En estos últimos días todo mundo queremos hablar sobre las elecciones, los resultados que éstas tuvieron, los candidatos, partidos, actores y actos que se han llevado a cabo, sin embargo, ninguno de estos temas pudieran hablarse si nuestra realidad democrática fuera otra.
¿Qué significa esto? Vivimos en un país con una democracia representativa, incipiente o no, con vicios de corrupción o no, pero finalmente democracia y lo más importante representativa.
Si podemos hablar de candidatos triunfadores y otros que no lograron el porcentaje mayoritario, de compra de votos y de fraudes electorales, de triunfos legítimos o de triunfos legales, sólo es por una razón, muy importante, y es que hubo elecciones, si así es, que pudimos votar y manifestar nuestra voluntad a través del voto libre, secreto y directo, es decir, en nuestro sistema político existe la posibilidad, que en otros países no hay, de que los ciudadanos acudan a las urnas para emitir su opinión a través de un VOTO.
A nivel nacional, está reconocido en nuestra constitución como un derecho y como una obligación, de todos los ciudadanos de votar y ser votados, es decir de escoger a sus representantes o de ser electo como representante popular.
A nivel internacional, el Sistema Interamericano, al cual pertenece México, reconoce, en el artículo 23 de la Convención Interamericana de Derechos Humanos, el derecho y la oportunidad que todos los ciudadanos deben tener de “participar en la dirección de los asuntos públicos, directamente o por medio de representantes libremente elegidos; de votar y ser elegidos en elecciones periódicas auténticas, realizadas por sufragio universal e igual y por voto secreto que garantice la libre expresión de la voluntad de los electores, y de tener acceso, en condiciones generales de igualdad, a las funciones públicas de su país”.
Este derecho, como todos, tiene límites los cuales, a nivel nacional se encuentran en el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales y a nivel internacional en el segundo párrafo del citado artículo de la Convención.
Nuestro país, al momento de ratificar dicha Convención tuvo un gran acierto, que fue el plantear una reserva en cuanto a ese segundo párrafo del artículo 23, puesto que afirma que la reglamentación de la participación política de los ciudadanos sólo debe ser en función de la edad, nacionalidad, residencia, idioma, instrucción, capacidad civil o mental, o condena, por juez competente, en proceso penal. Cuando en nuestro país, nuestra Constitución plantea una limitación adicional, la de los Ministros de Culto Religioso, quienes no tendrán ni voto pasivo ni la posibilidad de asociarse con fines políticos.
La relevancia de esta reserva tiene una razón de ser que obedece a la historia de México, a la separación de la Iglesia y el Estado, cuando la religión católica era la única o al menos la más importante en nuestro país, y a los grandes niveles de control social que la Iglesia ejercía sobre la población menospreciando al poder estatal.
Originalmente, la reserva hecha por México prohibía el voto tanto activo como pasivo de los Ministros de culto religioso, es decir, el votar y ser votado, a partir de 2002 se modifica la reserva y la ley electoral permitiéndoles votar, pero no el ser votados.
Otro hecho histórico que ha afectado los procesos electorales en fechas recientes ha sido la denuncia ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos que hizo Jorge Castañeda Gutman por no permitirle registrarse como candidato ciudadano y con ello, según él se violentaban sus derechos consagrados en el artículo 23 de la Convención. La Corte resolvió que si bien pudieran considerarse violentados sus derechos, el Estado Mexicano estaba actuando conforme a sus leyes reglamentarias, mismas que no contemplaban la posibilidad de ser votado como candidato ciudadano.
Estos acontecimientos que envuelven la historia moderna de la democracia mexicana sumados a los acontecimientos anteriores como el voto de las mujeres, la existencia de múltiples partidos políticos que unos aparecen y desaparecer y otros que se van fortaleciendo, la descentralización de la organización de las elecciones a un órgano ciudadano, entre otros muchos que se pueden seguir mencionando no son otra cosa que el reflejo de que la Democracia Mexicana está en constante transformación y bajo el escrutinio no sólo de los actores nacionales, sino que también bajo la lupa de organismos internacionales.
Los actores políticos, partidos, candidatos, deben respetar el Derecho al voto de todos aquéllos que participaron en la jornada electoral, sin menoscabo alguno, puesto que es tan derecho de los que votaron por el candidato que perdió como derecho es de los que votaron por el candidato que ganó.
