ALBERTO CHIU
ALBERTO CHIU

Una mayoría de profesores universitarios, convocados por su sindicato (el SPAUAZ) decidieron ayer que ya era suficiente. Que las ofertas de la administración central –apoyadas por el gobierno del estado– satisfacían de alguna manera las exigencias que motivaron la huelga, y la dieron por terminada.

Se trató de una relativamente buena jornada de sufragios, pues participaron con su voto dos terceras partes del padrón completo de docentes y, en ejercicio democrático (e incluso libre, me atrevo a asegurar), marcaron el rumbo que habrá de tomar la Universidad: regresar a las aulas, reordenar lo que resta del semestre… y esperar a que lo prometido por la Rectoría y el gobierno se cumpla.

Y que se cumpla sin retrasos, sin recortes, sin cortapisas, pues de otra manera –como aseguran muchos de los detractores del levantamiento– se habrá consumido casi un valiosísimo mes sin beneficio real alguno para los trabajadores de las aulas.

De todo esto sin duda se hablará durante los próximos días en todas partes: en los medios de comunicación, en las aulas (cuando regresen a ellas), en los pasillos de la administración, en las oficinas de gobierno, etcétera. Y seguramente el tema tendrá al menos dos matices: el de quienes verán el levantamiento como una decisión atinada y el de quienes lo apreciarán como un garrafal error.

Sin embargo, el proceso en sí nos ha dejado al menos un par de lecciones sobre las cuales reflexionar, y éstas tienen que ver con la cantidad de votos necesarios para validar la decisión tomada por los docentes, y con lo que muchos califican como “el final de grupos de poder” al interior de la Universidad.

En primer término, sí es de resaltar que hayan sido dos terceras partes de los docentes empadronados quienes acudieron a sufragar, en un día plagado de manifestaciones de apoyo a su lucha, de apoyo a la huelga y en el que nos visitan legisladores locales de todo el país.

¿Se imaginan que se tuviera que cumplir el requisito de quórum (50 por ciento más uno de los empadronados) para hacer válida una elección de representantes populares o gobernantes? Prácticamente ninguno de los aspirantes estaría en estos momentos en el poder ni en la Legislatura.

Es de rescatarse que, al menos en esta ocasión, hubo el compromiso de la mayoría de los docentes por responder a la Universidad en la participación democrática y plural de la toma de decisiones, y si eso no es valioso, no sé qué sea. Ojalá desde las aulas esos mismos maestros puedan influir en sus alumnos para que ejerzan su responsabilidad ciudadana y, cuando sea el momento, acudan también a las urnas a depositar su voto, en el sentido que sea y que a cada quien convenga.

Pero la otra lección que nos ha dejado este plebiscito, y que se comenta entre un buen número de docentes, es que gracias a que se destapó una cloaca bastante maloliente en cuanto al manejo de los recursos al interior de la Universidad, se ha dado un paso valioso también en el camino hacia la eliminación de la corrupción en su interior.

Han quedado expuestos –según algunos observadores del proceso– los verdaderos grupos de poder y sus protagonistas, así como sus intenciones y sus ambiciones personales. Ahora sólo falta que una vez terminado el proceso de huelga continúe la reflexión sobre esos mismos personajes y sus influencias en la administración central y en la política interior de la máxima casa de estudios, con el objetivo de sanear lo podrido y, a futuro, blindar a la Universidad de intervenciones malsanas y llenas de egoísmos personales.

Dependerá de los propios universitarios continuar con esa reflexión y pasar a las acciones concretas… o simplemente olvidarlo, dar vuelta a la hoja, y correr el riesgo de tropezar otra vez con la misma piedra. Y con los mismos cacicazgos.

Es un nuevo día, pero las caras son las mismas. Ahora veremos qué tan “universitarios” son todos, qué tanto reflejan en los actos lo que presumieron en la huelga (de ambas partes) y qué tanto cumplen el objetivo de buscar, en unidad, la mejor solución para la universidad pública, para la educación superior de calidad de los jóvenes zacatecanos. De lo contrario, ellos mismos se lo reclamarán… como ya lo han empezado a hacer.


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