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hoja coca

Lima.- Esa pequeña hoja aovada de verde olivo en el haz y verde gris amarillenta en el envés, hoja coca de ocho centímetros de largo y cuatro de ancho, es tan antigua como las culturas pre incas, la Nazca, la Mochica y la Chimú.

Hoja bendita y sagrada para el Inca, para el hombre de los Andes con más de cuatro mil años. Hoja mágica, hoja coca, que a través del tiempo y la historia hace parte de ese mundo mágico religioso de la cultura milenaria de los andes.

Coca, satanizada por la cultura occidental, por el hombre contemporáneo, por el hombre que cree tenerlo todo y saberlo todo; el que cree tener la sabiduría de la humanidad.

Hoja que crece en los picos de mil 500 metros de altura sobre el nivel del mar, hoja que se resiste a morir porque hace parte de una cultura avasallada pero viviente.

“No nos cansaremos de reclamar a otros pueblos y al mundo que este alimento está íntimamente ligado con nuestras costumbres, leyendas y tradiciones. La supresión significaría también la desaparición de sus habitantes.

El indio no tiene por qué merecer vejámenes o restricciones por culpa de los viciosos de occidente”, es la voz de protesta de los campesinos indígenas desde años atrás ante las autoridades locales y organismos internacionales.

Las pequeñas bolsitas con hojas de coca con sustancias alcalinas que los investigadores han hallado en las tumbas y resto de las culturas Nazca siglo II y X A.C , Mochica del S IV XI y Chimu S X XV, es un indicador del origen milenario de la “hoja sagrada”.

La coca, tiene 25 variedades, según las investigaciones botánicas, de las cuales, 23 son silvestres y dos cultivables y son estas últimas las que contienen diferentes grados de alcaloide.

En el campo botánico pertenece al género Erythroxylom, de la familia de las Erithroxilaceas. Las dos especies cultivables están clasificadas como la Erythroxylom coca o coca Huánuco y la Erythroxylom Novogramatense, o hoja del Alto Huallaga.

De acuerdo con los estudios químico- botánicos, la coca del Alto Huallaga contiene más cantidad de alcaloide que la Huánuco. Esta es una de las razones para que la zona del Huallaga (alto, medio y bajo) concentre los mayores cultivos en Perú.

El cultivo de la hoja de coca se hace básicamente en los andes orientales de Perú y Bolivia, y en Colombia, Ecuador y Brasil. Los mejores terrenos para las cosechas son los húmedos y en una temperatura entre los 18 y 25 grados centígrados.

Sin embargo, las investigaciones de tipo etnohistóricas y arqueológicas lograron establecer que con el tiempo el cultivo se extendió a otros niveles de los Andes y concluyeron que si bien la mejor coca es la de las zonas húmedas, no hay mucha pérdida de calidad en el producto en temperaturas altas o bajas.

Tiene la virtud de producir mil 200 kilogramos por hectárea, y a partir del quinto año se puede obtener cuatro cosechas en los 365 días y desde el momento de sembrar la semilla.

El indio, el campesino o el cocalero sabe que cuenta con su dulce amiga durante 60 años consecutivos, sin importar las inclemencias de la naturaleza.

El primer año se le protege con otras plantas, luego se puede dejar sombras de mayor altura. Los cuidados del cultivo son pocos una vez que las plantas han crecido lo suficiente.

Fuera del alcaloide, la Coca en su estado natural es una de las vitaminas más completas que puedan existir en el mundo de la botánica: Vitaminas B1, B2, C, tiene hierro, calcio, sirve para los dolores estomacales, la fatiga, malestares gastrointestinales, para el soroche o mal de altura.

Quizá, estas cualidades propias de la naturaleza, fue un elemento para que el hombre de los andes, le diera una categoría divina, mágico religiosa y la bautizara como “La hoja Sagrada del Inca”.

El padre boliviano Blas Valera, investigador de la hoja de coca sintetizó en el siguiente relato el significado que la hoja tenía y tiene para el indígena de los andes:

“Los indios que la masticaban se mostraban más fuertes y más despiertos para el trabajo; y muchas veces contentos con ella, trabajaban todo el día sin comer (…)

La coca preserva el cuerpo de muchas enfermedades y nuestros médicos usan de ella hecha polvo, para atajar la hinchazón de las llagas, para fortalecer nuestros huesos quebrados y para dolores de estómago” .

Los amautas, sabios, consejeros o adivinos usaban y usan la hoja de coca para pronosticar la ventura, la desgracia, la fortuna, el amor, el desamor, la suerte. El humo de las hojas o tallos quemados sirven para purificar el aire y alejar a los malos espíritus y las enfermedades

Para el también investigador, Fernando Cabieses desde el punto de vista mágico religioso la coca crea solidaridad en el grupo, amistad, cordialidad, sabiduría, valor y armonía con el mundo sobrenatural.

“El hallpay -que es el acto de masticado o “chacchado” de coca- en común se realiza con frecuencia variable. Es en realidad una forma de comunión, por lo social, por lo sagrado y porque santifica la reciprocidad en presencia de las deidades, como parte fundamental del orden cósmico, explica Cabieses en una de sus obras sobre el tema.

Los K’intus son las hojas de coca escogidas que soplan antes de mascar, al momento de hacer una invocación. Soplar los k’intus es parte de la etiqueta, parte de los buenos modales de la coca, y la invocación pronunciada es elemento indispensable del significado mítico y místico del acto del hallpay.

Esta invocación o pukuy expresa la relación entre el hombre y los seres espirituales que constituyen el alma de los elementos geográficos que rodean al hombre andino.

Para Cabieses “la integración de las organizaciones de espacio, sociedad y religión en un solo concepto, se realiza en el alma indígena durante esta ceremonia”.

La coca es un lazo de integración entre el hombre, la naturaleza, es esencia de la idiosincrasia del hombre de los Andes. Es un símbolo que permite comprender la cultura andina en el pasado, presente y futuro y en palabras de Cabieses es la relación “de lo de aquí y lo de más allá, entre lo natural y lo sobrenatural, entre los humanos y sus deidades”.

Esta pequeña hojita es esencia y aroma de la medicina folclórica, de la medicina popular, es sustancia para los curanderos o “Jampicog, para los adivinos, es moneda o trueque en el comercio de los andes, es misterio, es alegría, es virilidad, es riqueza, en síntesis es: Vida.

En uno de los relatos del fallecido Augusto Márquez Arquínigo, hacendado de la provincia de Ancash al norte de Perú, y nieto de uno de los “Jampicog” o curanderos más prestigiosos que tuvo la región en el siglo XX en la región, se descubre la grandeza de la K oca para la medicina tradicional y para los rituales en las comunidades.

Márquez Arquínigo en sus relatos anotó que antiguamente los curanderos comprendían rápidamente la gravedad de las enfermedades de sus pacientes y una vez que hacían el diagnóstico trataban al enfermo y en la mezcla de las hierbas medicinales siempre estaba la coca.

Para convocar en los andes a una faena de trabajo en la chacra, minka o parcela es necesario garantizar una buena provisión de hoja de coca, de lo contrario la siembra y la recolección de la cosecha quedará frustrada porque sin ella no tiene sentido ni razón de ser el trabajo.

El usar coca en el trabajo es símbolo de virilidad, de aventura y andanzas sentimentales y como afirmó en sus escritos Márquez Arquinigo, “obsequio de los dioses”.

Antes del trabajo en la chacra el campesino indígena se concentra en jugar con la coca en la boca, en degustarla como un chico que deleita por horas con un chicle y es esta la connotación de chacchar hoja de coca.

Al término de su faena el hombre andino dedica su tiempo de descanso en medio de tinieblas a “llorar sin vergüenza la suerte del cholo lindo emponchado, que se niega que le digan indio coquero”.


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