Gabriel Rodríguez | ntrzacatecas.com
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Zacatecas.- En el parte oficial brindado este domingo por los cofrades, luego del tradicional desfile realizado por las principales calles del Centro Histórico, trascendió que este año participaron 11 mil 700 personas en las tradicionales Morismas de Bracho.

Además, esa festividad se ha vuelto internacional al haberse representado en Ontinyent, Valencia el año pasado, con el fin de enlazarla a otras escenificaciones similares en España.

Representantes de la embajada de Brasil en México, de visita en la celebración, indicaron a funcionarios del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CNCA) su deseo por llevarla a tierras cariocas el año próximo.

Con toda su vistosidad, engalanados con las vestimentas requeridas para tan importante celebración, miles de zacatecanos y zacatecanas marcharon por la avenida Hidalgo hasta Lomas de Bracho, donde escenificaron la primera parte de la batalla dominical.

De acuerdo con informes de las cofradías, en el desfile participaron ocho batallones turcos y ocho cristianos, cada escuadrón con dos batallones de artilleros y bandas de guerra tanto infantiles como mixtas, a las que se sumaron cofradías de Hacienda Nueva, Sauceda de la Borda, Tacoaleche, Vetagrande y Calera.

El gobernador Miguel Alonso Reyes, en compañía de diversos funcionarios presenció dicha desfile en el estrado del Mercado Jesús González Ortega, y luego se trasladó hasta el lugar de la batalla.

 

Un poco de historia

Felipe Escobar Galicia, cronista de las Morismas de Bracho, destacó que La Morisma inició en Zacatecas en 1824 con sólo 14 personas, en un lugar conocido como San José de Gracia, ubicado a un costado del templo de San José de la Montaña.

Fue ahí cuando tuvo lugar por vez primera la representación de la batalla naval de Lepanto, contó el cronista.

Sin embargo, no fue sino hasta 1841 cuando las escenificaciones se trasladan a la Isabelica, que era un lugar bastante retirado, por lo que algunos fieles facilitan a los primeros cofrades de Zacatecas la imagen de San Juan Bautista, ubicada en la Catedral Basílica.

Los organizadores piden como requisito que se establezcan las fiestas en un sólo lugar para realizar la veneración del santo de manera adecuada, “como debía de ser”, además solicitan la construcción de una capilla con el fin de que el Bautista estuviera resguardado en un espacio digno.

Los celebrantes encontraron un espacio idóneo en Las Lomas de Bracho, donde se llevaban a cabo misas cada mes, hecho que ocurrió de manera formal en 1851, a partir de ese momento se comienzan a nombrar Morismas de Bracho.

 

El significado de las Morismas

Escobar Galicia señaló que desde el punto de vista religioso, las Morismas fueron adaptaciones y representaciones de las batallas que tuvieron moros contra cristianos durante la edad media.

Las primeras representaciones tuvieron efecto en México entre colonizadores e indígenas, por medio de danzas, obras de teatro, juegos de cañas y muchas otras.

En México, el principal bastión donde las morismas iniciaron fue en Tlaxacala, y 1731 comienzan a circular en territorio nacional, ya que de acuerdo con crónicas, las representaciones derivan desde que se colocó la primera piedra de la Basílica de Guadalupe en la ciudad de México.

Esas primeras escenificaciones estaban realizadas por grupos de indígenas en contra de los conquistadores, para lo cual aventaban flechas al cielo y cuando éstas terminaban, se liaban a golpes entre ellos mismos como parte de su euforia escénica.

Aquí en Zacatecas se dieron algunos juegos escénicos mediante diversas representaciones, pero no a golpes.

La primera representación tuvo efecto en Zacatecas en 1824, en ella ya se veneraba a San Juan Bautista, relató Escobar Galicia.

Tal hecho se determinó porque la primera hermandad era la que veneraba a San Juan Bautista, tradición que perdura hasta el momento.

Lo que se sabe es que la fiesta de las Morismas coincide con el martirio de San Juan Bautista, ocurrido el 29 de agosto del año 28 de la era cristiana, cuando fue decapitado por Herodes Antipas.

“Pero si quienes iniciaron la festividad hubieran hecho la advocación a otro santo, se habría adorado a quienes ellos hubieran impuesto”.

La escenificación tiene que ver en esencia con la batalla naval de Lepanto, que fue en el mar.

El cronista refirió que es tal la relevancia que las Morismas de Bracho tienen a nivel nacional e internacional que la festividad obtuvo hace un par de años el primer lugar del Concurso Nacional de Ciencias y Artes organizado por la Secretaría de Educación Pública (SEP).

Fue por ello que hace un año se escenificó en Ontinyent, Valencia, España, con lo que detonó el contacto con todos los lugares a nivel mundial en donde se escenifican las morismas, lo que le dio mucha difusión a Bracho en espacios internacionales.

“Pero en este momento ya quieren que vayamos a Brasil y eso es una satisfacción muy grande para nosotros”, sostuvo.

El cronistas de las morismas explica que uno de los hechos que destacan cada año es que la festividad se hereda de padres a hijos; “aquí hay muchos niños y señoras que en cuanto terminan su gestación los traen de brazos, recién nacidos”.

“Los encomiendan a San Juan Bautista; incluso hay personas que dentro de sus matrimonios no pueden tener familias, pero vienen y le piden con mucha devoción y fe, y al año siguiente ya andan por aquí con sus hijos”.

 

Un final atronador

Emocionados, los zacatecanos realizaron la última parte de la escenificación de La Morisma, de nuevo, la tarde de este domingo, momento culminante que ocurre cuando en el cerro de San Martín se forma una cruz monumental con un promedio de 600 a 700 personas, incluidas bandas de guerra y el grupo de los 12 pares de Francia.

Mientras tanto, en la parte trasera de ese cerro se colocaron un promedio de cuatro mil a cinco mil habitantes de Zacatecas y los alrededores, quienes en un momento dado, cuando la cruz humana desciende, arropan a Alonso de Guzmán y el rey Felipe II.

Todos ellos se dirigen a Bracho, donde rescatan el castillo que se halla en manos de los turcos, en donde se encuentra encerrado el católico Juan de Austria, que la tarde del pasado sábado fue vencido en una batalla.

Los católicos que descienden de San Martín son los representantes de la Liga Santa, formada cuando Pío V era Papa con la finalidad de pelear contra la impiedad otomana, quienes detentaban en ese momento una fuerza naval muy grande contra la cual no podían los católicos.

La Liga Santa, integrada por Venecia y el papado fue integrada para vencer en el mar a los turcos y recuperar el castillo.

Cuando liberan a Juan de Austria, dentro de los parlamentos ocurre la conversión religiosa.

“En ello tiene efecto la conversión de la creencia musulmana a la cristiana; el sábado el rey turco fue favorecido por su dios Alá, pero el domingo pierde”.

“Y al perder, reniega de su dios y dice: ¿Cómo es posible que me hayas abandonado en los momentos más difíciles para mí como representante de mis huestes?”.

Al momento de renegar de su divinidad, acepta que el Dios cristiano es más fuerte que el suyo.

Es en ese instante cuando el rey moro pide permiso al Rey Felipe II para ser bautizado, pero aun cuando Juan de Austria le perdonara la vida un día anterior, los católicos no tienen piedad con él y lo decapitan.

Se trata de un momento tan especial que cuando lo decapitan, salta una paloma que simboliza el alma del turco convertido al cristianismo.

Más allá de las decenas de miles de litros de alcohol que corrieron como ríos durante los tres días de la festividad y de los niños perdidos y encontrados durante esas jornadas, el reporte de este año se registró como de “todo en orden”.


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