René Fernando Lara Cervantes
René Fernando Lara Cervantes

La contienda electoral avanza y paso a paso se acerca a su fin. Candidatos públicamente desaprobados: un hombre que esconde su frustración tras un estilizado peinado a la Elvis Presley, o una mujer cuya sonrisa busca mostrarla invulnerable a los efectos de su accidentada campaña y el peso muerto que su partido carga sobre sus hombros por la sangre derramada en casi seis años de la guerra contra el crimen organizado; mientras su amorosa contraparte aprovecha las circunstancias para cosechar los frutos del árbol de la juventud que volvió a la vida mostrando un verde intenso de esperanza.

Así se desempeñan los presidenciables, absorben la atención de la población y los medios de comunicación, cual novela televisiva, están a la expectativa de saber cómo acaba el drama electoral. Y mientras tanto: ¿qué es de Felipe Calderón y de la economía mexicana?

Si algo ha caracterizado al gobierno calderonista, además del incremento exacerbado de la violencia, es el bazar en que convirtió a la economía mexicana, el que sumado al pánico de los capitalistas ante las elecciones le cobra la factura a la nación. Carlos Fernández-Vega precisa cómo Calderón presume que somos una economía sólida y en crecimiento, opinión secundada por José Ángel Gurría, actual secretario general de la OCDE. ¿Acaso ya se les olvidó que tenemos la tasa de crecimiento económico más baja de los últimos 80 años?

Pero cómo reñir ante los gurús, si todos nuestros males son por la inestabilidad generada por factores externos, incontenibles y arrasadores; que abruman a nuestras autoridades. Ante estas lindezas, dichoso el dinero que como si tuviera alas emigra de un país a otro, mejor catapultado todavía por la coyuntura electoral. Según La Jornada (Nacional), el total de los depósitos enviados a bancos del exterior más las inversiones realizadas por mexicanos fuera del país desde el inicio del gobierno asciende a 71 mil 443 millones de dólares, equiparable a casi el doble del monto de la deuda externa neta del gobierno federal a diciembre de 2006. ¿Es nueva la tendencia? Pues claro que no.

Desde enero de 2001 a marzo de 2012, ciudadanos mexicanos, particulares o empresas, depositaron en el exterior 37 mil 614.83 millones de dólares y 65 mil 10.82 millones fueron usados para comprar activos productivos. Pero qué esperar de los efectos, en palabras del ilusionista tequilero, de nuestra sólida y creciente economía que ciertamente ha mostrado un incremento en algunas áreas, según el indicador global de actividad económica (IGAE), que muestra un estancamiento en actividades secundarias y aunque otras presentan un aumento moderado, no es condición suficiente para garantizar un crecimiento constante a largo plazo.

Tan débil es nuestra moneda, que el peso sin peso orilla a los nacionales con posibilidades a buscar mejores rendimientos de su dinero; que lo que les ofrece tenerlo guardado bajo el colchón, convirtiéndonos en exportadores de capitales, no sólo por tratar directamente con bancos en el exterior sino también a través de la banca nacional, calificativo de ornato para un sistema bancario casi extranjerizado en su totalidad.

La sólida economía mexicana, inmune a catarritos, ya perdió el control de una de las principales variables macroeconómicas: el tipo de cambio. Con el estancamiento, las expectativas del bajo crecimiento y la inseguridad; los capitales extranjeros han preferido salir en busca de mejores condiciones. La inversión extranjera directa disminuyó 30 por ciento en el primer trimestre de 2012, quedando en 4 mil 372 millones de dólares, respecto al año anterior; según datos de la Secretaría de Economía y el Banco de México. La escasez de dólares, intensificada aún más por el periodo electoral empujó ya el tipo de cambio a 14 pesos por dólar. Nuestra economía, ésa que se fía del sector externo y vive un ambiente tenso por la violencia, mantiene en la pobreza a la mitad de la población, no genera empleos suficientes en el sector formal, deprime su poder adquisitivo, expulsa mano de obra o bien la esclaviza a la informalidad; fuga talentos, y concentra el ingreso y la riqueza en pocas manos, con esto han pagado el voto de los mexicanos los gobiernos neoliberales desde los años 80 a la fecha.

Referente a la delincuencia organizada, el Banco de México incluyó en la sección de errores y omisiones de la balanza de pagos de México una salida por 14 mil 312.7 millones de dólares, histórica salida de divisas en el primer trimestre del año, según la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV). Cifra atribuida al lavado de dinero, que de acuerdo a CESOP Global Financial Integrity y a la Universidad de Columbia, sus principales fuentes de origen son el narcotráfico, la trata de personas, la piratería y el fraude.

Éste es el legado del neoliberalismo económico: un severo retroceso social, corregido y aumentado en los 12 años de administraciones blanquiazules. México se ve necesitado de un crecimiento con bienestar y de un desarrollo económico más igualitario, sin demagogia ni políticos corruptos. El método para alcanzarlo aún no es completamente claro, pero el inicio de los movimientos estudiantiles y las otras manifestaciones ciudadanas que poco a poco empiezan a surgir, quizá puedan crear un camino, con un pueblo consciente e informado que no registre solamente sus errores y omisiones, sino que busque minimizarlas a toda costa. Mientras, el ilusionista poco a poco se desvanece, con la caída del telón que clausura sus absurdos y su retórica bárbara. Hasta el próximo martes.

 

larerene83@yahoo.com.mx


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