No se vaya usted a sacar de onda, estimado (e)lector, pero citaré una pregunta que Alberto Chiu, vecino de páginas, hizo medio en broma, medio en serio, esta mañana en el café al que acostumbramos ir: ¿se podrá votar por Bernie desde aquí?, dijo, ahora que tanto se habla de elecciones y alternativas.

Se refería a Bernie Sanders, el viejo radical que actualmente lucha por obtener la nominación del Partido Demócrata y que se ha convertido en inesperado rival de Hillary Clinton, hasta hace poco la favorita en las encuestas, lo que podría resultar un fenómeno de la política estadounidense.

Sanders nació y creció en Brooklyn, Nueva York; en su juventud participó en los movimientos estudiantiles y juveniles de alrededor del 68; fue integrante de la Liga Socialista de la Juventud, una organización filial del desaparecido Partido Socialista de América, y desde entonces ha sido parte de los movimientos progresistas del vecino país del norte.

Conoció por espacio de dos décadas las importantes lecciones dejadas por la derrota electoral como candidato independiente, hasta que ya integrado al Partido Demócrata, en 1981, obtuvo el triunfo de la alcaldía de Burlington, la principal ciudad del estado de Vermont, a donde se había mudado definitivamente.

Bernie, como familiarmente se hace llamar, ganó los comicios para reelegirse en tres ocasiones consecutivas para ese cargo, en el que dejó una magnífica imagen como gobernante y administrador y conductor de procesos de cambios muy benéficos para la ciudad.

Más tarde fue electo congresista y en la acutalidad es uno de los senadores progresistas más influyentes, inteligentes y emblemáticos de los que se tenga memoria.

Votar por Bernie.

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En estos momentos, Bernie Sanders se perfila como un serio contendiente demócrata para enfrentar a los conservadores Ted Cruz y el siempre abominable Donald Trump, en una contienda presidencial que se espera altamente competida.

Sanders ha sorprendido por su enorme carisma y su aceptación entre los jóvenes y la golpeada clase media estadounidense; se trata del esfuerzo de un viejo socialista por cambiar el rumbo de la economía del país más poderoso del mundo, con un lenguaje político sumamente claro y auténtico.

A sus 75 años de edad preguntó a su auditorio si estaba preparado “para escuchar y apoyar algunas ideas radicales”, entre las que menciona, a renglón seguido, crear nuevos y mejores empleos, aumentar salarios, proteger el medio ambiente, brindar educación gratuita a los jóvenes, otorgar servicios de salud universales y proteger los derechos de las minorías y de los inmigrantes, entre otros.

En sus apariciones públicas suele comportarse como un maestro de universidad, sonriente, sencillo y con una extraordinaria facilidad para mostrar un rostro humano, mientras convoca a realizar lo que llama una “revolución política” que enfrente al enorme poder de la clase multimillonaria, en defensa de los trabajadores y la clase media de Estados Unidos.

Sanders ha reconocido que empezó la carrera presidencial sin dinero, sin estructuras políticas, a contrapelo de los poderes económicos y las fuerzas tradicionales e, incluso, de los medios de comunicación, regularmente inclinados a la preservación del sistema y contrarios a las ideas renovadoras. Sin embargo, en estos momentos cuenta con una considerable participación de voluntarios y de aportaciones individuales, hasta conformar la más poderosa organización política de los tiempos recientes en aquella nación.

“Basta es basta”, corean sus seguidores para expresar su determinación de un alto a la corrupción y a los excesos especulativos de los grandes capitales, en un anuncio que bien podría significar un enorme cambio no sólo en su país, sino en el resto del planeta.

Por eso, mi vecino de páginas y yo concluimos que definitivamente era una lástima no poder votar por Bernie.

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Acertijo:

Tal vez se entienda.


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