JOAQUÍN GONZÁLEZ
JOAQUÍN GONZÁLEZ

Un futuro dominado por las máquinas es tema tanto de la ciencia ficción como de los grandes pensadores de la era moderna.

El principal temor de los científicos y otros pensadores sobre la inteligencia artificial recae sobre el día en que se produzca la Singularidad. Un punto no sólo en que la inteligencia artificial sobrepase a la humana sino que ésta se dé cuenta de sí misma, de su existencia y tenga que decidir entre seguir nuestro camino o tomar uno propio.

Las computadoras ahora pueden resolver problemas por sí mismas y como resultado son capaces de modificar su programación para adaptarse a toda clase de situaciones mediante una serie de acciones de prueba y error. Las máquinas han aprendido a evolucionar gracias a que las mentes humanas las han dotado de dicha capacidad.

De hecho, estas incipientes inteligencias han ido más allá demostrando un cierto interés científico sobre el mundo que las rodea. En 2009, una computadora de la Universidad de Cornell pasó dos horas observando un péndulo frente a ella antes de formular por sí misma la segunda ley del movimiento de Newton.

Independientemente de si podemos considerar esto algún tipo de inteligencia, lo cierto es que estas máquinas han ido progresando fuera del entendimiento y control de quienes las crearon.

¿Es justificado este miedo? ¿Podría realmente ocurrir el Apocalipsis a manos de las máquinas?

Este escenario futuro apocalíptico es probable, pero para que pueda darse son necesarios dos factores, estupidez e indiferencia por parte de las mentes humanas. Así que aún tenemos esperanza.

Pero existe otro peligro mucho más cercano y latente, algo que desde hace cinco décadas ha preocupado a los humanos.

“Las computadoras sólo pueden hacer lo que están programadas para hacer”, con esta frase la firma de tecnología informática IBM respondió al miedo creciente entre sus clientes en 1960 sobre un futuro donde sus empleos se verían amenazados por equipos de procesamiento de datos como los de la firma.

Las mismas razones para estar preocupados en los años 60 son válidas el día de hoy; el temor de miles de personas de perder sus empleos a manos de máquinas es justificado.

Por ejemplo, el número de empleados de Wall Street disminuyó alrededor de un tercio en los últimos años debido, principalmente, a que el software más reciente es capaz de realizar 100 mil transacciones bursátiles en menos de una décima de segundo.

Básicamente todos los empleos que involucren trabajar frente a una computadora para manipular información tienen sus días contados.

Un estudio llevado a cabo por la Universidad de Oxford en 2013 concluyó que 47 por ciento de los empleos en Estados Unidos se encuentra en riesgo debido a la automatización.

La capacidad de procesar miles de millones de datos simultáneamente y encontrar patrones que provean nueva información, conocida como Big Data, hace posible que una computadora pueda utilizar toda clase de fuentes para, por ejemplo, realizar un diagnóstico médico más rápidamente y con mayor certeza que un especialista en la materia.

La automatización ha desaparecido fuentes de empleo desde la época industrial, las líneas de ensamblaje robotizadas son un claro ejemplo. La sofisticación de las máquinas y el software con el que funcionan nos hace preguntarnos ¿qué pasará con las fuentes de empleo en el futuro? ¿Cómo una economía basada en el consumo podrá sobrevivir a la falta de poder adquisitivo generada por la pérdida de empleos?

Este es un asunto mucho más urgente de atender que la posibilidad de un mundo gobernado por máquinas, ya que, si no hacemos algo al respecto ahora, ese futuro quizás jamás tenga una oportunidad.

 

Correo: jgonzalez@quddo.com

Twitter: @gilkudik


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