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Nápoles.- Realizar un viaje al subsuelo y al pasado es posible en la ciudad italiana de Nápoles, donde un grupo de geólogos recuperó el Túnel Borbónico, un corredor subterráneo que el rey Fernando II de Borbón mandó a construir en 1853.

La “ciudad subterránea” está integrada por el Túnel Borbónico, por enormes cavidades de época medieval usadas como cisternas y los restos de un acueducto de casi dos mil años de antigüedad, explicó el geólogo Enzo De Luzio, vicepresidente de la asociación Borbónica Subterránea.

Recordó que el Túnel Borbónico era un espacio estratégico-militar y fue mandado a construir por Fernando II de Borbón para conectar el Palacio Real con los cuarteles militares y con la Plaza Vittoria, próxima al mar, con el objetivo de ser usado por las tropas o para que sirviera como vía de fuga de los propios monarcas.

En un recorrido ofrecido a la prensa, De Luzio informó que el túnel fue reabierto al público en 2011, luego de más de cinco años de trabajo de cientos de voluntarios, que sin ningún apoyo oficial decidieron recuperar un espacio considerado patrimonio no sólo de los napolitanos, sino de toda Italia.

El silencio reina a casi 40 metros de profundidad en esa ciudad “paralela”, que custodia el pasado de la bulliciosa Nápoles, una de las urbes más caóticas y vitales de Italia y antigua capital del Reino de las Dos Sicilias.

Varias fotografías en la entrada, pero sobre todo los restos de automóviles militares de los años 30 y 40 dan testimonio del uso que tuvo el Túnel Borbónico durante la Segunda Guerra Mundial.

Sirvió de refugio a miles de napolitanos para escapar de los más de 200 bombardeos, primero aliados y después nazis, que asolaron a la ciudad en el periodo bélico.

Entre quienes se refugiaron en el Tunel Borbónico está el actual presidente italiano Giorgio Napolitano, que -según algunos testigos- aprovechaba la reunión forzada de cientos de personas para repartir propaganda antifascista, una acción que entonces se podía pagar con la vida.

“Noi vivi” (Nosotros vivos), fechado el 26 de abril de 1943, quedó escrito en uno de los muros de la “ciudad subterránea”, como testimonio dejado para la posteridad por los supervivientes de unos de los más feroces bombardeos contra Nápoles, asediada porque era uno de los principales puertos mediterráneos.

Gianluca Manin, geólogo y presidente de “Borbónica Subterránea” explicó que la zona rescatada llega a casi 20 mil metros cuadrados de terreno, incluidos unos siete mil metros del Túnel Borbónico.

Dijo que durante su recuperación se descubrió que el túnel se conectaba con otras cavidades, entre ellas el antiguo acueducto del Carmignano (1627-1629), que estuvo en funciones hasta el siglo XIX.

Se trata de cisternas inmensas excavadas en el tufo o roca caliza creada por las erupciones volcánicas (de más de 10 mil años de antigüedad).

Nápoles fue edificada encima de los Campos Flégreos, un amplio campo volcánico que en el pasado hizo cientos de erupciones pequeñas y dos enormes: una hace 30 mil años y otra hace 14 mil 800 años, que produjeron el tufo amarillo napolitano, usado como material de construcción de la urbe.

Los Campos Flégreos son considerados activos y teóricamente más peligrosos que el vecino volcán Vesubio, responsable de la erupción que sepultó a las ciudades de Pompeya y Herculano en el año 79 de nuestra era, recordó Manin.

Por ello la zona es una de las más monitoreadas del mundo, cuenta con 24 bocas de cráteres y elevaciones volcánicas y con un sistema hidrotermal que desde época romana ha atraído a los visitantes.

“Aquí hemos encontrado de todo, desde inscripciones medievales, hasta cascos de soldados de la Segunda Guerra Mundial o incluso excusados de inicios del siglo XX”, señaló Manin.

Aseveró que las excavaciones continúan y que ya miles de turistas visitan la zona anualmente, aunque la idea es convertirla en un centro neurálgico de la vida social, cultural y artística de Nápoles.


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