ALBERTO CHIU
ALBERTO CHIU

En México, en lo general y particularmente en Zacatecas, hacer empresa o crear empresa resulta una labor verdaderamente difícil, ardua, llena de obstáculos y, además, sujeta a presiones desde las instancias que deberían –por el contrario– facilitar su función empresarial.

Peor aún es darse cuenta que además de las dificultades que tiene que sortear cualquier persona para iniciar un negocio (del tamaño que sea) la inseguridad juega un papel fundamental como afectación directa.

Los datos arrojados por la más reciente medición o encuesta del Inegi en términos de “victimización de empresas” señalan que Zacatecas está en el quinto lugar de todos los estados del país con mayor número de empresas víctimas de la violencia.

Y quizá si lo ponemos en términos de “empresas”, el dato pareciera ser exagerado, o al menos desproporcionado, pero la verdad es que se trata de “unidades económicas”, y en esta clasificación caben todos los negocios, desde las tienditas de la esquina, las taquerías, tlapalerías, tiendas de ropa… hasta las pocas empresas de gran envergadura que conforman una aún muy incipiente industrialización en ciertas áreas de la entidad.

Ahí sí que los números son muy claros: es enorme el número de negocios (de todos los tamaños, otra vez) que han sido víctimas de la violencia o de los robos o de ambas cosas.

Eso… cuando se trata de los delitos que son denunciados, claro. Porque además las mismas estadísticas señalan que es todavía más grande el número no denunciado de delitos contra empresas o negocios, pues se llega a acumular una “cifra negra” cercana a 80 por ciento.

Por si eso fuera poco, y la delincuencia no bastara, otra de las enormes dificultades que encuentran –al menos los emprendedores locales– es la falta de apoyos equivalentes al menos a los que otorga el gobierno del estado a empresas extranjeras que son atraídas para instalarse aquí.

No pocos son los casos de zacatecanos que se quejan al ver cómo a inversionistas extranjeros se les condonan impuestos, se les donan terrenos, se les construyen naves industriales, se les beca a sus empleados y se les otorgan muchas otras prebendas, en prácticas totalmente distintas de las tomadas para con los locales.

En otras palabras, hay inversionistas locales que se desaniman simplemente al ver la diferencia de trato desde instancias como la Secretaría de Economía de Zacatecas, en manos de Patricia Salinas Alatorre, que parecería más bien estar enfocada a atender sólo a quienes invierten de fuera. Al menos eso es lo que dicen los locales que no se han visto favorecidos con las mismas facilidades para invertir.

De modo que para los inversionistas locales (y en parte para algunos de fuera) la combinación de inseguridad y desdén acaba con la más mínima intención de instalarse o, en dado caso, de mejorar la pequeña inversión que ya hayan hecho.

Y si a eso le sumamos también las enormes dificultades que encuentran otros para allegarsefinanciamientos apropiados para cada uno de sus negocios, tendremos entonces como resultado otra fotografía de la realidad que nos rodea. Es decir, el desánimo de inversionistas locales por establecerse aquí y la llegada de empresas extranjeras que, con toda ventaja, reciben muchas más facilidades que los locales.

No es fácil hacer empresa en Zacatecas. Y con las “ayudas” de la inseguridad y de la falta de apoyos de la autoridad… menos.


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