Me felicito
Enrique Laviada
Viernes 12 de marzo de 2010
Al final del sexenio se repiten los reconocimientos al gobierno de Amalia García, uno tras otro, hasta lograr una salida vistosa, elegante y digna.
Para eso vino el español Manuel Guedán, representante de un organismo internacional de apoyo técnico a la cumbre de jefes de Estado de América Latina, quien no escatimó en palabras de admiración hacia la gobernadora y a su ejemplar gestión.
De lujo.
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El gesto de satisfacción de La Señora (así le dicen), complacida por las palabras de Guedán, era inocultable y nos daba cuenta del sentido y alcances de aquella frase de “me felicito” con la que Amalia sorprendió al público, muy al principio de su administración.
Para entonces, todo parecía quedar reducido a una especie de pifia o curiosa forma de la nueva titular del Ejecutivo para referirse a sí misma o a lo que pretendían o lograban los demás; no quedaba completamente claro.
Ahora, sin embargo, sabemos que se trata de algo mucho más complejo y podría configurar un extraño caso de soberbia incontenible y repelencia a la crítica.
De sobra.
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Por cierto que el afable Manuel Guedán había visitado, primero, al gobernador de Aguascalientes, Luis Armando Reynoso, a quien dirigió su correspondiente reconocimiento, aunque en su caso, referido con mucha mayor puntualidad a sus logros en materia educativa y de intercambio académico, cultural y tecnológico con varias naciones.
En las actividades programadas con el distinguido visitante estuvieron presentes y participaron activamente representantes universitarios y personalidades de la cultura.
De fondo.
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Al reunirse con la gobernadora García, en cambio, todo parecía estar dispuesto para el lucimiento personal de la mandataria y para resaltar sus “grandes aportes” a las políticas públicas para la justicia, el bienestar, la equidad de género y el correspondiente y bien conocido etcétera.
Es más, prometió instalar en Zacatecas un “Conversatorio” (cualquier cosa que eso signifique) para abrir un diálogo entre especialistas y distinguidos personajes de todo el mundo.
Esto quiere decir que Guedán nos dejó constancia de que es posible hablar en un sitio de lo concreto y en otro de lo abstracto, sin inmutarse ni mediar explicación alguna.
Es más, fue el propio Guedán el encargado de dirigir palabras de consuelo a la gobernadora García cuando era bombardeada con preguntas incómodas en la correspondiente rueda de prensa. “Así pasa en todo el mundo”, le dijo, mientras le tomaba del brazo con dulzura.
De colección.
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En esa ocasión, La Señora (así le dicen) evadió por enésima vez la responsabilidad de manifestar su punto de vista en torno a los temas que podrían tener, para ella, consecuencias negativas, sobre todo en tiempos electorales.
Se sabe de cierto que cualquier gobernante tiene el legítimo derecho a cerrar la boca para evitar el paso de las molestas moscas, pero en el caso de Amalia García no deja de causar una cierta lástima o pena ajena.
Sobre todo por la sencilla razón de que, fuera del estado o en el extranjero, es un tanto difícil que deje de hablar, reseñar, explicar, documentar, analizar, cuestionar, por todo lo cual, desde luego, se felicita.
De lejos.
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Acertijo:
Todo lo demás puede esperar.






