JOAQUÍN GONZÁLEZ
JOAQUÍN GONZÁLEZ

Las películas de ciencia ficción son una forma de soñar con las posibilidades y, en muchos casos, una inspiración para reflexionar sobre el futuro.

Es por ello que en varias ocasiones he utilizado películas como punto de entrada al escribir sobre un tema en particular, en esta ocasión no será la excepción.

Recordando la cinta Her, de Spike Jonze, donde se narra el romance entre una persona y una entidad virtual, me puse a pensar cómo sería la interacción que tendremos con nuestros smartphones dentro de algunos años.

En la cinta se muestra un futuro donde es común que las personas utilicen en todo momento asistentes personales, simplemente colocándose un audífono en uno de sus oídos, con el cuál entablan conversaciones con una inteligencia artificial.

La tecnología necesaria para hacer posible el escenario de Her se encuentra ya entre nosotros, pero aún no es lo suficientemente madura.

Con los teléfonos inteligentes hemos podido llevar la computación con nosotros a todas partes, hacerla más personal, pero es limitada la forma en la que interactuamos con nuestras computadoras de bolsillo.

Es ahí donde los asistentes personales cobran sentido, por una lado permiten saltar la barrera que limita el uso de un dispositivo móvil, los pequeños teclados táctiles, para reemplazarla con comandos de voz que, por otra parte, dejan de ser simples y acartonados sustituyéndolos por conversaciones más fluidas.

Sea con Siri o Cortana, está tecnología está logrando que volvamos a hablar con nuestros teléfonos después de haberse convertido en simples medios para navegar por la Internet y utilizar servicios de mensajería instantánea.

Pero aún queda una barrera más por superar, ya que no siempre acercar el teléfono al rostro para preguntarle u ordenarle algo es la mejor alternativa. Hay situaciones donde resulta incómodo y de mal gusto sacar el móvil, hablarle en voz alta y de la forma más clara posible.

Recordemos que con la llegada de los equipos manos libres inalámbricos ocurrió un fenómeno peculiar, comenzamos a ver gente aparentemente hablando sola por las calles a un volumen elevado como queriendo llamar la atención.

Gracias a la mejora en los micrófonos ya no es necesario gritarle al teléfono para que nos escuche claramente, las llamadas ahora son nítidas a pesar del ruido a nuestro alrededor, y el software responsable de transformar nuestra voz en acciones es mucho más sofisticado y potente. Sin embargo, pensar en miles de personas caminando hablándole al teléfono todo el tiempo parece una locura.

Es por ello que tecnologías como la transmisión de sonido intracraneal son la mejor apuesta a futuro. Con ella es posible utilizar audífonos colocados en los laterales del cráneo para que las ondas sonoras viajen directamente a la parte interna del oído. De esta forma podemos salir a correr sin preocuparnos por no escuchar el sonido de un auto acercándose rápidamente.

Basándose en este mismo principio, investigadores de todo el mundo se encuentran trabajando en formas de percibir lo que decimos aun cuando lo hacemos en voz baja, como cuando practicamos un discurso susurrando apenas las palabras, moviendo los labios y activando los mismos músculos pero sin hacerlo en voz alta.

En 2004, la NASA llevó a cabo un estudio con el que descubrió que un sensor colocado en la barbilla o cerca de la manzana de adán podía ser capaz de captar las señales provenientes de los nervios utilizados al gesticular palabras.

Gracias a la combinación de estas tecnologías, podremos en un futuro cercano conversar con nuestros móviles para que realicen toda clase de acciones de forma discreta, íntima, lo que sin duda supondrá el inicio de la simbiosis hombre-máquina de la que tanto se habla en las cintas de ciencia ficción.

 

Correo: jgonzalez@quddo.com

Twitter: @gilkudik


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