunstancia no deseable y se propiciaron diversas reformas políticas que modificaron las reglas de nuestra democracia.

Así, se realizaron cambios a nuestras leyes, quedando en el espíritu de las nuevas la respuesta a la demanda del pueblo de tener órganos electorales imparciales que garantizaran el triunfo de quien lo hubiera obtenido legal y legítimamente.

Así llega el término “ciudadanización”, que se aplicó a los órganos electorales.

En ese concepto se concentraba la expectativa de contar como árbitros en las elecciones a personas en pleno uso de sus derechos y con los conocimientos, la capacidad y los principios éticos necesarios para cumplir con un deber fundamental: la imparcialidad.

¿Qué pasó en el camino?

Sucedió que a esos cargos se les asignaron elevados salarios y considerables prestaciones, lo que hizo que fueran altamente interesantes como fuente de ingresos.

Los órganos electorales se convirtieron en entidades de servicio público que requieren un elevado financiamiento para su operación.

Sucedió también que muy pocos estuvieron dispuestos a favorecer esa imparcialidad de los órganos electorales: los gobiernos no resistieron la tentación de controlarlos para estar en condiciones de influir en sus decisiones y, por la misma razón, los partidos buscaron hacer lo propio.

Así, se dieron condiciones para que los integrantes de los consejos electorales, para poder acceder a esos cargos, tuvieran orientaciones predeterminadas hacia intereses específicos.

Siendo el entorno marcadamente adverso a la tan necesaria imparcialidad, el único valladar que en algunos casos ha tenido esta deformación es la solidez de los principios de los consejeros y el grado de aprecio que éstos tengan por su prestigio personal.

Lamentablemente, se ha generado ya la percepción de que, en muchos casos, esos consejos son colectivos de arbitraje integrados por elementos parciales e inclinados mayoritariamente a la orientación gubernamental y no a la verdad y a la justicia.

Ése es el caso del estado de Zacatecas, la percepción que existe en muchas personas con quienes he intercambiado opiniones sobre el tema es que nuestro órgano electoral, por la forma en que quedó constituido, es en realidad una extensión del Poder Ejecutivo del estado, sin poder descartar, desde luego, que podrán darse excepciones en el ejercicio de su encargo.

Es el problema de la incongruencia, cuando desde la oposición se reclama, con razón, ser tratados con imparcialidad, y cuando se es gobierno, se hace corregido y aumentado aquello que tanto se combatió.

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