Joaquín González
Joaquín González

La sorpresa de la semana en cuanto a temas tecnológicos y financieros fue el anuncio por parte de Google de la creación de una nueva empresa, llamada Alphabet.

Inicialmente y quizás debido a que nadie esperaba un movimiento así, muchos se han confundido pensando en que se trata sólo de un cambio de nombre, o bien, la desaparición de Google tal y como la conocemos.

Lo cierto es que se trata de una reestructuración necesaria sobre la forma de hacer negocios por parte de la Gigante Californiana, con el fin de simplificar sus procesos administrativos y enfocar mejor sus esfuerzos en cada uno de los proyectos que ha venido desarrollando en la última década, muchos de los cuales ni siquiera cuentan con un producto que se distribuya de forma comercial.

El negocio que genera la gran mayoría del capital de Google es la venta de publicidad tanto en su buscador como en su sistema Adwords, que es utilizado en casi toda la red para que los sitios web obtengan ingresos con anuncios de terceros y, por supuesto, YouTube.

El segundo gran generador de dólares es Android, el sistema operativo para dispositivos móviles más utilizado en el mundo.

Sin embargo, estos negocios, aunque muy lucrativos, posiblemente pierdan valor con el paso de los años, con las personas utilizando cada día más bloqueadores de anuncios, con la competencia en móviles aún centrada entre Android e iOS, pero con otros candidatos esperando para arrebatarles una parte del pastel, y nuevas formas de consumir contenidos en video directo en redes sociales como la implementada por Facebook.

La marca Google luce como un presente demasiado asentado en el pasado sin un futuro claro y carente de la innovación que supuso en sus inicios.

La creación de Alphabet trata sobre centrarse en el futuro, en separar los proyectos que generan dinero hoy para la compañía de los que supondrán sus ingresos a futuro.

Destacan en la reestructura empresas como Calico, que se encarga de la investigación en biotecnología para evitar el envejecimiento; Nest, que está enfocada al hogar del futuro completamente conectado a la Internet; Fiber, como un proveedor de banda ancha sobre fibra óptica que podría dotar de la conectividad necesaria a las demás filiales; Google Ventures y Capital, que invierten en nuevas empresas con potencial, y Google X, que cuenta entre sus proyectos más interesantes el de los coches autónomos y las Google Glass.

Lo único que podría sorprender en todo esto es que Larry Page y Sergey Brin, quienes llevarán las riendas de Alphabet, no hayan dividido sus empresas antes, por ejemplo, Walt Disney cuenta con 73 subsidiarias cuyo valor de mercado es de menos de la mitad del que Google ostenta. Marvel es un ente distinto a Pixar, que a su vez no tiene nada que ver con sus parques recreativos o su canal de televisión.

La separación de empresas además tiene otros beneficios. Legalmente y bajo la nueva estructura dentro de Alphabet, si una de las compañías se viera envuelta en problema legal que la hiciera desaparecer, el resto no se verían afectadas. En cuanto al pago de impuestos, prácticamente nada cambiará.

Alphabet le brindará a Page y Brin la flexibilidad necesaria para enfocar mejor sus esfuerzos en cada uno de los proyectos alternos que representan el futuro de la empresa, mientras que el dinero continuará llegando bajo el liderazgo de Sundar Pichai, nuevo gerente de la ahora subsidiaria G


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