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Chicago.- México no se extraña en el barrio La Villita de Chicago, Illinois, aún cuando este vecindario se ubica a más de dos mil kilómetros de distancia de territorio mexicano.

Los sabores, olores, colores y sonidos de México se reproducen por doquier en este sector del sur de la ciudad de Chicago.

Una pujante actividad comercial desarrollada durante varias décadas por decenas de empresarios mexicanos que ofrecen bienes y servicios de todo tipo, ha logrado reproducir fielmente a lo largo de la Calle 26 las características de una céntrica avenida de una ciudad mexicana.

“Aquí hágase de cuenta que es México”, comentó Adolfo Tovar Ruiz, uno de las decenas de vendedores ambulantes que pululan en La Villita, al igual que en muchas ciudades del sur de la frontera.

Al tiempo que pelaba y cortaba mangos para ofrecerlos a la venta, Tovar aseguró que no extraña su natal Puebla, aún cuando tiene 38 años de vivir en Chicago.

“Nos hemos traído a México con nosotros y lo tenemos aquí en La Villita (…) México no deja de ser mi patria, pero ya me acostumbre a vivir aquí”, aseveró.

En las decenas de restaurantes ubicados sobre la Calle 26 uno puede hacer prácticamente un recorrido gastronómico de las diferentes regiones de México, y encontrar en sus supermercados los ingredientes y productos necesarios para confeccionar la más típica de las comidas mexicanas.

Algo que llama la atención al visitante es el número de taquerías, cuyo cantidad supera al que tradicionalmente se tendría en algunas calles de México.

En La Villita se puede ir a comprar tortillas en una auténtica tortillería como “El Milagro” o adquirir masa fresca para los tamales en la tienda “La Guadalupana”, cuyo lema es “La Casa de la Masa” y su teléfono es 773-TAMALES.

También se puede disfrutar de las diferentes variedades de pan dulce mexicano en alguna de sus bien surtidas panaderías como “El Nopal”, “La Central o “La Espiga de Oro”.

Hay además carnicerías, como la “Aguascalientes”, donde a los cortes no se le llama con nombres como sirloin, steaks o rib eye, sino con los característicos de México, como bola, chamberete, chamorro, retazo con hueso, pulpa y aguja, entre otros.

Sobre la Calle 26 hay también yerberías y farmacias, dulcerías, zapaterías, licorerías, tiendas de ropa, peluquerías, joyerías, agencias de viajes, casas de empeño y agencias de envíos de dinero, además de despachos de abogados y oficinas de vendedores de seguros.

En total, más de mil establecimientos comerciales se ubican en la zona y el sector ha creado su propia Cámara de Comercio.

El barrio La Villita es tan próspero y extenso que, según la Oficina del Alcalde de Chicago, el área ocupa el segundo lugar en cuanto a captación de impuestos para la ciudad, después de The Magnificent Mile, una sección de tiendas de lujo ubicada a un lado del centro de Chicago.

La Villita constituye la mayor área comercial mexicana fuera de México, dado que ni en Los Ángeles, la ciudad con más mexicanos en Estados Unidos, existe una concentración de comercios en una sola zona como se tiene aquí.

Además del comercio formal y establecido, en La Villita florece también, como en las ciudades mexicanas, el ambulantaje.

Decenas de vendedores ofrecen en la calle, desafiando a los inspectores municipales y a las gélidas temperaturas de los meses invernales de Chicago productos como dulces, elotes, cocteles de fruta, churros, tamales, champurrado y otros alimentos.

Los clientes que acuden a este sector no son sólo los mexicanos residentes del barrio, sino que también llegan de otros vecindarios de Chicago y de las demás comunidades de Illinois, así como de entidades vecinas como Wisconsin y Michigan.

El surgimiento del área comercial de La Villita comenzó a darse a partir de la década de los 60 y para algunos refleja el “empoderamiento” alcanzado por la comunidad mexicana en Chicago.

El perfil del mexicano que llega a trabajar en esta ciudad, en los sectores de servicios y de manufactura, es diferente al que trabaja en el campo, explicó el cónsul de México en Chicago, Carlos Jiménez Macías. “Es un poco más alto, es menos rural y más urbano”, señaló.

La comunidad migrante de Chicago es más emprendedora, más capacitada y con mayor nivel de participación, agregó Jiménez Macías.

El diplomático aseguró que ello ha contribuido a que esta sea una de las zonas del país donde el estadunidense tiene una mejor impresión, tanto de los migrantes mexicanos como de México.

La Villita refleja también la historia de la migración mexicana de Chicago. Los dueños de negocios en su gran mayoría son migrantes que llegaron hace 30, 40 o más años a esta ciudad.

Sus empleados en cambio son migrantes que tienen una o dos décadas de haber cruzado la frontera.

En Chicago hay migrantes de tres generaciones, ya que quienes llegaron en la década de los 50, han sido seguidos por sus hijos y estos por los suyos, reuniéndose aquí, abuelos hijos y nietos.

Tal es el caso de Alma Hernández, originaria de Cuernavaca, en el central estado mexicano de Morelos, quien llegó hace 12 años a Chicago para reunirse ya adulta con sus padres en esta ciudad, tras haberse criado sola con sus abuelos en México.

Mientras atiende a los clientes en la panadería El Nopal, Hernández comenta que ella también ya se trajo a sus hijos de México, para que ellos no padezcan la ausencia de sus padres, como ella sufrió.


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