Fátima Sánchez/ntrzacatecas.com
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Zacatecas, Zac.- Apenas se abre la puerta, se asoma el bastón que acompaña los frugales pasos de un hombre de 83 años de edad, la amabilidad lo caracteriza, pues a pesar de que en la rocola el volumen de la canción “Ya lo pasado, pasado” no permite cruzar palabras claras, nos invita a entrar en un espacio más silencioso.

Antes de hablar se acomoda el sombrero y los tirantes que sostienen su pantalón impecable. “Ahora sí, dígame ¿de qué quiere hablar? ¡Ah sí!, de este recinto; bueno, de este lugar”, se corrige así mismo.

“No ha cambiado de nombre, ni de lugar desde 1895, ha sido guarida de mineros, barreteros, gambusinos, militares de alto rango y hasta de Juana Gallo, que por aquí nació”, así se expresa don José Guerra Jacobo, quinto dueño de la cantina El Retiro.

Son impresionantes la formalidad, las atenciones y el respeto que en todo momento se refiere a quienes se encuentran a su lado; aspectos que pudieran no ser comunes en quien atiende un sitio de esta naturaleza.

Continúa platicando que la cantina ya existía desde antes de la Revolución Mexicana y que no está seguro de quién fundó, sólo recuerda que era un hombre de apellido De la Luz, después pasó a manos de los Barrón, el último de estos Antonio Barrón Meledres se la vendió en 1951 por 25 mil pesos.

“Por aquí pasó el general Pancho Villa, pero no entró a la cantina porque era abstemio”, comenta a modo de chascarrillo don José.

En aquel tiempo, recuerda, la finca abarcaba hasta la esquina del la Fuente de los Conquistadores y había un letrero en la puerta con la leyenda: “prohibida la entrada a los menores de edad, militares uniformados y mujeres”.

Según don José había alrededor de 40 cantinas, pero poco a poco fueron desapareciendo, ahora en todos los negocios se vende alcohol, sin embargo, revela que el secreto de su negocio es “la atención al cliente y los bajos precios”.

Defiende a El Retiro, que no sabe el por qué del nombre, como un lugar de esparcimiento que lo mismo atendió a gambusinos, que a los actuales comensales, como a Don Madaleno que yace en la barra lanzando disparates ante las cámaras, como buen borracho inofensivo.

El cantinero de la barra, Yoshua Adán Mendoza Magallanes, enseña algunos de los objetos originales de la cantina, entre ellos una caja registradora, cascos de mineros y la contra-barra.

A pesar de su juventud, no deja de mostrar respeto hacía don José, al que día a día le sirve una copa de whisky o coñac antes de comer, y sólo para hacerlo renegar, intenta darle una segunda copa, la cual rechaza todo el tiempo.

Después don José coloca su bastón a un lado, demostrando que adquirió ese negocio para servirle a la gente unos tequilas en la Cantina El Retiro.


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