Diálogo, ¿para qué?
Enrique Laviada
Miércoles 11 de agosto de 2010
A lo mejor usted, impaciente lector, recuerda los tiempos en los que La Señora (así le decían) pregonaba por todas partes su vocación de diálogo.
En aquel entonces se abrieron mesas y se fomentaron encuentros intelectuales y se convocó a emprender un esfuerzo plural e incluyente para transformar al estado.
El partido de todos era Zacatecas, se dijo.
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Pues todo eso termino en una enorme farsa sexenal. Se desmoronó la imagen previa de Amalia García y queda como una marca en su trayectoria eso de que una cosa es hablar y otra muy diferente es hacer o lograr lo que uno se propone.
Al término de su administración, la todavía titular del Ejecutivo no se muestra dispuesta a dialogar con nadie más que sus amigos de la palestra nacional y los muy pocos seguidores que conserva en el plano local.
Con otros… ¿para qué?
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Como La Señora (así le decían) espera, quizá con más ansiedad que nadie, el término de su suplicio-mandato; la verdad sea dicha, tiene muchas menos razones que antes para iniciar una comunicación abierta con la sociedad zacatecana.
En los momentos en que el presidente Calderón anuncia un diálogo nacional para abordar el tremendo problema de la inseguridad, aquí, a la gobernadora García encarga a Díaz Casas o a Rivera Villa la misión de hacer el ridículo en su lugar.
De ese modo es como nos hemos enterado tardíamente, por cierto, de los ínfimos recursos dedicados a combatir a los grupos delictivos en la entidad.
Para el gobierno actual lo importantes es que… “seguimos siendo una de las lugares con menor grado de inseguridad”, sobre todo si se nos compara con Ciudad Juárez.
Pero buen cuidado han tenido esos mismos funcionarios (seguramente también por encargo) de ocultar que somos uno de los estados con mayor índice de denuncias dirigidas a la zona militar.
Y suponen que a nadie deben rendirle cuentas, ni caso tiene establecer contacto con los actores políticos de la entidad ni con los grupos sociales… ¿ya para qué?
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Pero lo más increíble, lamentable, alarmante o como usted impaciente lector prefiera calificarlo, es que Amalia García ha decidido no establecer ningún diálogo o comunicación formal con Miguel Alonso… ¡hasta que el Tribunal Electoral no resuelva las impugnaciones en su contra!
Leyó usted bien.
Pareciera que se trata de hacer tiempo (supongo que nadie con dos dedos de frente supone que se puede anular el triunfo de Alonso) para eludir responsabilidades y heredar más problemas que soluciones.
Leyó usted bien.
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Acertijo:
Pronto iniciará el largo viaje del olvido.






