René Fernando Lara Cervantes
René Fernando Lara Cervantes

Las fiestas decembrinas están en puerta, nos encontramos a escasos días de la celebración de la Navidad, el Año Nuevo y el Día de Reyes. Esferas de vivos colores, árboles de Navidad con escarcha y relucientes estrellas en la punta, adornos luminosos y los típicos nacimientos comienzan a inundar, como los pastores raudos y presurosos, las calles de las ciudades, hogares, centros comerciales y pequeños negocios.

Una época con marcada estacionalidad y entiéndase ésta como una brusca variación en alguna variable respecto a su comportamiento normal. Por ejemplo, en el caso de las celebraciones decembrinas, el consumo y el ingreso de los trabajadores se disparan a niveles superiores al promedio del resto del año a través de aquella ansiada compensación: el aguinaldo.

Se sospecha que el origen del aguinaldo se remonta a una antigua tradición pagana de procedencia celta; a su vez, hay evidencia de que en el extinto Imperio Romano se rendía culto a los dioses Apolo y Saturno para encomendarles las cosechas.

Tradicionalmente se intercambiaban regalos para motivar la ocurrencia de hechos positivos y esperar un mejor mañana; según relata Publimetro. Si nos apegamos a la historia, en términos generales el aguinaldo puede ser considerado como un regalo, o legalmente, como una obligación.

En México, desde 1970 adquirió ese estatus: la Ley Federal del Trabajo establece que el patrón entregará una bonificación no inferior al monto del sueldo quincenal y se pagará en la primera quincena de diciembre. Para muchos mexicanos que laboran en la economía formal, esa gratificación representa muchísimas cosas; más allá de la compra de regalos y las cenas típicas de esta temporada a consecuencia de sus bajos ingresos.

Sin embargo, no a todos les va mal, y es que hay aguinaldos hasta de 6 dígitos, privilegio sólo de 1 por ciento de los mexicanos, la élite burocrática.

Enrique Galván Ochoa, en su columna “Dinero”, reporta los ingresos anuales, en millones de pesos, de funcionarios como el presidente de la Suprema Corte, quien percibe un ingreso de 5’892,778; el presidente de la República, 4’207,644; los senadores, 2’709,051; los diputados, 1’918,840; el presidente del IFE, 4’124,880 y el presidente del Inegi, 3’312,868, información obtenida de documentos de la Cámara de Diputados.

Estas cifras representan el ingreso anual bruto, sin descontar aún los impuestos, aunque en realidad no merman mucho el ingreso final percibido por la élite burocrática. Basados en esta información, podemos imaginar la estratosférica cantidad que estos funcionarios reciben, año con año, por concepto de aguinaldo. El portal de Noticias MVS difundió los datos divulgados por el diputado federal del Partido del Trabajo (PT) Gerardo Fernández Noroña, donde las cifras son sorprendentes; Felipe Calderón se llevará de aguinaldo 360,752 pesos, cada secretario de Estado, 358,768; el presidente de la CNDH, 343,281; cada senador de la República, 234,975; cada diputado federal, 198,257; el magistrado presidente del Tribunal Electoral recibirá 480,429; el ministro presidente de la SCJN obtendrá 479,690 y el secretario general del Senado, 463,707 pesos.

Ahora comparemos, El Sol de México estima que, si tomamos en cuenta a un obrero que gana el salario mínimo de 59.82 pesos diarios, éste necesitaría laborar 22 años las 24 horas del día para obtener una gratificación similar a la del presidente de la SCJN. Asimismo, se estima que el gobierno federal erogará más de 80 mil millones de pesos para pago de aguinaldos, suma de la cual 75 por ciento será absorbido por los más altos puestos públicos del país.

Sería interesante que nuestros funcionarios se pusieran en los zapatos de los 52 millones de pobres que viven en nuestro país, a ver cómo se sentirían respecto al fastuoso aguinaldo que las autoridades reciben en relación a los 900 pesos que un mexicano con el salario mínimo obtendrá como bonificación.

Démonos una idea del alcance del aguinaldo de estos funcionarios, sólo con lo que percibirá el presidente de la SCJN, éste sería capaz de adquirir una camioneta Murano nueva y pagarla al contado, agregando unos pesos más de su bolsillo ya que su precio es de 480,800 pesos.

Mientras, para el grueso de los mexicanos el aguinaldo llega a ser tan reducido que en muchas ocasiones ni siquiera se destina para cumplir algún deseo personal o familiar; la precariedad salarial hace que esta prestación se utilice para no descapitalizarse por completo.

Instituciones como la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de Usuarios de Servicios Financieros (Condusef) recomiendan que las deudas se conviertan en una prioridad, en concreto, se refieren a aquellas provocadas por el crédito al consumo, cuyos efectos se magnifican por las elevadas tasas de interés.

Además, cabe mencionar que un gran contra del crédito al consumo es ser estéril respecto a generación de riqueza y crecimiento económico.

En el sexenio de Salinas de Gortari se dio rienda suelta al abuso, con el argumento de que los funcionarios deberían ser bien pagados para evitar la corrupción, aunque el tiempo nos ha demostrado lo contrario, arguye Galván Ochoa. Y a diferencia de los empleados, que muchas de sus prestaciones y bonificaciones dependen considerablemente de su productividad, a los altos funcionarios se les otorgan íntegros, sin importar haiga sido como haiga sido, su desempeño.

Quizá sea muy pronto para desearle una feliz Navidad, que sinceramente, después de ver la bofetada de seis dígitos que dan nuestros funcionarios a 52 millones de pobres, sería hipócrita.

Felipe Calderón adquirió en oferta durante el Buen Fin, el musical Los Miserables, basado en la novela de Víctor Hugo; al menos no la compró en versión pirata o la bajó de Internet, para ahorrarse algunos pesos de sus magros ingresos. Hasta el próximo martes.

 

lararene83@yahoo.com.mx


Nuestros lectores comentan

  1. Siempre me he preguntado ¿por qué el poder judicial tiene tantas prerrogativas? Ellos ganan más que cualquier funcionario de otro poder y la opinión pública y la ciudadanía nunca nos molestamos por ello. Todos nos concentramos en los diputados y funcionarios del poder ejecutivo local o federal. En un país pobre, resultan en verdad indignantes los sueldos de los jueces y magistrados; si es por evitar la corrupción, pues no da resultado, porque además son extremadamente corruptos.