Sólo el magisterio unificado podrá revertir el desastre educativo

El Rector de la Universidad Nacional Autónoma de México ha puesto en la mesa de debate el tema del desastre en que se encuentra el sistema educativo. Aportó datos: “el país tiene un rezago educativo que nos avergüenza… Hay 5.4 millones de personas analfabetas, de éstas más de medio millón son jóvenes de entre 15 y 19 años; 10 millones no han concluido la escuela primaria y 16 millones y medio tampoco la secundaria; sólo 3 de cada 10 jóvenes tienen acceso a la educación superior…”

La Jornada pidió a expertos opinión sobre este mismo asunto y lo que ellos expresaron produjo escalofrío e indignación: “privilegiar a la educación que se imparte en colegios privados se ha convertido en las últimas tres décadas en política de Estado. En esos colegios se concentra un 33.25 de la matrícula total. El Gobierno, coincidieron todos los entrevistados, dejó de impulsar la educación pública superior. Puso a la juventud bajo el poder de la mano invisible del mercado. Con la finalidad de atraer a miles de estudiantes a establecimientos privados con fines de lucro, los grupos en el poder han operado estrategias tendientes a desacreditar a las casas de estudio públicas, o a limitar el acceso a ellas”.

El Informe 2011 sobre Educación Superior en Iberoamérica, elaborado por Universia y el Centro Interuniversitario de Desarrollo, da cuenta de la realidad del subcontinente y del sitio que en ella ocupa nuestro país: Cuba tiene una cobertura total; Venezuela, 79 por ciento; Argentina, 68; Uruguay, 64; Chile, 52; Panamá, 45; Ecuador, 42; Bolivia, 38; Brasil y Perú 34 por ciento, México 32.8 por ciento.

Veamos ahora cuántos de los que ingresan a la educación superior la concluyen. El Compendio mundial elaborado por la UNESCO, 1910, nos dice lo siguiente: Portugal, 45.3; España, 33.1; Brasil, 27.7 por ciento y México 18.1.

El doctor José Narro apunta otro aspecto del rezago: la cobertura en educación media superior es limitada, solamente se cubre 60 por ciento de la demanda, ya son 7.5 millones los jóvenes que no estudian y tampoco cuentan con oportunidades de trabajo. Con tamañas deficiencias, concluye: “México no podrá ser una nación moderna…”

El rezago educativo se atiende menos en estados pobres que en los de mayor desarrollo; menos en indígenas que en mestizos; existen infinidad de escuelas con maestro único; aumenta el ausentismo en las zonas de alta marginación; la mala alimentación de los educandos impide la asimilación del conocimiento; solamente la mitad de los niños concluye la primaria, es mayor la deserción en el nivel secundario; los salarios que se pagan a los educadores no corresponden al trabajo que desempeñan; los mexicanos adultos leemos menos de un libro cada año y medio, contra 18 y 20 en las naciones europeas, los métodos de enseñanza aprendizaje son todavía muy resistentes al empleo de la tecnología avanzada y las innovaciones; la televisión borra lo que en el aula se enseña.

Como el país, la educación va a la deriva, sin rumbo ni asideros filosóficos, a merced de las ocurrencias tecnocráticas o los imperativos del mercado El sistema educativo no es sino el reflejo del modo neoliberal de gobernar, que ha hecho del país una maquiladora de bienes y servicios subsidiaria de los poderes financieros internacionales.

Los gobiernos que sucesivamente han gestionado ese modelo, endosan el fracaso del sistema educativo a los maestros. Organizan campañas para descalificarlos. Los exhiben como irresponsables e indolentes. Les acusan de revoltosos y agitadores. Atizan la división gremial. Incitan al linchamiento social. Saben bien que el magisterio es la primera trinchera a derribar para mantener incólume el andamiaje de la expoliación.

Más y mejor educación, cultura para todos, investigación científica y adecuada aplicación tecnológica, deben ser las grandes prioridades de México, pero lo que ha ocurrido es lo contrario: ninguno de esos rubros ha sido debidamente valorado y mucho menos atendido por las autoridades.

Sólo el magisterio unificado podrá revertir el desastre educativo. Urge el reencuentro de todos sus destacamentos, en pos de un objetivo fundamental: hacer de la educación camino hacia la verdadera libertad, arma de combate contra todo injusto privilegio, agente de la transformación social. El enemigo real no es una organización gremial distinta, sino el régimen que desde hace 30 años nos destroza las entrañas.

Movido por esa causa superior y respaldado por los trabajadores en conjunto, el magisterio unificado podría erigirse en el motor social que ponga en marcha el cambio a fondo de la injusta realidad.

No olvidemos lo que decía el ilustre liberal Ignacio Manuel Altamirano: “desfallecer en la tarea de la educación es allanar el camino a la tiranía doméstica o a la avidez de las naciones extranjeras”.

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