Este miércoles, mientras circulaba por la avenida Hidalgo, nos tocó un alto. Ahí vi que un agente de Tránsito que caminaba sobre la acera le hizo señas a un conductor y aunque parecía que le decía que “se pusiera la del Puebla”, o sea, que se mochara, no se trataba de eso…
Voltee a ver al conductor del carro que estaba a mi derecha, con el fin de adivinar qué era lo que el tránsito le decía.
Resulta que el agente vial le estaba señalando al conductor que se pusiera el cinturón de seguridad, y aunque no de muy buena gana, éste lo hizo… me dio gusto ver la escena, casi le aplaudo al tránsito, porque es raro ver que a quienes cometen alguna falta vial siquiera se les llame la atención.
Los agentes tienen que lidiar con muchísimas situaciones, sobre todo los que están en el centro de la ciudad capital, y aunque buen número de ellos no hacen su trabajo, por omisión, es decir, no imponen las multas correspondientes a quienes deben, nosotros también somos pésimos conductores y hasta nos indignamos si alguien se atreve a conminarnos a que cumplamos la ley.
Eso sí, me ha tocado conocer a tránsitos que cumplen su labor y hasta se bronquean con los conductores porque simplemente parece que no entendemos que es por nuestro propio bien, el de nosotros y el de la colectividad, que acatemos las normas establecidas para la convivencia humana, es decir, las leyes.
Y aunque, en general, los agentes viales tienen la fama de pertenecer a una de las corporaciones más corruptas en nuestro país, es increíble cómo nos pasamos criticando eso cuando no sólo no cumplimos las normas, sino que además formamos, en buena medida, parte de la cadena de faltas, desde ofrecer y dar mordidas hasta no ir a pagar las multas que nos ponen, aun cuando sepamos perfectamente que hemos roto la ley.
En fin, mi reconocimiento a este elemento de Tránsito del Estado, quien con este llamado de atención hizo que un conductor cumpliera con el uso del cinturón y, quién sabe, incluso hasta salvó una vida.
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