La privatización avanza, la nueva refinería no

“Nunca olvides tu historia ni tu destino”

Bob Marley

La viabilidad de México como nación independiente y soberana ha estado, está y estará por un largo periodo vinculada al petróleo. La economía y las finanzas nacionales son impensables sin los hidrocarburos. Es por ello que el tema tiene la sensibilidad de una cuerda de violín.

Zedillo, Fox y Calderón, sucesivamente, intentaron modificar los artículos de la Constitución que determinan la propiedad exclusiva del Estado sobre el petróleo y las riquezas que de él emanan y la prohibición expresa de la intervención privada en los procesos de exploración, explotación y comercialización de hidrocarburos.

Sus intentos fracasaron por la falta de capacidad para consensuar sus iniciativas con el Poder Legislativo y por la decidida oposición de amplios sectores de la población, desde especialistas y académicos, hasta organizaciones sindicales, campesinas y en general de la llamada sociedad civil.

Así se puso de manifiesto en 2008 cuando Calderón lanzó una intensa –y costosa– campaña publicitaria para convencer a los mexicanos de la necesidad de permitir la intervención extranjera para sacar el famoso “tesorito” de las profundidades de las aguas nacionales.

En acertada respuesta, el Senado de la República convocó a los Foros de Debate para la Reforma Energética. Del 8 de mayo al 22 de julio de aquel año se realizaron 22 foros por los que desfilaron 162 ponentes que expusieron las más diversas posiciones y propuestas. El rechazo a la privatización fue aplastante y se puso en evidencia que la supuesta “reforma energética” no era sino un parapeto para la privatización de Pemex.

Todo concluyó en 2009 con la derrota de la intentona privatizadora y un conjunto de reformas a la paraestatal para “sacarla de su crisis financiera” y la decisión de construir una nueva refinería para acabar con la absurda y costosa importación de gasolina.

Luego, en 2010 –desde el 20 de abril y hasta el 5 de agosto– ocurrió el catastrófico derrame petrolero en una de las perforaciones de la British Petroleum en el Golfo de México, que es precisamente una de las empresas interesadas en sacar el “tesorito” mexicano de aguas profundas. Ambos eventos obligaron al repliegue táctico de los privatizadores, el horno no estaba para mixiotes.

Pero el sexenio se acaba y el tiempo apremia para cumplir compromisos y renovar apoyos. Los privatizadores volvieron al ataque sorpresiva y apresuradamente. Adelantándose al pronunciamiento de la Suprema Corte respecto a la controversia constitucional presentada por la Cámara de Diputados, el consejo de administración de Pemex arrancó la licitación de los llamados “contratos integrales para exploración y producción” con el beneplácito de las trasnacionales.

Rogelio Gasca Neri, el único de los integrantes del consejo de administración de Pemex que votó en contra de los contratos incentivados, declaró: “yo no puedo avalar contratos que desde el principio consideré que eran anticonstitucionales”.

Curioso que el anuncio se haga precisamente cuando los precios del petróleo se han disparado al alza debido a los conflictos en el Medio Oriente, particularmente el de Libia, lo que hace timbrar alegremente las cajas de Pemex. ¿Adónde se están yendo esos cuantiosos ingresos adicionales? Misterio.

Mientras tanto, la nueva refinería (que estaría terminada en tres años y ya van dos) sigue dormida en las gavetas burocráticas. Es obvio que no existe la menor intención de construirla y ninguno de los partidos que la aprobaron se interesa en exigir y rendir cuentas. Se trata de mantener hundido a Pemex para justificar la intervención extranjera.

Cuando se trata de defender la soberanía nacional en serio, el señor Calderón y sus defensores esconden la patriótica bandera en que se envuelven en casos como el de la francesa Florence Cassez o del embajador gringo, Carlos Pascual.

Nadie ignora el valor estratégico de los hidrocarburos. Tanto que no se pueden cerrar los ojos ante el hecho de que todos los conflictos del Medio Oriente, donde todas las potencias tienen metida su patita –o patota–, giran en torno al petróleo. Eso hace inexplicable y por demás sospechosa la insistencia en abrir el negocio petrolero a las trasnacionales.

Quienes aspiran a la presidencia en 2012 están obligados a fijar su posición al respecto. O están a favor de privatizar la industria petrolera, como instruyen el Fondo Monetario Internacional y los organismos financieros internacionales. O se comprometen a acatar los ordenamientos constitucionales y poner a Pemex en la vanguardia de una revolución educativa, científica y tecnológica en México y de un desarrollo nacional con soberanía y equidad.

En esta encrucijada, la propuesta de sustituir los espots publicitarios por debates políticos y programáticos cae como la lluvia en el verano.

Cheiser: Mientras la aerolínea brasileña TAM anuncia la compra de 34 nuevos aviones (32 Airbus A-320 y dos Boeing 777) por un monto de 3 mil 200 millones de dólares para expandir su oferta local y mundial, en México el gobierno y los empresarios anuncian el derribo de Mexicana, la mayor y más antigua aerolínea del país. Es el precio de la estupidez de “seguir por el mismo camino”.

Los comentarios se han cerrado.