Brasil
JOSÉ DE JESÚS REYES RUIZ BUSTAMANTE
Viernes 19 de noviembre de 2010
La semana pasada escribimos sobre Venezuela, hoy nos ocuparemos de Brasil, que ostenta el liderazgo de los países emergentes no sólo de América Latina, sino del mundo entero, y que junto con la India, son considerados como los que tendrán la participación más importante en la economía de la década que apenas inicia al parejo de los países llamados desarrollados.
Sobre Brasil y sus exitosas circunstancias, bien vale la pena comentar lo que fue noticia de primera plana en los medios nacionales de comunicación, sobre un grupo de legisladores de diferentes partidos políticos, que habían propuesto entrevistarse con uno de los personajes involucrados en el éxito económico, político y social del país que tomó el liderazgo que alguna vez tuvo México, sobre todo a mediados del siglo XX.
Se trata de Roberto Mangabeira, profesor de la Universidad de Harvard, quien fue el primer ministro de Asuntos Estratégicos en la historia de su país y a quien Lula da Silva le encomendó el desarrollar un proyecto de un Brasil entrando de lleno al futuro.
Fue esto lo que hizo que se le conociera al Sr. Mangabeira como “el ministro de las ideas”.
Los ejes centrales de su propuesta nos dicen mucho sobre lo que aquí y ahora podría provocar el cambio, sus recomendaciones son esencialmente cinco:
Innovar en el andamiaje institucional, romper con los corporativismos sindical y empresarial, acotar los monopolios y modernizar la educación.
Pero también plantea la democratización de la economía del mercado, la búsqueda de alternativas profundas a las políticas sociales compensatorias, y aceptar (para el caso mexicano) de una vez por todas, que lo que está acabando con nuestro país no es el crimen organizado, sino la falta de empleo y de oportunidades, esto es realmente la causa, el crimen organizado no es más que la consecuencia.
Ahora bien, no faltará el iluminado que piense que contratando al Sr. Mangabeira las cosas en nuestro país pueden caminar mejor, y la realidad no puede ser más diferente, el adjudicarle todo el éxito a este personaje es restar la visión de Lula para impulsar el cambio en su país.
Resulta absurdo, por decir lo menos, pensar que los cambios que se han logrado no sólo en el Brasil sino en muchos otros países de América Latina son el resultado de algún asesor económico, por brillante que éste sea. Si el recientemente fallecido, el presidente Kishner de Argentina pudo pagar la deuda externa y sacudirse la influencia del Banco Mundial o del Fondo Monetario Internacional, no fue por la ayuda de algún premio Nobel de Economía, si Ecuador ha logrado armar una constitución que es hoy por hoy ejemplo en el mundo entero, y el punto de partida para la modernización de un país antes inundado de corrupción e impunidad, no fue el producto de asesores de ningún tipo.
Si Nicaragua ha logrado salir del analfabetismo que nuestro país no ha logrado superar después de cien años de la gesta revolucionaria no fue por los consejos de algún personaje ilustrado de alguna de las universidades de la Ivy League norteamericana. Si Venezuela ha logrado reducir la inequidad en un treinta por ciento mientras que en nuestro país se ha duplicado, ha sido a contracorriente de todos los esfuerzos de Washington para obstaculizar el progreso de ese país latinoamericano.
En este punto tendríamos que reconocer la enorme diferencia entre nuestros tecnócratas que han dirigido los destinos de nuestro país, los de su economía y por ende de todo lo demás, durante los últimos veinticinco años, liderados por Salinas de Gortari y preparados en universidades de primer nivel como la Universidad de Chicago, Harvard o Yale y que ahora cargan, o más bien nos hacen cargar con el más profundo de los fracasos tanto económico como social. En contraste, un obrero, carente de toda preparación profesional, pero lleno de un gran entusiasmo, con un gran liderazgo y un compromiso con las clases más marginadas de donde emergió, ha logrado, él, no sus asesores, lo que ahora conocemos como el milagro brasileño. Es decir, la respuesta es muy clara, la solución está en la izquierda a la que no se ha dejado gobernar en nuestro país, y es la izquierda la única que puede impulsar el cambio, no necesitamos de personas egresadas de universidades norteamericanas. Uno de los grandes vicios de nuestra historia es tratar de hacer las cosas siguiendo los caminos de nuestros vecinos del norte, poseedores de una idiosincrasia total y absolutamente diferente a la nuestra.
Mangabeira es al fin de cuentas un hombre de izquierda que sirvió al gran liderazgo de Lula, ambos rechazaron lo que ellos llamaron la corriente vendida del pensamiento, la que acepta un mercado salvaje que intenta, sin lograrlo, humanizar sus manifestaciones, ellos dos, pero principalmente Lula, entendieron que es el mercado y nada más que el mercado lo que hizo revivir la lucha entre el capital y el trabajo.
La propuesta de Lula, no de Mangabeira, es la de “reconstruir el mercado y reorientar la globalización con un conjunto de innovaciones institucionales”.
Me queda claro; que no es un asesor, por maravilloso que sea, lo que salvará a este país del desastre, es el viraje a la izquierda lo que nos permitirá retomar la esencia de la revolución mexicana, la lucha por la justicia social, por la equidad y en contra de la corrupción y la impunidad.






