Ser-así ser-ahí

Como guadalupano, que no guadalupense, y católico, el día 12 de diciembre nos aprestamos a temprana hora para ir a mirar, rezar y persignarnos en la Iglesia de la Villa de Guadalupe.

En ambiente festivo con cohetes surcando los aires y los fuertes truenos generados por la combinación de espoletas y pólvora.

Por favores recibidos y por la devoción que profesamos desde que tenemos memoria nos hicimos presentes.

Se los confieso, no nos habíamos percatado de algo que para nosotros es terrible, porque atenta contra nuestra identidad, desde luego producto de la llegada de los españoles, pero bueno al fin y al cabo el mestizaje y su influencia en muchas cosas contaminó, para bien y para mal.

El kiosco que se encontraba en pleno jardín desapareció.

Sabíamos y observamos los trabajos que se realizaban para cambiar la fisonomía y dejar una gran plaza, pero no que le iban a poner en la torre al kiosco, donde sábados y domingos no sólo los grupos de scouts realizaban alguna actividad, sino también parejas de jóvenes, niños y mayores.

Los templos, plazas públicas con su jardín y su kiosco para los mexicanos han sido un signo de identidad. Se construyeron desde que llegaron los colonizadores.

Fue y ha sido un punto central del escenario para que allí mostrara su talento el conjunto musical de la población y la gente fuese a dar la vuelta por las noches y fines de semanas, sobre todo luego de asistir a misa a temprana hora o tarde, según la costumbre local. Era y ha sido parte de las congregaciones dominicales de la gente.

En Aguascalientes, la ciudad, también destruyeron su kiosco de la plaza principal (antes llamada plaza de armas), y se construyó la Exedra, monumento que representa el centro de México, con una columna jónica en cantera rosa.

En San Luis Potosí por fortuna se mantiene su kiosco y ha sido declarado en honor de todos los músicos de México, en donde también está incluido nuestro Genaro Codina, Juventino Rosas y otros grandes del siglo pasado. A nosotros ya nos tocó la música de Pérez Prado.

En Guadalajara hay tres plazas alrededor de la Catedral y en una hasta le colocaron un hemiciclo.

No hubo razón para que se quitara el kiosco en Guadalupe, que tenía años y años de estar ahí, desde el siglo pasado, cuando menos. Guadalupe ya existía cuando pasó el cura Miguel Hidalgo hacia el norte.

Criticable para quien lo haya hecho con o sin la autorización del ayuntamiento que preside Rafael Flores Mendoza u Obras Públicas del gobierno del estado, cuyo cargo ocupa Luis Alfonso Peschard Bustamante.

Tiempo atrás la masa vecinal se había manifestado en contra de que se quitara el empedrado de un puente ubicado al costado del Museo Virreinal, que porque por allí pasaban los frailes descalzos que iban a evangelizar –catolizar– Texas, y ahora más allá de algún lamento no escuchamos más, pero porque se modificó la plaza, no por el retiro del inmueble que tiene su historia.

Cuando llegan a los gobierno personas sin conocimiento de la historia a veces tienen ideas buenas pero también otras muy malas.

En Zacatecas a lo mejor jóvenes y niños que hoy patinan, literalmente, no han de saber que tiempo atrás el piso de la Plaza de Armas, en la capital, se encontraba al nivel del de la calle o avenida Hidalgo.

Las gradas que ahora están para bajar a la plaza antes eran para entrar a Palacio de Gobierno y a un gobernador como José Isabel Rodríguez Elías se le ocurrió cambiarlo, bajarlo y hubo cuestionamientos de la gente, decían que había construido una alberca, pero quedó mejor.

Las modernidades que imponen algunas administraciones públicas a veces son acertadas, pero como en el caso en ocasiones atentan contra la historia, la estética y hasta la identidad.

Los kioscos no deben de ser eliminados así como así.

Debe haber ciudadanos que no sólo cuestionen sino que se movilicen para evitar un mayor deterioro de nuestro patrimonio.

Hay otros antecedentes de los atentados a los edificios y espacios públicos.

En 1935, cuando se urbaniza Loreto, Zacatecas, se hizo su plaza con su kiosco, modesto si quieren, pero en 1972 lo destruyeron y ya con Eliseo Diosdado Dueñas se reconstruyó; sin embargo durante el gobierno de Ricardo Monreal se volvió a destruir.

Cuando Pedro Martínez Flores fue presidente municipal (PAN) en Calera, Zacatecas, se intentó igual quitar el kiosco y el arbolado de la placita o jardincito ubicado frente al palacio municipal.

Y colocar allí un gran centro de comunicación mundial, es decir una pirámide y dentro de ésta tres computadoras con Internet para estar enlazado.

Por fortuna esa ocurrencia o estúpida idea de algún cercano al ahora ex dirigente estatal del blanquiazul se desechó y mantuvo su aspecto, sólo se le dio una restauradita y quedó como lo miramos ahora.

En cambio la dichosa pirámide como ya estaba licitada y contratada como obra pública pues tuvo que ir de peregrina, de un lugar a otro y otro hasta que finalmente se le dio un rinconcito allí en donde hoy está la Central de Bomberos, a la entrada al poblado del lado izquierdo, muy deteriorada, por cierto, con los vidrio estrellados y sin mantenimiento, pero bueno, preferible allí que en pleno centro de la cabecera municipal ¿o no?

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