ALBERTO CHIU
ALBERTO CHIU

Tal como se esperaba, y ya que muy poco había que informar de su más reciente año de administración gubernamental, Miguel Alonso Reyes presumió ayer una especie de resumen de los cinco años que lleva en su gobierno. Y bueno, como no hay especificidad en cuanto al periodo que hay que informar… pues aprovechó.

Y aprovechó teniendo un auditorio conformado totalmente a modo, combinado entre un buen número de sus parientes, sus amigos, sus ahijados y sus allegados, además de la pléyade de subordinados que, obviamente como empleados del gobierno, o como supeditados y dependientes administradores municipales cumplieron a la perfección con su papel de coreografiados aplaudidores de un discurso poco novedoso, menos informativo y, sobre todo, muy fantasioso.

Lo que ayer vimos en las instalaciones del Palacio de Convenciones fue, en pocas palabras, una muestra inefable de cómo gastarse millones de pesos del presupuesto en parafernalia vistosa pero de ninguna utilidad social o pública, y una pérdida de tiempo, dinero y esfuerzo en rubros como el de lo pagado a algunos medios de comunicación por “hacer eco” del mensaje.

Lo que escuchamos fue todavía más triste, pues se trató de una repetición –en resumen– de cosas y acciones y logros y obras que ya habíamos escuchado, para luego ser coronadas con una muy breve lista de promesas a cumplir… ¿en lo que le queda del último año de gobierno?

Salutaciones y agradecimientos al gobierno federal aparte, y quizá ya sin tanta “videopresentación”, el mensaje constituyó la cereza del pastel de una fiesta particular a la que no asistió el pueblo como tal, más que (quizás) a través de algún medio electrónico de limitado alcance y menor atractivo.

Como si no fuera suficiente la falta de interés de los ciudadanos en saber de su gobierno. ¿Qué dejó pues de información el mensaje del quinto informe? ¿Cómo nos enteraremos del real estado de la entidad en la que vivimos?

Acaso tendremos que esperar a presenciar las sesiones de eso que se llama “la glosa del informe” para, entonces sí, tratar de dilucidar qué carajos se hizo en este año que se informa, y no quedarnos con el resumen quinquenal.

Acaso tendremos, además, que esperanzarnos a que los diputados locales se armen de argumentos y cuestionamientos inteligentes y concienzudos para los funcionarios de primer nivel que habrán de citar a comparecer, de manera que de sus respuestas –e incluso de sus silencios y omisiones– obtengamos algo de conocimiento sobre lo que sí se hizo o lo que se dejó de hacer. Tarea que no será fácil, dada la conformación mayoritaria de aplaudidores dentro de la misma Legislatura, y la minoría de diputados que disputen alguno de los argumentos de funcionarios.

En otras palabras: ante la aparatosa y fashion presentación somera de resultados de cinco años de gobierno, tendremos que depender –¡válgame!– de que unos cuantos diputados se fajen los pantalones, para ver si obtenemos algo de información sobre “el estado que guarda la administración pública” del periodo que se informa.

Sin querer pasar por adivino, estoy casi seguro de que –como ha ocurrido ya en los informes anteriores– esta próxima glosa será exactamente igual: el desfile o pasarela de funcionarios poco preparados, con tarjetas informativas previamente acordadas, que se enfrentan a legisladores que preguntan a modo, y a quienes contestan lo que quieren.

¿Y el quinto informe? Bien, gracias. Sólo fue la fiesta del gobernador, que ya se está despidiendo, en la soledad de quien invita a sus empleados para que le echen porras, y ni eso consigue. Deprimente.


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