Francisco Javier Madera Maldonado*
Francisco Javier Madera Maldonado*

Los seres humanos en la evolución nos hemos distanciado de los instintos que rigen a los otros animales de la tierra; nuestro ser de “Homo sapiens” necesita de pautas de conducta que lo lleven a convivir con otros seres humanos y con su entorno.

A lo largo de la historia han surgido códigos de conducta, algunos escritos y otros sólo de palabra, ejemplo de los primeros sería el código de Hammurabi (1750 aC) o las Tablas de la Ley del pueblo de Israel (1250 aC); de los segundos estarían los códigos piratas, e incluso las reglas que los niños pactan a la hora del receso para el juego, o las que los padres de familia utilizamos en la convivencia doméstica.

Todas estas normas escritas o no, en el momento que las volvemos parte de nuestra vida, son lo que podríamos llamar de manera general “moral personal”, es decir: es la idea que cada ser humano tiene de lo que es bueno o malo, la cual puede compartir con una persona, comunidad o población. La moral de los zacatecanos es diferente a la moral de los chiapanecos, aunque tengamos puntos comunes como mexicanos.

La forma en la que nuestros padres fueron educados, el tiempo, las circunstancias, el lugar donde vamos a vivir son una parte importante para el desarrollo de nuestra moral personal. Por lo general cuando acusamos a una persona de no tener moral, nos referimos a que no comparte mi moralidad, es decir mis costumbres.

Partiendo de lo anterior podemos afirmar que todos los seres humanos somos morales, porque todos tenemos una moralidad, que es con base en la cual nos conducimos en nuestra vida cotidiana.

Por otro lado, los profesionistas, debido al grado de conocimientos que han adquirido en su formación y dadas la herramientas que éste les brinda a quienes lo adquieren, puede generar abuso o distorsiones de la misma; ello ha generado que ya sea reunidos en colegios, sociedades, gremios, etcétera, emitan una serie de normas de conducta que habrán de respetar los que participen de dichos conocimientos o profesión (la confidencialidad es un código estipulado en varias profesiones de la salud) estableciendo lo que conocemos como “Códigos éticos profesionales”.

Algunos de estos códigos han quedado plasmados en la historia, siendo uno de los más conocidos e incluso aún citado el “Juramento Hipocrático” (460 aC) que principalmente los médicos hacen de manera pública al concluir sus estudios de licenciatura. Si bien es cierto el código de ética del médico es más extenso que el citado, nos da luces de cuan antigua es la búsqueda de plasmar directrices que rijan a los que ostentan determinadas profesiones.

De esta manera podemos afirmar que a la moral personal se suma el “compromiso” adquirido al finalizar la licenciatura para conducirse en el ámbito de su profesión acorde con un código ético definido.

Ante lo aquí expuesto podríamos preguntarnos qué lugar queda para la bioética; por lo que necesitamos partir de una de las definiciones más aceptadas; Warren Reich (1978) nos dice que es el “estudio sistemático de la conducta humana en el área de las ciencias de la vida y de la salud, examinado a la luz de los valores y de los principios morales”. Con dicha definición podemos observar que entran en juego varios elementos, destacaremos en primer momento lo que hace referencia a conducta humana. ¿A qué conducta humana nos referimos? Aquí entran en juego varios actores; los más evidentes son el profesional de las ciencias de la vida (médico, psicólogo, enfermera, odontólogo, agrónomo, etcétera) y los que interactúan con estos profesionales, los usuarios.

La bioética no es una cuestión subjetiva o personal, sino relacional, el punto de encuentro es la relación que se entabla con el denominador común de las ciencias de vida, donde se debe llegar a un consenso entre las partes para tomar decisiones “buenas o malas” acordes con la realidad de los actores; por ello los principios como “autonomía, beneficencia, no maleficencia y justicia” se levantan como los mínimos requisitos de dicha relación.

En pocas palabras podríamos decir: la moral es la visión de lo bueno o malo de mi conducta en mi vida cotidiana; la ética profesional es el compromiso que asumo para ejercer determinada profesión respetando dichos cánones; y la bioética la forma en que nos relacionamos dos actores en el terreno común de las ciencias de la vida.

 

*Secretario Técnico del Consejo Estatal de Bioética


Nuestros lectores comentan

  1. Por casualidad me he encontrado en esta pagina y me parecen opiniones interesantes sobre temas de Bioética. ¿Todo el Comité Nacional de Bioética piensa igual? ¿Es el de Mexico?