JOAQUÍN GONZÁLEZ
JOAQUÍN GONZÁLEZ

Big Data, datos y más datos, en todo el mundo se habla de ellos. Miles de empresas emergentes o startups basan sus ideas de negocio en explotar la información que se mina o recopila sobre nuestros hábitos de consumo, lo que escuchamos o leemos, lo que nos gusta hacer en nuestro tiempo libre, etcétera.

Hay quienes afirman que el mundo se encuentra en una especie de segunda revolución industrial, que en lugar de utilizar tecnología para crear máquinas capaces de producir en masa toda clase de bienes, trata de crear instrumentos que extraigan valor a la información.

Pero ¿la humanidad está verdaderamente mejorando su calidad de vida gracias a la tecnología?

Para contestar esta interrogante debemos plantearnos si las continuas mejoras en las tecnologías persiguen como propósito el satisfacer las necesidades de las personas o simplemente son creadas para satisfacer demandas de una parte de la población.

Por ejemplo, la industria automotriz se ha metido de lleno en el desarrollo de autos eléctricos para satisfacer la demanda de los consumidores por este tipo de vehículos, pero la necesidad de contar con medios de transporte eficientes y ecológicos existe desde siempre, sólo que hasta ahora mantener la dependencia del petróleo era lo económicamente conveniente.

Como mencione al inicio, el mundo se ha volcado al desarrollo de tecnologías de información, precisamente por el potencial económico de la minería de datos.

Las compañías que más rápidamente han crecido en la última década son las tecnológicas especializadas en la obtención, procesamiento y catalogación de los datos que generan las personas en la red.

Desafortunadamente, dicha información es minada de nuestras actividades y vendida a las miles de redes de anunciantes que existen sin nuestro consentimiento, o bien, aprovechando el desinterés o desconocimiento de los usuarios de la red.

Las multinacionales se encuentran trabajando en conjunto con compañías tecnológicas para minar datos de las vidas de millones de personas con la premisa de que nuestras ciudades, hogares y cuerpos serán mejores si están conectados, sin embargo, su principal negocio es la venta de nuestra información.

Tal vez algunos datos personales pueden ser vendidos sin socavar nuestra autonomía a cambio de gozar de servicios “gratuitos”, pero definitivamente otros no. Tener acceso a nuestro nombre o usuario en una red social no es lo mismo que ofrecer a las redes de anunciantes nuestro número de Seguro Social, las comunicaciones con compañeros de trabajo, amigos o familiares, etcétera.

Afortunadamente la obtención y uso de nuestros datos puede perseguir objetivos sumamente deseables para todos. Lamentablemente, hasta ahora es el sector de la salud el único que se encuentra trabajando en el uso de nuestros datos para mejorar nuestra calidad de vida.

Las tecnológicas buscan con desesperación crear el próximo botón que inmediatamente haga que un problema sea resuelto, llevando comida a domicilio, un plomero, un taxi o lo que haga falta, satisfaciendo una demanda de forma inmediata pero momentánea mientras las verdaderas necesidades de la población se hacen a un lado.

¿Qué queremos más allá de conseguir los objetivos inmediatos?

¿Cuáles son los fines sociales de la tecnología?

La mejor forma de lograr construir un mejor futuro con las tecnologías de la información es el concepto de Open Data o datos abiertos.

Si la información minada de nuestra actividad diaria es compartida sólo considerando aquello que no atente con nuestra privacidad, es posible lograr cosas extraordinarias. La información abierta y accesible es más valiosa.

Para aprovechar los beneficios de los datos abiertos es necesario cumplir con ciertos requisitos. Primero que nada, todos deben poder acceder a los datos, además, deben poder ser leídos o procesados tanto por humanos como por máquinas. No tendría ningún caso compartir información en un formato que no sea abierto o fácil de utilizar.

Y quizás lo más importante, no debe tener costo alguno acceder a ella y todos debemos poder reutilizarla para los fines que así nos convenga.

Los datos abiertos, además, potencian las economías facilitando el desarrollo de soluciones para las necesidades de la población; por ejemplo, desarrollar tecnología que ayude a mejorar las cosechas a partir de los datos recopilados sobre patrones de suelo, clima y otros.

Cuando se minan datos para ofrecerlos de forma abierta y accesible, es posible resolver necesidades específicas de las personas alrededor del mundo en dominios diversos como la alimentación, la salud, la educación, etcétera.

No se trata de utilizar los datos de millones de personas sino los millones de datos de todo lo que existe alrededor de esas personas.


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