René Fernando Lara Cervantes
René Fernando Lara Cervantes

En el municipio de Landa de Matamoros, Querétaro, en la comunidad La Lagunilla, se yergue la escultura de un hombre; junto a él hay una maleta, mientras con los brazos extendidos se alista para recibir a una niña que, corriendo, deja atrás a una mujer que lleva a un niño en brazos. La niña se apresura a recibir a su padre, un paisano, un migrante.

Imagen que los pobladores conocen mejor como el “Monumento al Dólar”, inaugurada en 2009 por Norberto Jiménez, entonces presidente municipal. Los migrantes son un motor importantísimo de la economía mexicana, con las remesas mantienen en marcha a un olvidado mercado interno. Ésa deteriorada “mano invisible”, sin billetes verdes, no tendría combustible para mantenerse en movimiento; además de dar un nivel de vida a las familias menos precario que el del grueso de la población mexicana. A pesar de la gran ayuda que brinda el dinero enviado por nuestros paisanos en el extranjero, sobre todo desde Estados Unidos, es primordial analizar el alcance de los efectos del envío de remesas a nuestro país.

La Real Academia de la Lengua Española define remesa como la remisión que se hace de una parte a otra. En el contexto económico esto se refiere al dinero enviado por los connacionales residentes en el extranjero a sus familiares. Estas transferencias, por modestas que puedan ser, en conjunto son la fuente de divisas más cuantiosa, después de las exportaciones petroleras, según El Economista.

El impacto de las remesas se puede apreciar sobre todo en aumentos del nivel de consumo de los hogares, y en una proporción más pequeña, en el financiamiento de proyectos de inversión; lo que se traduce en un aumento del bienestar de un gran número de familias. Desafortunadamente, dicho bienestar está sujeto al insaciable libre mercado y a la fortaleza de un dólar cuya confianza está depositada en Dios (recuerde usted que los dólares llevan impresa la leyenda: “In God we trust”).

En tiempos de crisis, al igual que casi el total de los sectores productivos nacionales, la cantidad de dólares enviados se ve disminuida por la contracción del empleo, aunque es muy posible que por la tradicional devaluación que acompaña a México en los últimos años, los beneficiarios de las remesas mantengan su nivel de ingresos más o menos constante al recibir más pesos por cada dólar que cambian a raíz de tal medida. A nivel macroeconómico, así de complejo resulta el juego de fuerzas de mercado que pone en jaque el sustento de muchas familias, confiadas en el arribo de billetes verdes.

La Jornada (nacional) proporciona un ejemplo de lo descrito, en una nota reporta que las remesas cayeron 7 por ciento en el mes de noviembre, cuando sumaron mil 773.58 millones de dólares. Sin embargo, según especialistas, el tipo de cambio peso-dólar favoreció a las familias beneficiarias de estas transferencias; en promedio al mes de noviembre, un migrante enviaba 324.19 dólares a su hogar en México.

Un aspecto importante y raramente mencionado sobre las remesas es la “dolarización” de la economía de algunas regiones. El Universal describe la situación en el municipio de Landa de Matamoros, donde año con año la cifra de sus habitantes residentes en Estados Unidos aumenta. Se estima que de cada 10 habitantes de esta región, al menos seis están en Estados Unidos la mayor parte del año para trabajar y enviar sus ganancias; es así como se mejora la economía de dicha área, pero la migración llega a ser tan relevante que incluso el dólar circula como moneda corriente.

En este municipio y sus regiones aledañas, las finanzas locales se sustentan en dólares, incluso el comercio mismo, es avivado por las mercancías adicionales enviadas por los migrantes a lo largo del año, como ropa por ejemplo. Ésta es comercializada en los negocios establecidos como zapaterías y hasta en carnicerías; también las propias casas; lo importante es que el pago por estas mercancías es realizado en su mayoría nada menos que en dólares. “En este rumbo circula el dólar como lo hace el peso mexicano, debido a que hay mucho migrante que regresa de Estados Unidos con mucho de ese dinero que los comerciantes reciben sin problemas”, relata el ex edil landense Norberto Jiménez.

Existen múltiples puntos de vista en torno a la tendencia que tomarán las remesas en el futuro, por un lado se espera que éstas aumenten, considerando la crisis y la perspectiva clásica de la economía es válido que un soldador, albañil o jardinero encuentre atractivo que por cruzar la frontera su ingreso se sextuplique, e incluso tal vez más, lo que genera un incentivo fuerte para migrar y mantener a la alza la cantidad de remesas enviadas mes con mes.

Sin embargo, según El Informador, lo anterior está relacionado directamente al nivel de empleo, a la recuperación económica en Estados Unidos y en menor medida al tipo de cambio, por lo que es muy probable que de no mejorar la situación de nuestro vecino del norte, las remesas pudieran mostrar una disminución. Incluso los aumentos en remesas reportados por las autoridades monetarias, pudieran no considerar que éstas aumenten por factores ajenos al mercado de trabajo. Como bien describe El Diario de Ciudad Victoria: el aumeno en remesas fue por la venta de los bienes duraderos de los paisanos, que ante el temor de ser deportados, preferían tener algo de liquidez, sólo por si acaso.

En términos de desarrollo, ni qué decir en el estado de Zacatecas, con la terrible sequía y las nulas posibilidades de desarrollo; la salida para nuestros problemas parece ser incrementar más allá del actual 805 por ciento los pasivos estatales, o bien, que nos vayamos todos al otro lado a ganar billetes verdes y “dolarizar” nuestra economía. Hasta el próximo martes.

 

lararene83@yahoo.com.mx


Los comentarios están cerrados.