Nueva crisis alimentaria mundial

“Patria: tu superficie es el maíz / tus minas el palacio del Rey de Oros…”

Ramón López Velarde, Suave Patria.

Para enfrentar la crisis actual –que no acaba de ceder ante las políticas de ajuste–, los países industrializados de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), como lo señaló su Secretario Técnico, el notable economista mexicano Ángel Gurría, están procurando la reorientación de la intervención del Estado en la esfera económica de manera conspicua, al menos temporalmente. En cambio, en muchos países de nuestra región la crisis no ha servido para modificar en la práctica las pautas de los diferentes gobiernos en cuanto al balance Estado-mercado en la conducción de su política de desarrollo.

En cambio, algunos de los países de la zona Latinoamericana han tenido un desempeño económico mucho mejor que el que generalmente tienen los miembros de la Unión Europea: Chile, Argentina, Perú, Brasil y México conservan tasas de crecimiento interno aceptables, sobre todo en los términos de la crisis financiera global.

En ese marco, resulta una muy buena noticia el anuncio del Presidente electo de México, Enrique Peña Nieto, de que antes de asumir el cargo para el que se le eligió realizará una gira de acercamiento con países del área Latinoamericana, iniciándola en Guatemala, nuestro más cercano vecino hispanoparlante.

Resulta importante el acercamiento con un área de la que hemos mantenido una relación amistosa, pero distante: hace mucho que México no participa activamente en los organismos multilaterales hispanoamericanos. Ciertamente no se puede aspirar a tener intercambios comerciales muy fuertes con países de estructura muy semejante a la nuestra, pero sí podemos mantener una posición negociadora común, que multiplique las fortalezas y facilite la posición frente a los desarrollados, heridos por la virulencia de la crisis global.

Pero también tenemos en común que se perfila una crisis alimentaria, motivada por la reducción de la oferta agrícola mundial y, para nosotros, del país del que importamos casi 40 por ciento de los alimentos que consumimos, los Estados Unidos. Alguna vez un “prócer” de la modernización apresurada, consideró que era más rentable importar los alimentos básicos, sustento de la dieta del pueblo mexicano, que producirlos. Hoy la escasez motiva el aumento de los precios que se reflejará en la Balanza de Pagos.

Un dato que documenta el pesimismo: Iowa, un Estado de la Unión Americana, produce más maíz que el conjunto de la superficie agrícola mexicana, pero en este ciclo disminuyó su volumen por causa de sequía y falta de apoyos institucionales. Tendimos a menospreciar al maíz, al que se le atribuyó un valor más cultural que alimenticio, pero que con el tiempo adquirió un enorme valor industrial, pues es la base de la fructuosa y de otros edulcorantes e insumos industriales estratégicos de la industria alimenticia mundial.

Excepción hecha del recientemente fallecido Roberto González y su GRUMA.

China, la pesadilla de los librecambistas modernos, produce grandes cantidades de maíz e importa aún más de lo que produce, puesto que tiene que alimentar una población de casi mil 300 millones de habitantes.

De China –aunque usted no lo crea– importamos chile, como también lo hacemos de la India, en tanto esos países, que gracias a sus respectivos procesos de desarrollo, han mejorado sus condiciones de vida, consumen la mayor parte de los excedentes alimentarios del mundo, situación que se torna crítica cuando la producción mundial se contrae en parte como consecuencia de la crisis de productividad como por recurrentes sequías.

Los granos básicos tienen el problema adicional de que su demanda se distribuye entre el consumo humano, el consumo industrial y el consumo animal. Esto refleja el reto a futuro para México de incrementar su producción de alimentos e insumos, cuando la sequía que asoló a la mayor parte del territorio nacional todavía no cede en sus aristas de mayor vulnerabilidad.

Para un área de por sí deficitaria en la producción de alimentos, como Zacatecas, donde la sequía pegó muy fuerte, más que en los territorios circunvecinos, se plantea el problema adicional de reconvertir productivamente al espacio agrícola, para incrementar la producción susceptible de ser exportada al mercado norteamericano, donde existen consumidores potenciales de origen zacatecano, pero además incrementar la producción de alimentos de origen agrícola y ganadero para el consumo interno, ante el potencial e inminente incremento de los precios, presionados por los desajustes en el mercado mundial de alimentos.

Se nos presenta, en nuestro entorno, el reto y la oportunidad de replantear nuestros objetivos y metas de desarrollo con un nuevo gobierno nacional y con un escenario complicado a nivel mundial.

Por cierto, el gobierno canadiense advirtió a sus ciudadanos sobre los riesgos de visitar Zacatecas, por los elevados índices de inseguridad, pero no advirtió a los zacatecanos de los riesgos que los canadienses nos plantean de saquear totalmente las entrañas mineras del Estado.

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