ALBERTO CHIU
ALBERTO CHIU

No quisiera terminar esta semana sin referirme, aunque sea sólo de ladito, y a fin de hacer una reflexión personal, a lo que un grupo de hombres y mujeres agrupados en la denominada asociación Zacatecanos en Defensa del Patrimonio Cultural de Zacatecas, logró en días recientes.

Por nimio que pudiera parecer el resultado de su lucha –sobre todo a los ojos de quienes defienden a capa y espada los presuntos logros del gobierno estatal–, estos zacatecanos consiguieron que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (la UNESCO, pues) les acusara el recibo de la documentación que le enviaron, a fin de que revisen lo que aquí pasó con las obras de Plaza de Armas y la Alameda Trinidad García de la Cadena, por ejemplo.

No es un asunto trivial. Aunque posteriormente la UNESCO responda que el proyecto estaba bien, que el gobierno tuvo toda la razón, y que no puso en riesgo alguno el nombramiento como Patrimonio Cultural de la Humanidad, el hecho es que al menos hubo quien levantó la voz para señalar, a nivel internacional, que aquí se estaba cometiendo una especie de atentado contra nuestro patrimonio histórico.

Estos zacatecanos enviaron, además de una extensa carta a la UNESCO, un montonal de información gráfica, fotografías, videos, planos y muchos más documentos para explicar lo que, a su entender, consistió en un ataque irreflexivo a la identidad de la ciudad.

Y queda esperar a que, una vez que esa instancia internacional ya acusó el recibo de tales pruebas documentales, ahora solicite todavía más informes del estado mexicano, analice la situación y determine si hay lugar a un llamado de atención, a alguna exigencia para que se modifiquen las obras hechas, o si simplemente deciden quitarnos el nombramiento de Patrimonio. La lucha, dicen estos activistas, sigue en pie.

¿Y qué con eso? Siga lo que siga, los hechos están consumados.

La modificación en la Plaza de Armas no se parece –ni de lejos– a lo que presuntuosamente presentaron los encargados de la obra pública y el cuidado de los monumentos históricos a un grupo selecto de personas, y fue más como un ejercicio para “taparle el ojo al macho” que como socialización del proyecto.

Nada de que se “rescata la traza original de la Plaza de Armas”; ni se hizo el diseño que se mostró y se defendió ciegamente durante meses.

Nada de que se “mejora la seguridad de las personas, pues se eliminarán los peligrosos escalones”; por el contrario, los escalones siguen existiendo, y la distancia de piedra a piedra en la plaza, sin emboquillado al ras, resulta todavía más peligrosa al caminar, pues medio mundo se atora con ese diseño.

Nada de que todo se hiciera por la enorme necesidad de hacerlo. No existía necesidad. Y si por azares del destino la UNESCO decidiera que, efectivamente, el proyecto atentó contra lo que era considerado Patrimonio de la Humanidad, ¿qué cara tendrán para defender sus “proyectos” quienes aquí se dicen y proclaman como protectores del patrimonio mismo?

Ahora que, pensándolo bien –aunque pensando mal, dicen– si el organismo internacional tomara el camino de exigir que se modifique nuevamente la Plaza, o se realicen algunas otras obras para componer un poco el desaguisado, ¿quién resultaría beneficiado?

Sí, ya sé que piensan que uno es malpensado natural. Pero así lo pienso: que si se toma esa decisión, existirá el pretexto perfecto para volver a hacer un bonito negocio redondo de fin de sexenio, que beneficie (oootra vez) a unos cuantos (quizás los mismos). Como si fuera un plan con maña para sacar más provecho (y más dinero) a los zacatecanos.

Ojalá me equivoque.


Nuestros lectores comentan

  1. No, no hay equivocación al respecto, cuando se modifico el jardín Juarez de Guadalupe de que el entonces presidente municipal, Rafaél Flores Mendaza llamó a varias organizaciones para promover el proyecto dizque de remodelación y socializarlo, se le hicieron observaciones muy puntuales y significativas de una de las agrupaciónes invitadas como el Colegio de Arquitectos presentandoles un proyecto que no fue el mismo, argumentando que se había hecho la investigación ante instancias europeas que tenían que ver con la remodelación y la verdad es que engaño a todos: Si nos fijamos es el mismo estilo del que era el jardin Miguel Auza, la av. Ramón López Velarde, ahora la plaza de armas y la alameda son unas birrias.Tdos los gobernantes adolecen de un conocimiento artistico,otro ejemplo claro fue la destrucción del complejo arquitectónico que fué eregido a Ramon lópez Velarde que se iniciaba el la escuela de ingenieria continuando por la av. López Velarde y continuando con ls Av. González Ortega hasta culminar frente al templo de Guadalupito, Cervantes Corona eliminó los albortantes de cantera sustituyéndolos con postes de fierro, hizo unos bordos horribles con loza con la finalidad de que la gente no se atravesara al cruzar la avenida ya descrita y las autoridades como la UNESCO, MonumeColoniales e INAH que hacen y que han hecho realmente, pues nomas cobrar como funcionarios porque vivir fuera del presupuesto es vivir en el error. y se han estar cagandose de risa con sus respectivos jefes, de las tomadas de pelo que le hacen a los ciudadanos. Viva México, señores