René Fernando Lara Cervantes
René Fernando Lara Cervantes

“Precios bajos todos los días” es lo que dice ofrecer el consorcio de tiendas Wal-Mart en sus sucursales a lo largo de todo el país. En días recientes, el diario The New York Times expuso en un artículo bastante extenso cómo la empresa en México al inicio y a lo largo de los años 2000 había gastado cerca de 24 millones de dólares para sobornar a las autoridades mexicanas con el fin de lograr una expansión rápida y satisfactoria en el territorio nacional.

La trasnacional ingresó a México en 1991, cuando Carlos Salinas de Gortari era inquilino de Los Pinos; desde aquél inicio, el trato desde el poder público fue de privilegio, según La Jornada (Nacional). Para 1998, esta empresa adquirió a Cifra, grupo que controlaba a Aurrera, ampliando más su alcance dentro del mercado mexicano.

La estrategia depredadora de Wal-Mart tiene como blanco un concepto básico en la teoría microeconómica neoclásica, se trata del excedente del consumidor, el que además es considerado como una medida de bienestar. En términos generales, este excedente puede definirse como la diferencia entre lo que se estaría dispuesto a pagar por un producto y lo que realmente se paga, lo que le da margen al consumidor de incrementar su utilidad, otro concepto de la microeconomía que determina la satisfacción del consumidor con base en su ingreso, a una canasta de bienes y sus respectivos precios; la teoría dicta que, a mayor utilidad, el consumidor estará más satisfecho.

La Jornada (Nacional) publicó cómo Luis Gómez, quien es vicepresidente de Asuntos Corporativos de Wal-Mart para México y Centroamérica, justifica que el modelo de negocios es llevar el mejor precio a los consumidores, lográndolo a través de la compra de un volumen considerable de artículos, “… se trata de darle el mayor beneficio al consumidor, y eso nos ha distinguido”, argumenta el directivo.

A primera vista, la estrategia suena bien, difícilmente un consumidor hará mala cara a un bien de bajo precio y que se encuentre dentro de sus preferencias de compra. Sin embargo: ¿cuál es el costo para el país por estrategias enfocadas sólo en aumentar el excedente del consumidor?

El excedente del consumidor como medida de bienestar es excluyente y depredadora, ya lo denunciaba Sergio Zermeño en su obra Reconstruir a México en el siglo XXI, que cadenas comercializadoras extranjeras como Wal-Mart, Costco, Sam’s Club, Carrefour y otras monopolizan los canales de distribución nacionales y ante la precariedad del campo y del resto de la economía, son los únicos con capacidad de importar los productos necesarios.

Esto golpea severamente a los pequeños y medianos negocios, ya que desde 2002 en México, medio millón de hogares de bajo nivel económico se hizo a la costumbre de comprar en tiendas de autoservicio, disminuyendo las ventas de las tiendas de barrio, mercados populares y tianguis.

De acuerdo con datos de La Jornada (Nacional), en 2011 se abrieron 42 Bodegas Aurrera, 60 Mi Bodega Aurrera, 208 Bodegas Aurrera Express, 21 Wal-Mart, 16 Sam’s Club y 13 Superamas, representando 360 de 365 negocios abiertos durante este año por la transnacional, incrementando 13 por ciento sus ventas, llegando a 379 mil millones de pesos y generando una utilidad neta de 22 mil 258 millones de pesos según reportes.

Los efectos de esta invasión es la quiebra semanal de 350 a 500 changarritos, la caída de 6 por ciento en la ventas de pequeños mercados y tianguis; llegando al extremo, en algunas regiones de la República, de una caída de 40 por ciento en ventas por la proliferación de Bodegas Aurrera.

Los proveedores de los cuales la mitad son pequeñas y medianas empresas, y no tienen cómo hacer contrapeso al poder de este consorcio, pues compran y venden por debajo de los costos de producción, difieren los pagos a proveedores mientras que las empresas familiares, mercados públicos y en general pequeñas empresas, tienen que pagar por anticipado, desembolsando éstos 27.8 millones de dólares anuales, contra 6.9 millones de dólares de esta gran comercializadora.

En materia de empleo, a pesar de que Wal-Mart se jacta de ser el primer empleador privado en México, la realidad es que sólo registra ante el IMSS seis de cada 10 de sus empleados; el año pasado tenía contratados 270 mil 547 trabajadores, de los cuales sólo 163 mil 667 contaban con prestaciones sociales; en cuestión de salarios, en la última década la cadena comercial se ahorró en sueldos 84 mil millones de pesos, por tener laborando personas que no perciben un salario fijo ni tienen prestaciones, como los cerillitos y franeleros, los cuales dependen de las propinas de los clientes, mientras la necesidad los somete a la fría y esclavizadora realidad de la minimización de costos.

En la cuestión fiscal, Wal-Mart es un niño mimado, éste paga 1.60 pesos por cada 100 pesos vendidos, mientras que a nuestra paraestatal Pemex se le arrebatan 55 pesos por cada 100 que vende, régimen fiscal que se mantiene firme a pesar de que México es el país que más utilidades da en el mundo a esta cadena comercial.

El involucramiento de la autoridad mexicana es más que evidente, la falta de institucionalidad, agravada por la corrupción, desahucia a millones de familias mexicanas; que a falta de quien vele por ellos venden piratería, contrabando o bienes robados, realizando actividades entre lo informal y lo ilegal, que les dan más que un salario de una jornada laboral, que no les rinde ni para comer.

Consumidores mexicanos, pongamos resistencia pacífica, un boicot comercial es un buen inicio para expresar nuestro desacuerdo, pero también demandemos la dignificación de los trabajadores de los sectores que son objeto del abuso de estas grandes corporaciones, para crear paradigmas de negocios incluyentes y no reduccionistas, que garantizan “precios bajos todos los días” a un costo social incalculable. Hasta el próximo martes.

 

lararene83@yahoo.com.mx


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