René Fernando Lara Cervantes
René Fernando Lara Cervantes

Nos encontramos ante el ocaso de las campañas electorales, el 1 de julio casi está en puerta; hay gran expectación, se gesta nuevo presidente, nuevos diputados y senadores federales; pero, sobre todo, nuestro futuro, al menos en el corto plazo. Al fin, Felipe Calderón, quien casi cierra su mandato, tiene razón en algo, y es que probablemente nos estemos enfrentando a la segunda peor crisis económica de la historia moderna, tema coyuntural en la Cumbre del G-20.

Veinte líderes, 20 contextos diferentes, 20 economías que en su conjunto (considerando en su totalidad a la Unión Europea) y en diferentes proporciones, representan casi 90 por ciento del producto interno bruto del mundo, y más de 80 por ciento del comercio mundial; todos concentrados en la búsqueda de soluciones para salir del bache económico. Hay altas expectativas de una cumbre de tal magnitud, al menos entre los asistentes, cómo el director del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Luis Alberto Moreno, y Margaret Chan, directora de la Organización Mundial de la Salud, quienes esperan que el evento genere las condiciones y confianza necesarias para superar la crisis. Entre las buenas intenciones de unos y el cinismo de otros tantos, como el del tequila y el tintorro: ¿en verdad puede la cumbre darle rumbo a la desorientada economía?

La Jornada (Nacional), describe que el crecimiento económico proyectado a 2030 requerirá 70 billones de dólares, según cifras de la Cámara Internacional de Comercio (ICC, por sus siglas en inglés). La ICC, solicita una mejor y más equilibrada regulación en los mercados de capitales, apurando al G-20 a tomar cartas en el asunto. La razón para esta regulación es que la disminución de la participación de la banca en el financiamiento a proyectos productivos, conlleva a buscar otras fuentes de recursos. En este caso, a través de un modelo basado en la emisión de bonos, es decir, sacar un conejo de la chistera, produciendo dólares con la varita mágica de la especulación.

En sintonía con la panacea capitalista, que todo cura y resuelve, Carlos Slim también alza la voz. El empresario mexicano, invitado de honor en las Conferencias de Ginebra, propone aumentar los ingresos a través de impuestos, disminuir el gasto público o vender activos, Slim declaró: quien tenga autopistas que las venda; aeropuertos, que los venda; sectores energéticos, que los venda, y así permitirá la inversión privada en sectores estratégicos y eso dinamizará la economía. A su vez, sugirió incrementar la edad de jubilación a los 70 años, con cambios que él considera pertinentes a la jornada laboral, justificando la propuesta con el argumento de que el trabajo ahora es más intensivo en conocimiento y menos físico. Su estrategia es efectiva, dinamiza la economía, pero de aquellos grandes empresarios que con faltriquera llena acuden a las ventas de garaje de los bienes públicos y empresas paraestatales, como ya ocurrió antes con el caso de la extranjerizada banca mexicana, cuyos frutos se degustan fuera de nuestras fronteras. Hay áreas adonde el sector privado sencillamente no está capacitado para ingresar, ni debe hacerlo; sobre todo en las áreas críticas para la asistencia social, cuya naturaleza no busca la rentabilidad ni la minimización de costos.

En vez de privatizaciones arrasadoras y desarrollo sustentado en especulación, por qué no optar por un modelo de desarrollo basado en la provisión de bienes públicos y una mayor, pero cuidadosa y honesta, intervención estatal. Carlos Fernández-Vega, describe cómo Cuba poco a poco recupera terreno, en los últimos seis años reporta un crecimiento promedio mayor al de la economía mexicana, 3.5 por ciento contra 1.9, respectivamente. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), muestra una radiografía de la economía cubana, dónde se aprecian incrementos en la inversión pública y dinamismo del consumo privado. La experiencia cubana no está exenta de las tensiones financieras internacionales, sin embargo, hay reestructuración de la industria y un esfuerzo constante por dinamizar el mercado interno a través de la creación experimental de cooperativas no agropecuarias. En el primer trimestre del año Cuba mostró un incremento en la producción agrícola no cañera de 9.8 por ciento, destacando el aumento de alimentos básicos como el frijol y el arroz; liberando divisas por la importación de alimentos, sólo por mencionar un ejemplo. Otros sectores como turismo, y el exportador también mostraron incrementos considerables.

Pero en un país, donde el Estado no (re)conoce la crisis y no genera servicios o bienes públicos, donde el gasto corriente ha incrementado de manera absurda, pagando un sueldo a Felipe Calderón 9.8 veces mayor que lo que percibe su similar estadounidense Obama; y donde de 2000 a 2010 el ingreso promedio de un empleado en Los Pinos aumentó 41.8 por ciento, una actualización como la del modelo cubano no resulta viable. Pero bueno, hay que mantener los salarios de los funcionarios así de altos, ya que bajarlos según el Consejo Coordinador Empresarial llevaría a contar con funcionarios de peor calidad y a aumentar la corrupción por la búsqueda de rentas, ¿acaso la calidad de los funcionarios no puede definirse de manera inversa? ¿No será que con un menor salario se elimine el incentivo de la búsqueda de rentas y así ocupen los puestos funcionarios más comprometidos con la nación?

Declaró Felipe Calderón: Todos ellos (líderes del G-20) estarán aquí para discutir los principales desafíos de la economía global y para definir acciones que nos permitan recuperar la estabilidad e impulsar el crecimiento económico, tal y como todos los deseamos. ¿Estabilidad y crecimiento con especulación y privatización?, mejor cuéntenos una de vaqueros. Hasta el próximo martes.

 

lararene83@yahoo.com.mx


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