NATALIA PESCADOR
NATALIA PESCADOR
MÉXICO

Enrique Ponce regresó para reencontrarse con la afición de la Plaza México, cautivando con una faena de poderío y clase. El valenciano cortó dos orejas y salió a hombros por la puerta del encierro en una tarde donde el temple de Juan Pablo Sánchez también conquistó a la afición capitalina.

Sánchez cortó una oreja con un toro de regalo del hierro titular de Teófilo Gómez, en tanto que Juan Pablo Llaguno, en la tarde de su confirmación, también dejó un esbozo del buen toreo.

La tarde la abrió el rejoneador Emiliano Gamero con un toro que poco se prestó para el lucimiento de la ganadería de Rancho Seco, con el que mostró voluntad; despachó al segundo viaje de un pinchazo hondo y trasero para escuchar las palmas del respetable.

El momento más importante de la tarde se dio con Enrique Ponce, con el primero de su lote, un toro que llevó por nombre Liberador, número 127, de 497 kilos, al que toreó con mucha cadencia con el percal, luego desmayó los brazos para dibujar las verónicas.

En su faena, Ponce toreó con temple, con mucha suavidad a un toro que cambió su embestida inicial, ligó derechazos largos, cambiados de mano y muletazos con la gran clase que posee, sin duda, el reencuentro fue grande. De gran estocada pasaportó a su ejemplar para sin miramientos recibir dos orejas de mucho peso. El cuarto de la tarde y segundo de su lote no colaboró, pese a que Ponce buscó por todos los medios.

Juan Pablo Sánchez confirmó que tiene un temple privilegiado, pues realizó el toreo con mucha lentitud que lo llevó a firmar una de sus mejores tardes en este escenario. Con el sobrero de Teófilo Gómez, el torero de Aguascalientes dibujó pasajes de exquisitez, por lo que cosechó una oreja de peso y gran valor.

Por su parte, Juan Pablo Llaguno, quien confirmó su alternativa, demostró que estar en este escenario a tan poco tiempo de haberse alternativa no es obra de la casualidad, pues ante el toro de su confirmación realizó una faena firme, con pasajes de temple y con momentos artísticos únicos.

Llaguno toreó con mucha naturalidad y con muletazos asentados, con largueza y profundidad. Una pena que no haya podido coronar su aseada labor con la espada; escuchó palmas. Con su segundo tuvo frente a sí a un toro deslucido, realizando una faena con detalles que rubricó de buena estocada para escuchar leves palmas.


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