A las ya conocidas categorías y clasificaciones de analfabetas habría que agregar, por si las moscas, la de quienes estemos entre medio ignorantes a muy ignorantes en asuntos de redes sociales y el mundo virtual en general.
Porque da la curiosa casualidad, ahora a propósito de las recientes campañas electorales y de las correspondientes votaciones, de que muchísima gente fundaba su criterio en “lo que dice Internet”.
Claro que resulta no sólo preocupante, sino muy grave, que un número incuantificable de personas, sin mínimos antecedentes, preparación o entrenamiento puede tener acceso a mundo misterioso y de no pocos peligros para la salud mental de la humanidad.
Pero, vayamos al punto. Si las personas que, por diversas razones, carecen de contextos e información complementaria, incluso para recibir una simple noticia, corre el riesgo de caer en complicación mayúscula.
Esa persona, o ese tipo de personas, por su falta de referentes y orientación para navegar en el mar virtual, lo mismo tendrá acceso a toneladas de basura que a información útil y valiosa.
El problema, justamente, es que se trata de un mundo virtual y, a diferencia de lo que ocurre cuando alguien quiere comprar un buen libro, y pide recomendaciones, en Internet no hay manera de que cada uno de los neófitos navegantes vaya de la mano con un asesor permanente.
El caso es muy simple. Quienes estén en la categoría del analfabetismo virtual pueden creer mil historias simple y sencillamente inventadas.
Y ocurrió, por ejemplo, que cientos y miles de personas dieron por ciertas infinidad de mentiras que, otros tantos navegantes, expertos o malintencionados, inventan, ya sea por encargo o hasta por iniciativa propia.
Pero, en medio de todo, persiste el problema, porque hace unos días tuvo lugar una discusión pública, en el plano nacional, y tuvieron que intervenir miembros del Consejo General del IFE para aclararla.
Se trataba de que una mujer, sin identidad establecida, supuestamente se percató de que, la noche-madrugada posterior a las elecciones, desaparecieron 3 millones de votos emitidos en favor del licenciado Andrés Manuel López Obrador.
Lo increíble es que ella, y sólo ella, se percató del supuesto “robo” cibernético.
No, bueno, pero hubo mucho más.
Los consejeros del IFE tuvieron que explicar, con papeles en la mano, que el permanente monitoreo del PREP vuelve imposible una variación tan espantosa del conteo preliminar de votos.
Pero el dato estaba “en redes sociales” y por ese simple hecho ya se consideraba verdad.
De salida
También es un tema de educación, pero de fondo, no de simples discusiones en las que hay buenos y malos profesores.
