René Fernando Lara Cervantes
René Fernando Lara Cervantes

Caótico inicio de 2012, último año del sexenio calderonista, a 16 días de iniciado 2012, la calamidad se manifiesta a través de la sequía, la pésima situación agrícola y el quebradizo sistema económico; elementos que convergen en un punto común: el hambre. “Cuando llevan cuatro, cinco días sin tener que dar de comer a sus hijos se ponen tristes y es tanta su tristeza que hombres y mujeres fueron al barranco y se arrojaron”, declaró Ramón Gardea, representante del Frente Campesino Indígena (FCI), al Canal 28 XHABC en Chihuahua, sobre la hambruna que azota a las comunidades rarámuris en la Sierra Tarahumara.

Es enfermizo, perverso y maquiavélico el nivel a que se juega con el hambre de seres humanos, de personas, vistos como boletas electorales andantes, que solamente son recordados durante los comicios, para continuar alimentando, metafórica y literalmente, a los contendientes por un cargo de elección popular. El hambre produce estrés, frustración, desesperación y miedo; es inimaginable el nivel de temor de aquellos rarámuris, quienes siendo maestros de la supervivencia en esa difícil región, optaron por quitarse la vida, que seguir luchando por salir adelante. Personalmente, creo que los elementos utilizados para provocar miedo son tantos como una mente perversa pueda crear y manipular; así que para México, ¿cuáles serán los elementos que en forma directa o indirecta han creado esa pesadilla alimentaria?

La sequía generó en el estado de Chihuahua una fuerte caída en la producción de maíz y frijol. Según La Jornada (nacional), antes de 2011 se producían en promedio 150 mil toneladas de maíz y entre 80 y 120 mil toneladas de frijol; el año pasado la producción quedó en 500 toneladas de maíz y en 20 mil toneladas de frijol. En el caso específico de la Sierra Tarahumara, se dejaron de producir 20 mil toneladas de maíz para autoconsumo. El ser humano es frágil y se encuentra inerme ante la acción de la naturaleza, sin embargo, el destino de un pueblo es afectado por otro frente, que debería ser sencillo de dominar, vigilar y sancionar, se trata de los gobiernos.

Las cifras manejadas en la columna de Carlos Fernández-Vega, “México SA”, hablan por sí solas, en 2011 el aumento en el costo de la canasta básica rebasó por mucho al índice inflacionario general; siendo 5.81 contra 2.82 por ciento. El acumulado en cinco años de gobierno calderonista de la inflación y la canasta básica es de 24.8 y 29.5 por ciento respectivamente, monto que ni por error cubren los aumentos a los salarios mínimos que en un quinquenio se incrementaron en 18.7 por ciento y en una economía donde el sector informal creó tres de cada cuatro empleos, y su contraparte no reconoce los derechos de los trabajadores a las prestaciones.

Ojalá fuera el menor de los males, y que un simple ajuste salarial pudiera resolver el problema de la alimentación; desafortunadamente existe una combinación de factores que impiden encontrar una solución fácil al dilema. Respecto a la creciente importación de alimentos, de acuerdo a datos revelados por la ONU se estima que en 20 años México importará 80 por ciento de la comida que demanda la población. La ceguera gubernamental ante las sequías y heladas, los límites presupuestales, el abandono del campo y el veto presidencial a fondos de emergencia, como es el caso de los 10 mil millones de pesos que se destinarían a los estados afectados. Entre otros, son factores que introducen un estrés mayor a la seguridad alimentaria mexicana, arguye Carlos Fernández-Vega. A nivel macroeconómico México tuvo una caída de 29 por ciento, que se traduce en 3.7 millones de toneladas menos, pasando de 13 millones en 2010 a 9.2 millones en 2011. Vivimos en la capital mundial de la impunidad, todos señalan a todos, panistas señalan a los malos gobiernos del PRI y los priístas a las administraciones blanquiazules. El resultado: no hay ningún culpable.

Lo anterior describe a grandes rasgos el engranaje de ese mecanismo productor de angustia y miedo. Casi me atrevo a decir que 100 por ciento de éste está deliberadamente calculado. Se busca ocultar éste y otros mecanismos, de todos los modos posibles; a través de absurdos, extravagancias e ideas descabelladas, como por ejemplo culpar del creciente consumo de drogas a la “opulenta” clase media mexicana, a causa del aumento salarial y de su mayor poder adquisitivo, según dice Felipe Calderón. Cuando la realidad supera a sus palabras, al punto de orillar a mexicanos a no dejarles más opción que engrosar las filas de la economía informal, también del crimen organizado y en el peor de las casos, a suicidarse por no encontrar un modo de vivir y no de sobrevivir.

La Real Academia de la Lengua española define el miedo como una perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario; también como recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea. La realidad es que estas perturbaciones son susceptibles a la manipulación por aquéllos con los medios suficientes para hacerlo, y al menos en México, utilizarlas para beneficio propio. A estos límites llega el hambre de poder del hombre, sobre todo de aquéllos capaces no sólo de manipular, sino de crear el miedo, y todo con un fin, el de no bajarse de la Hummer, al final de su mandato. Hasta el próximo martes.

 

lararene83@yahoo.com.mx


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