MÉXICO, DF.- Ante la desaceleración en EU, México sólo crecerá a ritmo de 3 por ciento en lo que resta del año.
Si México tuviera un mercado interno verdaderamente robusto, que compensara el freno externo, otra sería la historia. Seguramente tendríamos una economía con menos desigualdad y con más capacidad para amortiguar los golpes que nos vienen de fuera.
Hablando de esos golpes, ayer el Inegi dio a conocer que en mayo la actividad económica tuvo un tropezón, cayó en 0.36 por ciento respecto a abril. Y, si comparamos en términos anuales los datos desestacionalizados, encontramos que el crecimiento a tasa anual es de apenas 3 por ciento.
Con este mismo indicador, en diciembre pasado teníamos un ritmo de 4.5 por ciento y en marzo de 4.0 por ciento.
Los datos son muy claros, hay una tendencia a la desaceleración que se va a acentuar en el segundo semestre.
La razón es que también Estados Unidos está frenando y nuestro mercado interno no tiene el empuje suficiente como para compensar esta caída.
Hay tres componentes básicos del mercado interno: el consumo privado, la inversión productiva y el gasto público.
Veamos como marcha cada uno de ellos, de acuerdo con los indicadores más recientes.
En el caso del consumo privado, tenemos un empleo formal que crece a tasas de 4.7 por ciento anual combinado con un salario real que está estancado, con datos para el mes de junio.
Así que podemos esperar un ritmo de consumo de las familias quizás del orden de 4 por ciento anual.
En el caso de la inversión productiva tenemos el contraste de una fuerte compra de maquinaria y equipo, con una tasa de hasta 8 por ciento (con indicadores a abril) con una construcción que no sólo está estancada sino que viene de reversa.
Y en el caso del gasto público, nos encontramos con que las erogaciones corrientes en los primeros cinco meses del año crecieron a un ritmo de 8 por ciento anual.
Si los registros más recientes de estos indicadores del mercado interno fueran a mantenerse el resto del año, quizá podríamos pensar en que nos defenderíamos mejor del freno norteamericano.
Sin embargo, tanto el consumo privado como el gasto público van a frenarse en el segundo semestre y probablemente la adquisición de maquinaria también lo haga.
Al perder aliento y al bajar también su ritmo de las exportaciones será imposible que la economía no afloje el paso.
Por ejemplo, en la más reciente encuesta de expectativas realizada por Banamex entre 20 instituciones, se registra una estimación promedio de crecimiento económico para este año de 3.63 por ciento.
Si consideramos una tasa de 4.2 por ciento para el primer semestre, entonces podría prever que el ritmo de la economía en lo que resta del 2012 será de alrededor del 3 por ciento.
En materia de empleo, esto significa que probablemente bajemos la generación anual a niveles de 500 mil empleos formales, una cifra que contrasta con los más de 600 mil del año pasado.
Cuando se ve este cuadro, una y otra vez se repite que se requieren ya las reformas institucionales y estructurales que le vuelvan a inyectar nuevo aliento a la economía.
Ojalá realmente hubiera margen para realizarlas desde este mismo año.
Veremos si el balance político que resulta de todo este lío postelectoral da el margen para que, sobre todo, la reforma hacendaria, logre avanzar.
enrique.quintana@reforma.com
