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México.- La Revolución Mexicana fue una de las más fotografiadas de la historia del siglo XX y en opinión de numerosos expertos, fue la iniciadora del fotorreportaje, cimentando las bases para la organización de corresponsales para los medios informativos tal y como hoy la conocemos.

Durante el estallido del movimiento armado, el fotorreportero Jack Ironson, de periódico International, quien realizaba diversas notas sobre deportes mexicanos, recibió un telegrama de sus editores.

“Deje de hacer quites a las pelotas y comience a hacérselos a las balas de los revolucionarios”, decía.

El desarrollo de la cámara fotográfica y la Revolución, coincidieron históricamente en el momento justo para hacer de éste uno de los principales temas de fotógrafos, como los hermanos Casasola; y de cinefotógrafos como Salvador Toscano o Sergei Eisenstein.

No obstante, una gran parte de las fotografías fijas del movimiento armado no serían capturadas por fotógrafos nacionales, sino extranjeros como Gerald Brandom, Robert Dorman, W.A. Willis, Jimmy Hare, Edgard Larocque Tinker, Homer Scott, William Heartfield, Víctor Kuber y Karl Halm, entre muchos otros.

Los editores convirtieron a la Revolución Mexicana en el primer gran suceso visual de la era de las revoluciones modernas, afirmó el investigador Mauricio Tenorio Trillo.

Él ha realizado diversos trabajos donde se muestra que en todos los periódicos del mundo circulaban imágenes que daban cuenta de los campesinos armados, la destrucción de vías férreas, la vida cotidiana de las familias que viajaban en las caravanas, los hombres a caballo entrando a la Ciudad de México y tomando café.

Tenorio Trillo coincide con otros especialistas en que este movimiento armado fue de gran atractivo para los fotógrafos porque aconteció después de las guerras coloniales en África y Asia.

“La fascinación de los intelectuales y de muchos reporteros internacionales con los zapatistas, es ejemplo de ese estímulo adicional que volvió aún más visible a los ojos del mundo este movimiento. Sumemos a ello los paisajes exóticos y la violencia revolucionaria que fascinaron lo mismo a Hugo Brehme que a Eisenstein”.

Mencionó que los fotoreporteros de la Revolución Mexicana, a menudo, fueron los mismos que cubrirían la Revolución Rusa, dejando un legado de centenares de imágenes.

“Poco a poco se fue creando un estilo propio para la fotografía de la Revolución, desde las fotos fijas a veces perfectamente posadas de Villa o de los zapatistas, hasta las imágenes más dinámicas y vanguardistas de las batallas”, expresó.

“Había una violencia porosa, con espacios de violencia guerrillera, violencia callejera y violencia militar”, adujo.

Mencionó que el público internacional de la época quedó sorprendido ante las fuertes imágenes de fusilamientos, de destrucción de elaborados puentes y elegantes haciendas, así como collages de oficiales ‘dandys’ y políticos en medio de tropas con sombreros de ala amplia, soldado y soldaderas rodeadas de niños, caballos, comales, tortillas, santos y vírgenes.

“Las tropas revolucionarias estaban perfectamente al tanto de la importancia de las cámaras. De ahí, como ha mostrado Alan Knight en contra de John Hart, no muchos intereses internacionales fueron afectados y en realidad pocos fotógrafos y reporteros extranjeros perdieron la vida en las batallas mexicanas”, comentó.

Sobre las técnicas y los equipos que se utilizaron durante el movimiento, la especialista Laura González Flores dijo que para 1910 ya se habían popularizado en México las cámaras con sistemas mixtos adaptables tanto a placas como a película de varios formatos.

“Durante el periodo revolucionario predominó entre los fotógrafos profesionales el uso de placas de 5×7 pulgadas. Este formato podía imprimirse directamente en papeles fotográficos como Azo y Velox, disponibles en el territorio nacional para imprimir foto postales de 8.6 x 13.7, de este modo se garantizaba que el negativo tuviera la definición requerida para los periódicos de la época”.

González Flores explicó que fue gracias a estas placas, aunado a los obturadores rápidos y las ópticas luminosas, lo que creó la retórica visual de la revolución con nubes de humo o ráfagas, caballos a pleno galope, los batallones moviéndose y los soldados cayendo por efecto de una bala.

“Independientemente de la cámara en las fotografías de la Revolución se percibe el propósito de lograr la sensación de participación por parte del espectador. En el caso del fotógrafo Walter Horne su cámara portátil le permitió colocarse lado a lado con los soldados en las trincheras”, recordó.

Por su parte, la investigadora Claudia Canales mencionó la famosa fotografía donde aparecen Pancho Villa y Emiliano Zapata juntos, el primero sentado en la silla presidencial y el segundo con gesto adusto.

La reproducción de esa imagen a partir de los años 20, producto del paulatino proceso de iconización mitificadora de ambos personajes fue abrumadora.

En cambio, dijo, no se dispone de testimonios visuales de la firma de los tratados de paz de Ciudad Juárez que pusieron fin al régimen de Porfirio Díaz, ni tampoco del cuerpo sin vida de Francisco I. Madero.

“Así como muchos grandes momentos de la historia revolucionaria transcurrieron de espaldas a las cámaras, no todo lo que ocurrió frente a estas necesariamente ha pasado a la historia, o más exactamente, al panteón sagrado de la historia oficial”, concluyó Claudia Canales.


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