Arturo Rivera Trejo
Arturo Rivera Trejo

En una sociedad como la nuestra, con un alto grado de complejidad, no se puede más que señalar sus defectos.

Max Horkheimer

 

La formación de equipos de trabajo que luego se convierten en grupúsculos políticos, junto con el arribismo de muchos improvisados de la política, la presencia de los recomendados de siempre para ingresar en la administración pública, constituyen elementos del padrinazgo político.

Cuántas veces hemos visto dentro de las filas de los partidos y dentro del gobierno, la presencia de un dirigente con elevada influencia que mantiene un grupo de “colaboradores” incondicionales en donde se impulsa a algunos de ellos, como los preferidos para “recomendarlos” a ocupar cargos de elección popular o colocarlos dentro de un puesto de la administración pública sin tener la trayectoria o el perfil adecuado a las funciones requeridas.

Con el padrinazgo se elimina la eficacia de un Servicio Profesional de Carrera que garantice mejoras en la realización de prácticas eficientes dentro de la administración pública. Los vicios que acompañan al padrinazgo y al compadrazgo político impiden la realización de proyectos públicos de largo aliento debido a rápida rotación de los grupos de poder ante cada nuevo período electoral.

Hay una relación directa entre calidad del servicio público en el ejercicio gubernamental y la designación de cargos administrativos por la vía del padrinazgo. Aunque se vea muy mecánicamente el asunto, sabemos que a mayor padrinazgo y recomendaciones hay un empeoramiento en el ejercicio de la administración pública y de la propia política partidaria.

Actualmente el ascenso al poder político y administrativo, ya no se alcanza por la vía de pasos graduales y méritos propios, sino por el patrocinio y la recomendación que hacen los integrantes con mayor poder dentro de las élites políticas para promover el ascenso de los colaboradores o amigos más fieles.

El arribismo, los contactos, las fidelidades políticas, el compañerismo de partido se gestan en la mayoría de los casos desde los estudios universitarios de los políticos, cuando los tienen esos estudios. Existen testimonios de gobernantes que designan sus equipos de trabajo con base en el amiguismo de la adolescencia. Por ejemplo, el que fuera Presidente de la República José López Portillo, designa como Jefe de la Policía en el DF a Arturo El Negro Durazo un verdadero delincuente, quien lo defendía de las agresiones de otros compañeros en la escuela secundaria.

El tiempo nos ilustrará de cuántos colaboradores de Miguel Alonso Reyes y sus recomendados a Senadores y Diputados, se designaron en base al amiguismo en aquellos tiempos del Colegio Margil de Zacatecas.

Cuando se presenta el relevo administrativo en un gobierno, también ingresan nuevos equipos o camarillas políticas que se expresan en una amplia red de colaboradores que se suman a los ya existentes, elevando así las filas de la burocracia gubernamental, pues sólo son relevados los altos mandos. Pero lo que se desplaza y se releva totalmente, son los proyectos de obra o de inversión debido a los nuevos intereses económicos de las camarillas políticas en ascenso.

Ésas son las nefastas consecuencias del compadrazgo político, la designación de cargos públicos no se dan sobre la base de datos curriculares, información de la trayectoria, el conocimiento crítico, habilidades y destrezas de los que serán titulares en alguna función pública. Insisto en que la sustitución de las élites o camarillas políticas están sujetas a una rápida rotación sólo en los mandos medios de poder, dejando en el camino proyectos incumplidos u obras a medias, pues los grupúsculos ya lograron lo que esperaban, más poder político y económico para luego transitar a otras esperas de la administración pública donde se repite el ciclo de mayor enriquecimiento, mayor poder, mayor corrupción y mayor reproducción de las burocracias, aunque con las mismas élites de poder.

Esto explica la producción y reproducción de las élites políticas, que nunca salen de forma definitiva del círculo del poder real. Conformando así una la clase política en nuestro país con sus diferentes intereses y alianzas para mantenerse dentro de la estructura de Estado. Cualquiera que sea la militancia partidaria, los integrantes de la élite política siempre se reacomodan, se reubican, se recomiendan entre sí, se redistribuyen en un juego permanente de intereses económicos y políticos.

La fidelidad de los colaboradores a los altos mandos es una condición para la reproducción del padrinazgo político. No hay padrino político sin ahijado fiel. Y no hay carrera política sin padrino fuerte.

Así estamos y así nos va.


Nuestros lectores comentan

  1. Muy atinado el comentario. Por eso la inviabilidad del servicio civil de carrera en gobiernos como el de Zacatecas, por mas proyectos técnicos que se elaboren y promesas políticas que cínica mente se hacen, a sabiendas de que no se realizarán.
    Los sistemas de escalafón, que abarcan solamente al personal de base, aún tienen grandes limitantes para su aplicación y efectividad, pues aunque se logre el ascenso, en términos de categoría, sigue prevaleciendo el factor lealtad y compromiso al de capacidad y desempeño.
    Me dijo un viejo priista: “En política está el que cabe, no el que sabe”.