Enrique Laviada
Enrique Laviada

Si la cosa sigue como va, estimado (e)lector, tendremos en Zacatecas una competencia dividida en tercios, representados por los bloques políticos (léase el PRI y sus aliados de siempre), la curiosa coalición del PRD con el PAN, y Morena, que es Monreal.

De acuerdo con las mediciones que están a disposición del público y las más diversas opiniones, en lo que sería el banderazo de salida de las campañas se puede concluir que en ninguno de los tercios existen razones suficientes como para confiar en un triunfo fácil o menospreciarse entre sí en su calidad de adversarios.

Por mi parte, diría que una contienda como ésta, peculiarmente apretada, debe contribuir a la confianza democrática y al fortalecimiento de la vida institucional, a menos de que sea vilmente desperdiciada por sus principales actores.

Tercios.

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Los contendientes por sí mismos representan historias personales y formas de ver la política y perspectivas distintas y claramente definidas.

Alejandro Tello es PRI. Viene de una familia de la clase media de la capital del estado; carece de una trayectoria construida por sus propios méritos en la vida política de la entidad y hasta hace muy poco estaba ligado a los asuntos técnicos y financieros; comparte valores bastante conservadores y atribuye a la familia un papel determinante en la sociedad.

Desde su postulación para convertirse en senador de la República, la buena estrella le viene de una conocida amistad personal (no es ironía) con el todavía gobernador Miguel Alonso, al parecer aún estable y que le habría valido para obtener también la constancia de candidato a sucederlo en el puesto.

El tal Tello arranca su campaña con la pretensión de tomar distancia de la corrupción y el nepotismo y el endeudamiento extremos, y se propone, según dice, impulsar el empleo y regresar la seguridad perdida.

David Monreal es Morena. Sus orígenes son compartidos por la numerosa familia a la que pertenece; fresnillense por los cuatro costados, de origen campesino y un catolicismo de raíces populares; su lugar dentro de la dinastía ha sido producto de su especial carisma y una incansable actividad electoral.

Luego de abrirse paso entre los suyos, el tal David logró llegar a la presidencia municipal de Fresnillo, donde fortaleció su popularidad; aunque en este cargo no fue especialmente atinado en materia administrativa, le sirvió de plataforma para emprender un largo y hasta atrabancado camino hacia la gubernatura del estado.

Ahora, el tal David arranca su campaña con la intención evidente de identificar su marca con la incipiente presencia electoral de Morena en la entidad, y ofrece recuperar el bienestar social, regresar la paz a las comunidades y atender las necesidades de la población con mayores carencias.

Pedro de León es PRD. Ha sido funcionario y dirigente político, una parte en el PRD, luego se pasó al PRI y ahora está de regreso en el PRD; muestra especial entusiasmo para relevar en el cargo a su cuñado, el todavía gobernador Alonso, en un movimiento sorpresivo (es ironía) que podría traer serias consecuencias dentro del grupo gobernante.

El tal Pedro llega a la contienda con el apoyo evidente de sectores importantes de la burocracia y del alonsismo (cualquier cosa que eso pueda significar), además del respaldo de fracciones de la izquierda que han trazado una ruta pragmática, pero segura, lejos de la participación meramente testimonial.

Si las cosas siguen por donde van, estos tres nombres aparecerán en las boletas electorales y sus electores se distribuirán en tercios, de modo que sus estrategias y sus propuestas y su actitud y su autenticidad serán determinantes para el resultado final, creo, democráticamente apretado.

Tercios.

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Acertijo:

A buena hora o enhorabuena.


Nuestros lectores comentan

  1. Señor Laviada, la elección anterior cuando David,Mejía Haro y Miguel Alonso fueron candidatos, usted también aseguraba lo mismo, que era de tercios, o bien tiene una percepción política muy equivocada o quiere subir a un nivel que no corresponde a su amigo David