ENRIQUE LAVIADA
ENRIQUE LAVIADA

Hace apenas unos días, el secretario de la Función Pública en Zacatecas, un tal Guillermo Huizar, recibió el llamado de la alta superioridad (es ironía) con la indicación de presentarse de volada en las oficinas del PRI e inscribirse como candidato a diputado local por uno de los distritos de Guadalupe, para sorpresa de más de tres (incluido él mismo).

Almas comunicativas que andaban por ahí dicen que el contador, como pudo y a la carrera, juntó todos los papeles y constancias y documentos y se presentó en las oficinas del tricolor y cumplió feliz con la encomienda, desde luego, haciendo gala de su peculiar estilo de modestia y discreción (ésta es ironía obligada).

Aunque la historia del tal Huizar es de sobra conocida, vale recordarla (más adelante se verá por qué): fue uno de los funcionarios más cercanos al entonces gobernador, Ricardo Monreal, quien más tarde lo hizo diputado federal del PRD, luego dirigente y diputado local del PT, y finalmente consiguió incorporarlo al gabinete de Miguel Alonsocomo contralor, una posición reservada para la oposición por razones de legitimidad.

Ya en el cargo, el susodicho se declaró alonsista (cualquier cosa que eso pueda significar), supuestamente adherido al PRI y, muy enjundioso, logró convertirse en uno de los principales operadores políticos y electorales (¿?), todo desde la Función Pública.

Sin embargo, el tal Huizar no contaba con que en el CEN del PRI hubiese causado escozor su “bonita trayectoria”, por lo que a las pocas horas fue removido de la precandidatura para dar entrada a un tal Víctor Armas, integrante del Partido Verde Ecologista de México (PVEM), a efecto de completar algunos acuerdos de coalición.

Vidas paralelas.

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En serio, esto no es casualidad (según consta en los registros de Cascabel), pues el tal Víctor Armas ha estado siempre cerca del tal Huizar, pero en un sentido incomparablemente contradictorio y casi de risa, si no fuera porque produce pena ajena.

Recordará usted, estimado (e)lector, que en sus inicios el tal Víctor Armas formó parte del Frente Juvenil del PRI (¡aquellos años!) y luego, animado por las ideas de izquierda (ironía extrema), se pasó al PRD, al comenzar el período de la gobernadora Amalia García, y resultó de gran utilidad en la operación electoral.

La distinción para el tal Armas, por su vocación de servicio al gobierno amalista (léase a los caprichos de Claudia Corichi), fue la Dirección de Tránsito del Estado, en la que sobresalió por su prepotencia y modo de actuar “en nombre de la gobernadora”, como le gustaba decir.

Pero el premio mayor vendría más tarde para este otro susodicho, al ser nombrado (inopinadamente) secretario de Planeación y Desarrollo Regional (actualmente Sedesol), desde donde libró una memorable batalla en contra del monrealismo, entonces representado dignamente (suenan fanfarrias)… ¡por Guillermo Huizar!

Al inicio de la actual administración, el tal Víctor Armas intentó un acercamiento con David Monreal e incluso anunció su posible integración a Morena, lo que finalmente no cuajó y, según consta en los registros recientes de la enredosa política local, terminó por acomodarse en el Verde (santa ironía) para llegar hasta donde actualmente se encuentra…¡en el lugar de Huizar!

Vidas paralelas.

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Acertijo:

Nada es para siempe.


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