Finalmente, el gobierno zacatecano aceptó que, a escondidas, con el desvío implícito de recursos públicos, fueron destinados más de 16 millones de pesos –según la versión oficial– a reconstruir y adaptar la Casa de Gobierno, o Casa Bellagio, como ya le dicen los propios funcionarios estatales.
El tema, puesto sobre la mesa por NTR Medios de Comunicación hace más de un mes, indignó a muchísimas personas y, en su momento, las autoridades prefirieron guardar silencio y esconder la cabeza.
A nadie le resultó extraño que el gobierno se negara a dar información.
Pero el tema fue revivido ahora por algún iluminado con el evidente y clarísimo afán de colocar al gobernador Miguel Alejandro Alonso Reyes como ejemplo vivo de los derroches, en medio de la pobreza que abruma a cientos de miles de familias zacatecanas.
Y no sólo se revivió un tema superado y agotado, sino que desde el gobierno se eligió al secretario de Obras Públicas, Luis Alfonso Peschard Bustamante, para que informara que no se dará información.
¡Ganó algún concurso de tarugos!
El funcionario de marras encontró el pretexto perfecto para refundir, en el cajón de las sospechas, el detalle preciso de costos y arreglos por supuestas razones de seguridad (¿?).
¡Es un genio incomprendido! Aunque en mi pueblo les dicen de otra manera.
A nadie, en sus cabales le importa saber el calibre de blindajes o el refuerzo de muros con materiales especiales, si es que están incluidos en las obras.
Nadie pidió detalles de seguridad.
Pero sí es de interés público saber, por ejemplo, cómo le hicieron los mismos funcionarios para desaparecer, en obras reales o simuladas, una cantidad de dinero que alcanzaría para más de 200 pies de casa, de los que ofrece el mismo gobierno, en remodelaciones y adecuaciones de oficinas y aposentos para el mandatario estatal.
Alguien hizo un gran negocio, y lo evidencia el propio gobierno al ocultar, deliberadamente, en qué consistió la “remodelación física en obra civil”, a qué se refieren con “obras de especialización e instalaciones”, y la adquisición de mobiliario, porque la Casa de Gobierno estaba en condiciones bastante decorosas.
Por otra parte, ¿a quién carajos le importa si las casas de gobierno en otros estados tienen alberca o zoológicos, cuando en Zacatecas hay cientos de miles de familias que no tienen para comer?
Es una estupidez, por decir lo menos, esa comparación absurda, para justificar lo injustificable.
Y es un insulto, por decir lo menos, el que se hayan utilizado 16.1 millones de pesos, o más de 20 millones, de acuerdo con fuentes que en su momento documentaron el tema de la Casa Bellagio.
Es un agresión a los zacatecanos, igualmente, que se hayan simulado obras como la supuesta “conservación de la infraestructura de las sedes de gobierno para la atención al público” con tal de construir un monumento a la ostentación, con tal de presumir austeridad y darle rienda suelta a los derroches, a escondidas, por supuesto.
De salida
Los iluminados siguen y seguirán ayudando al gobernador. ¡Y vaya manera de hacerlo!
