JOAQUÍN GONZÁLEZ
JOAQUÍN GONZÁLEZ

En todo el mundo se venden miles de millones de dispositivos tecnológicos diariamente, entre computadoras, teléfonos, tabletas, drones, juguetes y casi todo lo que nos podamos imaginar.

La variedad de equipos electrónicos es inmensa, con una gama de precios para satisfacer las necesidades de la mayoría de la población.

Estos equipos, como cualquier otro producto que podamos adquirir, pueden presentar fallas de las que nos podemos percatar al momento de comenzar a utilizarlos o con el paso de los días.

En prácticamente todos los países donde se venden estos productos existen leyes que protegen a quienes los compran, pero particularmente en México los consumidores de electrónica las desconocen o simplemente no tienen el hábito de hacerlas valer.

Tomando prestada de Enrique Laviada la idea de escribir sobre sus vivencias, esta vez les hablaré de algo que me ha ocurrido recientemente y que me hizo reflexionar sobre la necesidad de los consumidores en México de hacer valer sus derechos.

Desde hace casi un año utilizó una Macbook Pro de 13 pulgadas que además de ser mi principal herramienta de trabajo se ha convertido en mi oficina portátil. Durante varios años he recomendado la marca Apple no solo por lo robustas que son sus computadoras o por el excelente software que las acompaña, sino por la política de atención al cliente que la empresa de Cupertino posee.

En los últimos siete años sólo he tenido la necesidad de llamar al soporte de Apple para reportar una falla en un iPhone y en la laptop que utilizo actualmente, en ambos casos la respuesta ha sido fantástica y derivó en el reemplazo del teléfono y en el cambio de la pantalla de mi portátil.

En el caso de mi Macbook el problema estaba en una mancha que apareció en un lateral del recubrimiento de la pantalla y que investigando en la Internet resultó ser algo que sucede con cierta frecuencia y que desafortunadamente no cubre la garantía.

La recomendación recurrente en los sitios que consulté es algo que de primera me pareció en vano, escribir directamente a la cuenta de Tim Cook, el gerente general de Apple, para explicar mi caso y pedir se hiciera algo al respecto.

Dudando un poco en hacerlo pero sin tener nada que perder, le escribí un breve mensaje de cuatro párrafos donde le expliqué la situación. Para mi sorpresa una hora después recibí una llamada de un representante de Apple que me pidió explicarle a detalle la falla de mi Macbook, que le enviara un par de fotos y el número de serie de la misma y al día siguiente se comunicó nuevamente para decirme que la reparación procedía sin costo alguno.

Esto, sin duda, es el resultado de una profunda cultura de atención al cliente de una empresa que a pesar de ser una gigante multinacional reconoce el valor de cada uno de sus consumidores.

Pero no es la única ocasión ni la única empresa que actúa de forma similar ante una petición de mi parte.

En alguna ocasión HP reparó una laptop de mi esposa sin que nos costara un centavo, ni el envío del equipo ni su recepción. Además, un par de años antes nos habría enviado una impresora de mayor capacidad y funciones en reemplazo de otra mucho más sencilla que enviamos a reparación.

No solo se trata de las leyes existentes en nuestro país sino de casos en los que empresas de electrónica de consumo se comprometen a brindarles a sus clientes equipos y servicios de calidad, sólo basta que nos decidamos a hacer valer nuestros derechos.


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