René Fernando Lara Cervantes
René Fernando Lara Cervantes

La violencia generalizada a lo largo y ancho del territorio nacional coadyuva a elevar los costos para el Estado y la sociedad. Desde hace algunos años que el problema de la violencia y las drogas se volvió un asunto de seguridad nacional, donde se impuso el combate, reactivo e improvisado, como cuestión de primer orden en materia de seguridad. Policías, soldados, marinos y sicarios armados son partícipes del fragor de una batalla que parece no tener fin y que atemoriza a casi todos los ciudadanos del país.

Los frutos de tal estrategia, creada por un táctico neófito se miden generalmente en tres rubros: detenciones, criminales abatidos y decomisos de armas, drogas, equipo táctico y vehículos. Todo lo anterior ha sido objeto de duros debates por parte de los grupos de activistas nacionales, al igual que por algunos organismos internacionales; recientemente, poniendo sobre la mesa los resultados, si es que así pueden llamarse, el presidente Calderón abordó uno de los puntos altamente cuestionado de su estrategia: el tráfico de armas de fuego hacia México.

El pasado 16 de febrero, el presidente dio un discurso en un puente fronterizo de Ciudad Juárez, dirigido al gobierno de los Estados Unidos, solicitando apoyo para aumentar los controles en la venta de armas y así disminuir el tráfico de armas hacia nuestro país. Con determinación, FECAL sentenció: ¡No más armas! Frase que acompañó con la develación de un espectacular, de ocho metros de altura y 21 de largo, cuyas letras fueron construidas con tres toneladas de armamento asegurado a organizaciones criminales, y que contiene la leyenda “No more weapons”, según La Jornada (Nacional).

Además de solicitar acciones contra el tráfico de armas, el mandatario pidió medidas para la reducción del consumo de drogas y medidas más activas contra el lavado de dinero. Vaya contradicciones querido lector, constatables fácilmente a través de los espots de radio y televisión del gobierno federal donde todo va bien, no existe deuda, no hay pobreza y lo mejor, vamos ganando la guerra contra la delincuencia organizada. La realidad es que la capacidad armamentista de los delincuentes es enorme y según el Instituto Nacional de Ciencias Penales, los criminales pueden adquirir desde cohetes antitanque hasta fusiles de alto poder como el Barret calibre .50, amén por el sistema económico actual desde 1998 a 2004, el mercado armamentista creció en 400 por ciento y es probable que a pesar de la recesión lo siga haciendo.

¿La evidencia? Movimientos armados como los de Libia y recientemente Siria, sin duda son propulsores para darle un boom a la industria bélica mundial, sobre todo a sus principales productores, dentro de los que se encuentra Estados Unidos. México está implicado igualmente en eso, ya que se estima que 90 por ciento de las armas de fuego que se encuentran en escenas de crímenes en el país provienen de manos del Tío Sam; no cabe duda, somos mercado meta para los armeros estadounidenses.

En el caso mexicano, como sugiere la evidencia anterior, quizá los mayores compradores de armas son las organizaciones criminales, que cada vez se vuelven más difíciles de contener. Roberto González Amador, colaborador de la La Jornada (Nacional), revela que los criminales movilizan 5 por ciento del PIB mundial anualmente, llegando a un monto de hasta 3.1 billones de dólares, o tres veces el valor de la economía mexicana con cifras actualizadas a 2012 por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, por lo que el tema del crimen organizado cada vez se vuelve más internacional.

El dato anterior revela el poder adquisitivo del crimen organizado a nivel mundial, del cual las organizaciones que operan en territorio nacional forman parte, siguiendo la simple lógica económica tradicional, si los consumidores (criminales) tienen suficiente poder adquisitivo, debe existir una oferta que sea capaz de cubrir necesidades de armamento. ¿Y cómo abastecer a estos cárteles? Simple, tal vez la respuesta se encuentre en operativos realizados por el Buró de Alcohol, Tabaco, Armas y Explosivos (ATF), que en un “intento” por rastrear a los criminales permitieron el ingreso de cientos de armas de fuego que cayeron en posesión de las organizaciones criminales, en 2006 se dio luz verde al operativo Receptor Abierto, el cual no muestra todavía resultados positivos y ni que decir de Rápido y Furioso, donde El Informador estima que cerca de 2 mil armas de alto poder fueron introducidas a México; y a 11 meses de que diera a conocer este operativo, aún no existen culpables.

La presencia de las armas según el Instituto Nacional de Ciencias Penales genera un clima de miedo, que a su vez provoca el aumento de la demanda de armas, donde todo el mundo busca estar armado, sólo por si acaso. La petición de Felipe Calderón quizá lleve la mejor de las intenciones, pero si nuestro neófito general hubiera querido lograr un cambio verdadero, no estaría resaltando que se han decomisado 140 mil armas, 14 millones de municiones y 11 mil granadas; equipo suficiente para equipar a los ejércitos de Guatemala, Nicaragua, El Salvador y Honduras juntos, según él. Como sugiere Edgardo Buscaglia, debería haber atacado las fuentes de dólares, los activos de los narcos, eso sí, tal vez sin garantía de afectar los suyos, mientras tanto sigamos siendo víctimas del libre mercado de los mercaderes de la muerte. Hasta el próximo martes.

 

lararene83@yahoo.com.mx


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