Adeptos, aunque sean ineptos
A raíz de una colaboración anterior, “La visión estadista para México desde las escuelas de educación superior” (https://ntrzacatecas.com/?p=40455), en la que abordaba una necesidad de que las instituciones de educación superior de este país -sobre todo las públicas y aún más las autónomas- puedan luchar por hacerse de un espacio en la toma de decisiones pública a través de aportaciones de sus integrantes académicos en relación con lo local, tuve une serie de reacciones de varios lectores que me dejaron pensando. Verán.
Algunas de las personas que me escribieron, me hicieron saber que estaba muy bonito todo lo que había plasmado en mi texto, pero que desafortunadamente hoy en día muchas escuelas -particularmente universidades- tenían bastantes conflictos internos como para hacerse cargo de los problemas de la sociedad, como si fueran ellos los responsables, es decir, como si se tratara de sustituir al gobierno. Pero no, no es ese el fin.
Es entendible que las escuelas de educación superior tengan varios asuntos pendientes internos que resolver (no hay organización pública perfecta), que pueden significar enfocar tiempo, recursos y energía a ello, pero no debemos perder de vista que, independientemente de las problemáticas particulares, se sigue teniendo un compromiso social con la comunidad en la que inciden. Ello significa, me parece, la exigencia propia de los integrantes de la institución de enforzarse en buscar incidencia permanente en la solución de problemas públicos.
Luego, hubo otra persona que me recordó la gravedad de la situación financiera de muchas entidades educativas de nivel superior, lo que las hace estar sujetas a los designios de los gobiernos; dicho de otra manera, como hay instituciones educativas que permanentemente están lidiando con su déficit de recursos financieros para hacer frente a compromisos elementales como el pago de nómina, no disponen de margen económico para realizar ejercicios que abonen a la solución de los problemas públicos, es decir, no tienen dinero para asumir los costos de estudios académicos, investigaciones, alianzas estratégicas y mantenimiento o mejora de instalaciones para tener espacios de vanguardia, entre otras cosas. O sea, grandes limitaciones presupuestales.
También, otra persona me compartió ideas de cuando había proyectos reales de vinculación de educación superior con los gobiernos, empezando por la capacitación de los propios funcionarios públicos, es decir, de tiempos donde había una buena relación (propositiva, creciente, valiosa, sin politiquería) entre gobiernos y universidades para que se crearan ejercicios de capacitación y profesionalización constante a funcionarios, particularmente para el uso de determinadas herramientas de vanguardia que le permitieran un mejor desempeño al funcionario y, en consecuencia, la dependencia tuviera eficiencia.
Y de ahí viene el título de esta colaboración.
Pareciera que, a juicio de muchos, hoy día permea una idea lastimosa para la sociedad: que en el gobierno (quien lo tenga, ejerza o detente formal o informalmente), tenga muchos adeptos, aunque estos sean ineptos.
Y hemos visto muchos ejemplos en los años recientes de gobernantes con una nula preparación para la tarea de conducir los destinos de la población en un territorio, pero que tienen una amplia popularidad o bien, son los beneficiarios del rechazo social a una expresión política.
Aquí, inserte Usted el ejemplo o personaje que le venga a la cabeza, relacionado con un pésimo gobierno o bien, con una amplia popularidad y que, al amparo de ella, ha ganado elecciones, pero ha quedado muchísimo a deber en su desempeño.
Dicho de otra forma, ponga Usted en este espacio de reflexión el nombre de la persona por la que electores han votado con base en su popularidad y no en su capacidad o experiencia (sapiencia probada en un mundo que requiere de los gobernantes las mayores capacidades, competencias, habilidades, destrezas y demás para construir gobiernos con equipos sólidos) y, a la postre, eso resultó (o ha resultado) en malos gobiernos que no solo no permitieron el avance, sino que significaron retroceso. Esos personajes políticos han fomentado la idea de necesitar adeptos, aunque sean ineptos, que al cabo la sociedad puede sacrificarse.
Hay quienes consideran que el neoliberalismo generó competitividad entre funcionarios públicos que, gracias a sus credenciales académicas, relegaron a los políticos de carrera o de partido. Es decir, las exigencias del mercado y su influencia o búsqueda de incidencia, generaron que el funcionario tuviera mucho mayores características técnicas para un mejor desempeño en el servicio público y ahí se insertaron las universidades, tratando de hacerse un espacio para dominar espacios de interés -particularmente económico- que les redituara en una buena reputación. Sea como sea, las instituciones de educación superior públicas deben pelear por un lugar de incidencia pública, formando cuadros socialmente comprometidos y no solamente políticamente ávidos de poder.
De esos, ya tenemos suficientes. Necesitamos capacidades y no complicidades, más ahora que empezamos a ver a quienes ya se mueven para competir en 2024. Todo necesita diques.
