GABRIEL RODRÍGUEZ
GABRIEL RODRÍGUEZ
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Una de las salas más concurridas en el Museo de Arte Abstracto Manuel Felguérez es donde se exponen los murales de Osaka, 11 cuadros de gran formato que fueron creados en 1970 por diversos artistas plásticos de la generación de la ruptura.

Esa sala, que recibe aproximadamente un promedio de 150 visitantes diarios según el personal del museo, tiene toda una historia plástica detrás y 45 años después de haber sido pintadas esas obras aún causan asombro entre los espectadores.

De acuerdo con información recopilada en el propio museo, la elaboración de las 11 grandes obras pictóricas se desarrolló alrededor de la exposición mundial de Osaka, Japón, en 1970, bajo la temática del progreso y la armonía para la humanidad.

Entonces México participó con el pabellón ideado por el arquitecto Agustín Hernández; uno de los objetivos era demostrar que este país es potencial generador de obras de arte, unidas entre una ancestral tradición estética y una naciente modernidad.

El comisario de la exposición en ese momento fue Fernando Gamboa, uno de los museógrafos más importantes que ha tenido México, a grado tal que se le consideraba un revolucionario de la museografía nacional e internacional que dedicó su vida al servicio de la cultura.

Los artistas plásticos que intervinieron en el proyecto fueron Lilia Carrillo, Manuel Felguérez, Francisco Icaza, Gilberto Aceves Navarro, Brian Nissen, Fernando García Ponce, Roger von Gunten, Arnaldo Coen, Vlady, Francisco Corzas y Antonio Peyrí.

Todos ellos fueron seleccionados por Fernando Gamboa como el grupo que representaría a lo último de México ante el mundo.

Los 11 creadores fueron fundadores del Salón Independiente en el año de 1968, bajo la denominación de la generación de la ruptura, de acuerdo con la historia del arte mexicano.

Su intención no era otra que trasgredir el orden establecido en el arte y las instituciones culturales del México de aquellos años, por su búsqueda de espacios, los posicionamientos hacia los reconocimientos y premios oficiales, así como por la serie de conceptos políticos y sociales que caracterizaron sus producción.

Gamboa visualizó ese proyecto como una gran pintura mural, debido a la dimensión de las obras y a su distribución dentro del pabellón, y a diferencia del resto de los países participantes México debía mostrar una visión crítica hacia la temática de la Expo Osaka 1970.

Los artistas plásticos cuestionan con sus pinturas, el angustioso desajuste en la equivocada aplicación de la máquina, la tecnología y la ciencia no utilizadas en beneficio de la armonía de los pueblos.


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