Pemex: abrir o poner más dinero
Enrique Quintana
Jueves 1 de marzo de 2012
MÉXICO, DF.- México necesita dar un giro de 180 grados en su política energética si quiere tener viabilidad de mediano plazo.
Esa puede ser una de las lecturas que se hagan a la Estrategia Nacional de Energía, que presentó ayer la Secretaría de Energía al Poder Legislativo.
El razonamiento es relativamente simple por lo menos en dos vertientes.
Para revertir la tendencia decreciente en la producción de hidrocarburos se necesita fundamentalmente inversión aplicada de manera inteligente, que tendría que canalizarse de forma prioritaria a aguas profundas y al desarrollo de la producción de shale gas.
Para incrementar los recursos invertidos en el sector, más aún de lo que se ha hecho en los años anteriores, hay tres opciones.
Una de ellas es que Pemex se quede con una proporción mayor de los recursos que genera. Claro que esto descobijaría al Gobierno federal, el cual se quedaría con menos recursos y por tanto -si se mantuviera el mismo tamaño del aparato estatal- tendría que generar cambios fiscales para cobrar más impuestos.
La segunda es reasignar los recursos que hoy se destinan a los subsidios en gasolinas y gas LP, entre otros energéticos. Simplemente con ellos, a precios del 2011, se liberarían 340 mil millones de pesos para invertirlos en el sector.
La tercera es simplemente abrir Pemex y hacer que en lugar de que sean recursos públicos los que se inviertan adicionalmente en exploración y producción petroleras, sean recursos del sector privado. Esto no implica vender Pemex, sino aplicar el ya muy conocido esquema Petrobras, que conduce a colocar un cierto porcentaje de acciones en la Bolsa y a quitar el monopolio de la paraestatal en algunas tareas.
O quizá se pueda hacer una mezcla de las tres opciones, pero no podrá ser algo muy diferente.
El otro asunto es la reducción de la dependencia a los combustibles fósiles.
En el ánimo de predicar con el ejemplo ahora que México encabeza el G20 es ponernos “muy verdes”, por lo que se planteó una meta ambiciosa al proponer para el 2026 un 35 por ciento de la generación eléctrica con fuentes no fósiles.
Habría que hacer un esfuerzo extraordinario en el desarrollo de varias nuevas centrales nucleares, así como en el despegue de la energía eólica, en donde debieran instalarse cientos y cientos de nuevos aerogeneradores.
En estos casos, el problema principal, otra vez, son los costos.
Hay muchísimas cosas más que hacer en materia energética, pero sólo con estas dos tareas, la de aumentar la producción y las reservas de hidrocarburos, al mismo tiempo que diversificar la oferta a fuentes no fósiles, se requeriría de un crecimiento y una mejor asignación de las inversiones.
Un punto más que debe resultar clave es que la energía no es un sector que pueda moverse con los vaivenes sexenales.
La Estrategia Nacional de Energía no detalla algunos puntos, con objeto de dejar las decisiones a la próxima administración (como la definición y localización de las centrales nucleares adicionales).
En este sector, si no queremos quedarnos atrás, debería haber definiciones de política de largo plazo que estuvieran blindadas frente a los cambios derivados de procesos electorales.
Desafortunadamente, creo que ni ese ni los otros cambios van a definirse en el curso de este año, y lo más factible es que sigamos con un escenario inercial para México.
enrique.quintana@reforma.com






