René Fernando Lara Cervantes
René Fernando Lara Cervantes

El clima en las redes sociales no ha sido calmo y sereno, sino más bien inhóspito, generando un paso tormentoso a aquellos cibernautas figuras públicas que han cometido alguna pifia memorable, como el caso de los aspirantes presidenciales; Enrique Peña Nieto, ya candidato, y Ernesto Cordero, aún en pugna por la nominación.

El primero fue defendido por periodistas de diversos medios de comunicación nacionales, como Carlos Loret de Mola, quien arguye que los ataques son parte de una guerra sucia contra el priísta; también saltó a la arena Adela Micha, quien asegura que la lectura es irrelevante para saber gobernar y, por último, Carlos Marín, integrante del equipo de análisis del programa televisivo Tercer Grado, donde criticó duramente la cultura de los usuarios de redes sociales, sobre todo los twitteros, que arremetieron con fuerza, imaginación y humor ante el error cometido por el hombre engominado.

La situación quizá sirvió como válvula de escape para la frustración de miles, vía para descargar impulsos agresivos o sólo como medio de explotar la creatividad, a través de bromas y juegos de palabras, adecuados a la circunstancia. Confieso, fui de los que rió a carcajada tendida por las ingeniosas líneas que satirizaban y metían el dedo en la llaga del priísta y su equipo de asesores, pero también considero que hay elementos a tomar con seriedad de este suceso.

La lectura forma parte del alfabetismo al que la Real Academia de la Lengua Española define como: conocimiento básico de la lectura y escritura. La UNESCO considera a la lectura como parte de la educación no formal del individuo. Su importancia es tal, que menciona eso en un manual de capacitación para representantes de gobiernos locales en Bangkok. Ahora, consideremos el alfabetismo, asociado al desarrollo (personal y nacional), conectado directamente con la educación, medio por el cual se provee de conocimiento e información y que redunda en incontables beneficios para el ser humano dentro de los cuales se encuentran dos esenciales que son la obtención de mayores ingresos y respeto de la sociedad.

Por eso la alfabetización no puede ser vista sólo como la lectura y escritura de palabras, pero sí como un acto de entendimiento crítico sobre la situación en el mundo, ya que es vital para poder desempeñar las actividades necesarias en su comunidad y usar sus habilidades para su desarrollo. Si hasta ahora querido lector, todo esto le parece un panorama idílico, y sobrecargado de teoría, por favor pregúntese lo siguiente: ¿impacta al crecimiento económico, el saber leer y escribir?

Un estudio emprendido por la Tesorería del Gobierno de Nueva Zelanda en 2004 describe con detalle los beneficios asociados a un mayor grado de alfabetismo y apreciables a través de la mayor participación de la mano de obra en la economía formal y el aumento en la productividad. Es decir, personas con mayor alfabetización son más propensas a formar parte de la mano de obra calificada demanda por las empresas y a su vez serán trabajadores más eficientes, adaptables e incluso pueden tener una mayor escala de valores.

Estudios a nivel de individuos y países muestran convergencia en los resultados. El aumento en el grado de alfabetización de los individuos es un catalizador poderoso del crecimiento económico a través del aumento en las percepciones salariales y el incremento de la productividad. Según este estudio, en el caso neozelandés, un mayor grado de alfabetización elevó los ingresos de la gente entre 4 y 20 por ciento, a su vez incrementó la probabilidad de encontrar empleo de 2 a 8 puntos porcentuales; haciendo válida la aclaración de que estos resultados difieren de país a país, género y etnia.

Los resultados reforzados a través de la bibliografía revisada para la elaboración del análisis muestran que la alfabetización tiene un efecto notable sobre todas las personas o países bajo estudio. El Instituto Nacional de la Alfabetización de los Estados Unidos realizó un estudio similar en 2010, donde encontró correlación entre el grado de alfabetización y nivel de estudios, es decir, aquéllos que mostraban mejor dominio en la lectura y la escritura sentían mayor motivación por seguir estudiando, dando como resultado que en el área laboral los individuos fueran capaces de aprender más fácilmente y así acumular experiencia.

Dentro del mercado de trabajo, mostró un resultado sorprendente, se destaca que durante los periodos de recesión, un trabajador con menor nivel de alfabetización duraba más tiempo desempleado, mientras su contraparte tardaba menos en encontrar trabajo, e incluso paulatinamente, veía aumentos en su salario; esto probablemente debido a la reestructuración de procesos de trabajo y los cambios tecnológicos. Lo anterior lo confirma el Estudio Multidisciplinario de Salud y Desarrollo de Dunedin (DMHDS) de Nueva Zelanda que descubrió, específicamente, que a menor comprensión de lectura se incrementaban los lapsos de desempleo, aquellos individuos entre 15 y 21 años con menores puntajes en las pruebas de compresión de lectura tenían 12.2 por ciento más de probabilidades de demorarse en emplearse.

Y he aquí, por qué más allá de la sátira se necesita mantener una postura seria respecto al tema de la lectura. Comentarios concretos como el de Adela Micha son de una flagrante imprudencia, de alguien con experiencia en manejo y análisis de información. La lectura informa, culturiza, motiva y, sobre todo, empodera para conocer y criticar el país en que vivimos; quizá para la insoportable levedad del gel, como sugiere el estudio, la falta de comprensión de lectura no le sea impedimento para encontrar en poco tiempo un trabajo, pero tal vez sí para llegar a la Presidencia de la República en el lapso que lo desea. Hasta el próximo martes.

 

lararene83@yahoo.com.mx


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