ENRIQUE LAVIADA
ENRIQUE LAVIADA

No me haga mucho caso, estimado (e)lector, pero me parece que fue evidente el cambio de actitud de la procuradora del estado, Leticia Soto, quien en cosa de horas dejó a un lado aquello de que “vamos a emitir un boletín”, para dar la cara en una rueda de prensa y, sólo entonces y como es debido, tratar de ofrecer explicaciones ante la sociedad respecto a los actos de violencia que afectan a nuestro estado.

La verdad no era aceptable que una funcionaria con las responsabilidades que tiene Soto rehusara declarar de viva voz y remitiera a lo que tal vez diría un comunicado, lo que resultó aún peor, pues el famoso boletín nunca existió y con eso quedó en evidencia su falta de seriedad.

Una y mil veces hemos mencionado que la peor política de comunicación es la que pretende “tapar” la realidad mediante una andanada de boletines mal hechos, fríos e impersonales, y a veces francamente ridículos, con los que sólo se contribuye a empeorar las relaciones del gobierno con la sociedad.

Señora procuradora, no se enoje.

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Lo digo porque a Leticia Soto se le notó (no es ironía) la molestia en el tono usado en el intento de evadir la obligación de responder, aunque sea cualquier cosa, pero responder, con el profesionalismo que su investidura representa y honrando sus compromisos como funcionaria.

Al parecer, es importante recordarle a ciertas autoridades que (todavía) ejercen funciones en la entidad que el trabajo de un reportero tiene como instrumento esencial la pregunta, ésa es su competencia, mientras la respuesta lo es de quien se encuentra al servicio de la ciudadanía, y no creo que exista nada fuera de lo razonable en ello; sin embargo, es indispensable entenderlo para que cada uno cumpla con su deber, eso creo.

La propia Leticia Soto, al convocar a una rueda de prensa, ha entendido (espero) que es ineludible su comparecencia ante los medios de comunicación y a eso se debe su cambio de actitud, ahora más solícita, amable y dispuesta a responder preguntas y ofrecer explicaciones acerca de lo sucedido.

Señora procuradora, no se enoje.

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Si la información oficial satisface o no, si es suficiente o corta, si tiene sustento o es poco alentadora, si convence o es una burla, eso lo decidirán los(e)lectores, quienes siempre tendrán la última palabra, en virtud de los medios democráticos que estén a su alcance.

Esto quiere decir (y creo que Soto lo sabe) que las actitudes que adopta un gobierno en pleno proceso electoral suelen tener consecuencias claras y a veces crueles, sobre todo para quienes suponen que el poder es absoluto y que dura para siempre.

Aquí hemos dicho que el gobierno finca buena parte de su imagen en los resultados que (según los que lo integran) son satisfactorios en materia de seguridad pública, y cualquiera sabe que cada hecho que contradiga esa lógica (convertida en machacona publicidad) levanta ámpula y provoca malestar y obliga a la parte gubernamental a dar explicaciones, ni modo.

No se enoje, señora procuradora.

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Acertijo:

Lo que se pierde en la imprudencia nunca se recupera en la apariencia.


Nuestros lectores comentan

  1. ay esa señora soto…su bandera de toda la vida es la soberbia…suerte te de dios…y ser lambiscon del mentado alonso…