René Fernando Lara Cervantes
René Fernando Lara Cervantes

México es tierra de monopolios, presentes en las telecomunicaciones, la construcción y medios de comunicación. El listado podría extenderse a muchos más sectores. Sin embargo, no sólo en la economía se puede observar este tipo de competencia (si es que así se le pudiera llamar), sino que va más allá; al terreno de las creencias y lo religioso, me refiero al catolicismo.

Nuestro país, según La Jornada (Nacional), alberga a la segunda población más grande de católicos. Además de ser la nación con más santuarios católicos del continente americano. El catolicismo es tan añejo como la llegada de Hernán Cortés, en 1519, a tierras mexicanas y a lo largo de la historia ha sufrido transformaciones, por ejemplo, a raíz de las reformas juaristas en 1857 se redujeron los privilegios estatales de que gozaba el clero y de nuevo los vio disminuidos a raíz de la Constitución de 1917.

La Iglesia católica tuvo que esperar hasta 1992 para restablecer sus relaciones con el Estado. Sorprende que a pesar del esfuerzo para reducir su influencia en la sociedad por parte de aquella institución, la Iglesia se mantiene como referente cultural importante. Al ser la cultura un elemento relevante en el ámbito del desarrollo económico y social, sería bueno preguntarse lo siguiente: ¿cuál es el efecto de la religión, en concreto del catolicismo, en el desarrollo económico de nuestro país?

Si la pregunta suena absurda, más vale reconsiderarlo, ya que existen investigaciones formales realizadas en torno al tema, como la publicada en 2009 por el International Journal of Business and Economics y que lleva por título Does Religion Distribution Matter in the Economic Growth of Latin America? La investigación comprende a siete países latinoamericanos, incluido México, para realizar mediciones sobre el impacto de la presencia religiosa en la prosperidad económica de tales naciones.

El autor, Jaime Ortiz, miembro de la Universidad A&M de Texas, considera que los modelos tradicionales para medir la prosperidad económica en el caso de América Latina (AL), además de incluir variables que abordan lo social, legal, económico, político y tecnológico, deberían de incluir el factor religioso. La justificación, previamente documentada por el autor, es que de alguna manera la presencia prolongada del catolicísimo en AL ha influenciado las normas, sanciones, la moral, la ética, mismas que afectan las preferencias y elecciones en torno a consumo, ahorro e inversión y, por ende, la percepción sobre la acumulación y generación de riqueza.

Las mediciones realizadas fueron basadas en variables económicas, políticas e institucionales. Se analizaron los cambios anuales del producto interno bruto (PIB) y la productividad total de los factores, variable calculada para usarse de manera similar al PIB, es decir, como medidas de prosperidad económica; y fueron contrastadas con datos relacionados con la intervención gubernamental, educación, apertura comercial, libertades civiles y derechos políticos, corrupción y, por supuesto, el componente religioso consistente en cifras relacionadas con la presencia de católicos, protestantes, judíos y musulmanes en los países bajo estudio.

La selección de variables fue racionalmente justiciada, con el fin de probar con exactitud si el grado de religiosidad es un determinante, positivo o negativo, de la magnitud del crecimiento económico. Los datos fueron probados para los siete países contemplados en el estudio, sin embargo, sólo discutiré los resultados del caso mexicano.

Los efectos más interesantes fueron observados sobre la productividad total de factores, donde el catolicismo reportó tener un impacto positivo sobre la prosperidad económica mayor que el resto de las religiones consideradas, el autor considera que es un impacto fuerte, pero cabe resaltar que el resto de las variables tiene mucho que aportar aún. Por ejemplo, la educación y el comercio exterior reportaron efectos positivos significativos y de mucha mayor magnitud que la religión sobre el crecimiento económico; a su vez los derechos políticos y libertades civiles muestran un resultado favorable sobre la prosperidad económica, ostentando además el impacto positivo más alto de todas las variables mencionadas. Y por si le quedaba alguna duda de la toxicidad de la corrupción, ésta resultó tener un impacto negativo de consideración sobre el crecimiento económico, deteriorándolo.

Las estadísticas ofrecidas por esta investigación son muy claras, es verdad que el catolicismo aporta poco al crecimiento económico, pero a fin de cuentas, ayuda. Aun así hay determinantes más críticos, como la educación, cuya condición se refleja en que en cuatro de los santuarios católicos más importantes del país, la entrada es casi cuatro veces mayor a la registrada por los 80 museos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), así lo establecen cifras privadas y gubernamentales. En términos de derechos y libertades la cosa está para llorar, basta con recordar el avasallador y constante atropello a los derechos humanos más elementales por parte del Estado mexicano; de la corrupción ni hablar.

En unos pocos días llegará a México el líder de la Iglesia católica, Benedicto XVI, el cual al dar el visto bueno a las medidas emprendidas por el actual gobierno sólo estará ratificando a un Estado totalitario y corrupto, que parece buscar impulsar el desarrollo económico con la apertura de las plazas públicas y medios de comunicación a asociaciones religiosas, y no con reformas adecuadas a la educación, combate a la corrupción y reconocimiento de libertades y derechos elementales. Hasta el próximo martes.

 

lararene83@yahoo.com.mx


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