Errores y riegos

Quien no esté dispuesto a tomar decisiones y asumir sus costos, sean cuales fueren, no está hecho para la función pública, dicen quienes le saben a esos temas. La cuestión es muy sencilla, puntualizan: en política no existen los vacíos, porque se llenan hasta de basura, pero se llenan.

Pero, ¿a qué viene tanto rollo? Pues nada, que por acá en el condado hay quien perdió de vista o no sabe cómo funcionan los mecanismos del poder, y eso es grave.

Resulta que, por comodidad, abulia o simple estilo (¿?), hay quienes corren el riesgo de compartir el poder y pasan por alto que, al final del día, las responsabilidades no se reparten.

Viene a cuento el asunto, además, porque en Zacatecas hay dos personajes que hacen y deshacen a su antojo, sin tener nombramiento ni cargo formal en el gobierno.

Y apenas van dos años…

Se trata de quienes palomean listas de contratistas, proveedores y hasta de personas que durante muchos meses han hecho fila para ocupar puestos menores en la administración estatal, sí, de aquéllos y aquéllas a quienes en la campaña electoral de 2010 les ofrecieron chamba y es momento que no les cumplen.

Claro, también nuestros ínclitos y misteriosos personajes hacen negociazos sin dejar huella, porque asignan licitaciones como se les pega la gana, inventan, reinventan y desaparecen obras presupuestadas y programadas… tripulan el desaseado manejo de todas las adquisiciones y, por si algo hiciera falta, tienen bajo su mando a funcionarios de primer nivel que, a fin de cuentas, son quienes firman compromisos y contratos oficiales.

Al paso que van, según la reiterada queja de quienes integran el equipo formal del gobernador, al rato van a aparecer Ruices Fierros por todos lados.

Y apenas van dos años…

Por el momento, y por obvias razones, no vamos a mencionar los nombres de quienes realmente se ocupan de gobernar la entidad, porque eso sería un escándalo y lógicamente provocaría mucho coraje a Simón Pedro de León Mojarro y Juan Alonso Reyes.

El orden de mención es indistinto e intercambiable. Usted no se preocupe.

Pero si tiene alguna duda, pues nada más hay que preguntarles.

Por cierto, alguno de los personajes que hacen y deshacen a su antojo ha dicho que, mientras su firma no aparezca en documentos oficiales, no hay de qué preocuparse. Para eso están los titulares de cada área que, en su momento, pueden ser los responsables de cualquier cantidad de atrocidades y manejos indebidos.

Y apenas van dos años…

Imagínese usted nada más cómo terminaría el sexenio.

Los acomedidos firmones de antojos, caprichos, transitas y megatransas han mandado señales de alerta por todos lados, pero nadie los pela y, con lo escaso que está el jale, la chamba, pues, en vez de conseguirse una pizca de dignidad (¡ya parece!), prefieren seguir enchufados al erario…

De salida

¡Qué bonitos entrometidos!

¡Qué bonita familia!

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